Refugio climático instalado en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB)
En el trópico
"El vuelco meteorológico nos ha pillado sin hacer los deberes. Es difícil que un clima tropical como el que se nos está quedando no exija una oferta turística acorde, del estilo todo incluido"
Ahora que las temperaturas se han moderado y que ronda la tentación del olvido, conviene recordar que las repercusiones de la crisis climática en nuestro verano abarcan prácticamente todos los sectores de la economía y de la vida social. También afecta, y de qué manera, a la industria del turismo.
La imposibilidad de disfrutar del entorno de los mejores destinos acabará por alterar la afluencia de visitas, aunque las cifras de la temporada aún no lo reflejen. Los hoteles, los apartamentos y las casas rurales se verán obligados a invertir en atractivos para el huésped que no pueda salir al exterior por el calor.
Bañistas en la playa de la Barceloneta en plena ola de calor
Es el caso, no infrecuente, de hoteles rodeados por entornos de una naturaleza espectacular, donde las nuevas temperaturas reducen –o anulan-- los horarios de paseos y excursiones, que carecen incluso de piscina. Cuando se proyectaron, las temperaturas no las hacían imprescindibles.
El panorama es más preocupante en las zonas donde se han producido los violentos incendios forestales a los que la nueva climatología nos empieza a acostumbrar. Casi 300.000 hectáreas perdidas según Copernicus en lo que va de año, allí precisamente donde se podría desarrollar una oferta turística que descongestionara los destinos de costa y que ayudara a la repoblación interior.
Lo mismo se puede decir de los hoteles de Barcelona: ¿cómo mantendrán su tirón si los clientes tienen que dosificar las visitas a monumentos de la ciudad para huir del sofoco?
Los datos del primer semestre apuntan que nos visitaron 35 millones de extranjeros, un 4,6% más; y que gastaron el 7% por encima del año anterior. Pero con un gasto medio apenas el 1,1% mayor.
Turistas en Barcelona
Julio nos ha dado alguna pista sobre esa contradicción. El precio medio de habitación aumentó un 6,8%; pero las pernoctaciones, apenas el 0,3%. O sea, más caro y más rotación. Los industriales han ganado, pero no las ciudades.
El vuelco nos ha pillado sin hacer los deberes. Es difícil que un clima tropical como el que se nos está quedando no exija una oferta turística acorde, del estilo todo incluido.
Hay que ordenar la industria y poner coto a su crecimiento porque, además, es el mejor camino para mantener el valor de los activos del sector. La masificación los degrada.
Siempre tendremos al alcance de la mano herramientas como el Gemswell Surf Madrid, el destino urbano de surf más grande de Europa. Una playa artificial con olas de distinta altura para atar a los aficionados a este deporte. Se trata de la segunda comunidad española en surfistas federados después de Galicia.
Imagen de Ski Dubai en el interior de The Mall of Emirates
Otras ciudades europeas desarrollan infraestructuras semejantes para sujetar su turismo y atraer al foráneo. Pero es posible que sean intentos fallidos si la crisis climática se mantiene.
De tomar ese camino, puede que solo haya una fórmula: la del Mall of the Emirates, un complejo de enormes dimensiones que alberga en su interior una estación nórdica donde practicar esquí y snowboard mientras en el exterior se vive a 50 grados.