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Javier Faus y Jordi Valls, en el BCN Desperta!

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Opinión

Barcelona, ambición y riesgos: las lecciones del BCN Desperta!

"Barcelona no puede permitirse el lujo de cerrar la persiana al mundo por miedo a la masificación turística, pero tampoco puede caer en la autocomplacencia de vivir de los visitantes de baratillo"

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Sin mirarse al ombligo, y con la voluntad de asumir los retos, porque las oportunidades son enormes. Con ese espíritu se han pronunciado los distintos ponentes en las mesas de debate organizadas por Metrópoli Abierta y Crónica Global, junto a El Español, en el foro BCN Desperta!

Es la cuarta edición y ha resultado un éxito, en gran medida por la inyección de ilusión y de ambición que se ha proyectado a lo largo de las tres jornadas desarrolladas en Casa Seat.

Ha habido espacio para hablar de los retos geoestratégicos, a partir de las reflexiones de distintos responsables de las Fuerzas Armadas españolas. Y también se han pronunciado los ejecutivos de grandes empresas y distintos profesionales vinculados a muchos sectores, desde la seguridad hasta la movilidad.

Pero ha sido respecto al futuro de Barcelona donde mejor se ha podido conocer lo que está en juego, porque todo está relacionado: la presencia del talento local e internacional, la necesaria oferta de vivienda -que llega con cuentagotas— la influencia del turismo en todo ello, la fortaleza de las empresas tecnológicas o la influencia de la nueva industria.

Una de las preguntas que ha surgido y que todavía no tiene respuesta es ¿para quién es Barcelona? ¿Estamos construyendo una metrópoli capaz de retener el talento que cultiva o seguimos condenando a los más jóvenes a la frustración de un mercado laboral cortoplacista?

El diagnóstico que se ha dibujado estos días en Casa Seat tiene mucho de ejercicio de madurez. Por un lado, el teniente de alcalde de Economía, Jordi Valls, acertaba de pleno al poner el foco en lo que denomina "el derecho a quedarse".

Y lo aterrizaba sin paños calientes ni eufemismos buenistas: el derecho a la vivienda no se defiende a golpe de pancarta o de prohibiciones mágicas, sino construyendo una estructura salarial que permita a un ciudadano de a pie comprarse un piso en su propia ciudad.

Sí, es de una lógica aplastante, aunque a menudo parezca el menos común de los sentidos, pero, ¿cómo se concreta?

Fue en esa mesa, en la que participó Jordi Valls, junto con Javier Faus y Ramón Gras, donde mejor se pudo comprobar cómo se relacionan todos los factores. Para Gras, Barcelona tiene músculo, masa gris, diversificación y una capacidad de resistencia a las crisis más que probada.

Contamos con polos biomédicos, tecnológicos y audiovisuales envidiables. Pero sufrimos un hándicap histórico. Falta más valor añadido, más capacidad. Los salarios no despegan al ritmo de los de Boston u otras grandes capitales del conocimiento, y las tecnológicas locales, justo cuando alcanzan su masa crítica, terminan devoradas y compradas por fondos extranjeros.

¿Por qué ocurre esto? Porque falta escala, porque fraccionamos el territorio y porque a menudo nos invade una pavorosa aversión al riesgo.

Y en esas apareció Javier Faus, el presidente de Meridia Capital, que suele hablar con soltura, al margen de si gusta o no. Faus lanzaba una advertencia muy oportuna. Toca decidir si queremos ser una ciudad protagonista o una simple espectadora.

Barcelona no puede permitirse el lujo de cerrar la persiana al mundo por miedo a la masificación turística, pero tampoco puede caer en la autocomplacencia de vivir de los visitantes de baratillo.

Valls apuntaba con acierto que el debate ya no es cuántos turistas vienen, sino qué aportan. El verdadero valor añadido exige apostar por la industria, por el capital humano y por consolidar cadenas de valor largas que impidan que nuestras mejores empresas sean vendidas al mejor postor por falta de un ecosistema financiero e industrial audaz.

Y, en realidad, Faus y Valls no estaban tan lejos en sus posiciones. Faus sabe que Barcelona no es una ciudad espectadora. Pero sí acierta cuando enfatiza que hace falta una mayor ambición, y que existe un cierto miedo a casi todo.

La realidad es que Barcelona no puede asumir que el turismo alcance un porcentaje excesivamente alto, por encima del 15%. Sería depender de ello en exceso. Y puede, sin embargo, centrarse en lo que ya tiene, para que el talento local se aproveche y no se necesite tanto talento extranjero, que lo primero que demanda es una vivienda, con lo que se encarece ese bien hoy tan escaso.

Faus llegó a hablar de “racismo” hacia los que vienen de fuera, a los expats, porque, a su juicio, existe un temor de los locales, que no quieren perder su espacio. Pero esa situación se está produciendo en todas las grandes ciudades globales. Debe ser compatible –y en eso está el alcalde Jaume Collboni, como lo está el alcalde Mamdani en Nueva York—trabajar por los que ya están aquí, mientras se busca una mayor proyección y un mayor peso de la ciudad.

Barcelona y toda la Gran Barcelona, la que comprende la región metropolitana, tiene un futuro inmejorable si se sabe trazar un hilo de colaboración entre instituciones, empresas privadas y entidades sociales.

Otra de las mesas importantes, en el BCN Desperta!, fue la relacionada con los alcaldes metropolitanos, los de L’Hospitalet, Esplugues y Sant Feliu de Llobregat. De forma natural, a lo largo del diálogo, surgió una cuestión: Barcelona ha logrado unir los intereses metropolitanos. Los proyectos fluyen hoy con mayor naturalidad gracias a la implicación del alcalde Collboni, como el traslado del Hospital Clínic, en la Diagonal.

La colaboración metropolitana es hoy un hecho. Debería intensificarse con una nueva gobernanza. Pero el paso que se ha realizado en los últimos años ha sido enorme.

Son algunas de las lecciones del BCN Desperta. Barcelona como protagonista en el mundo, sin temores, con la convicción de que hay instrumentos suficientes para garantizar un futuro con éxito.