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Opinión

Abúlico inicio de curso municipal de fin de mandato

"La abúlica presencia de dirigentes con iniciativas de impacto ciudadano o la irrelevancia de demasiados actores políticos es notoria"

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Tiempo ha, las fiestas de los barrios de Gràcia y de Sants eran, además de su referencia vecinal y lúdica, el hervidero político de Barcelona y Catalunya. No había responsable de partido o institucional que se preciara de tal, que no se personara en sus calles adornadas para vestir sus mejores galas en formato de propuestas políticas o de ciudad y de análisis del momento.

Estas fiestas de barrio eran, tradicionalmente, el inicio del curso municipal. Aquellas coincidentes con las del final del mandato consistorial, que representaban entonces el pistoletazo de salida o la cuenta atrás de una larga precampaña electoral municipal.

Ahora las cosas han cambiado. La abúlica presencia de dirigentes con iniciativas de impacto ciudadano o la irrelevancia de demasiados actores políticos es notoria. En ello influye la cada vez más evidente desconexión de la gente de la dinámica partidista. Unos por desconfianza y otros por decepción, y la mayoría aunada por una falta de ilusión barcelonesa ante los próximos comicios locales.

Los partidos ya tienen designados a sus candidatos y tienen la obligación de motivar a la ciudadanía para el ejercicio responsable de su voto. Entre ellos, algunos desde la oposición sostienen que su campaña es la de un trabajo perseverante durante sus cuatros años de concejal, aunque la eficacia del mismo sea inapreciable. Desde el gobierno municipal, tres cuartos de lo mismo, y su gestión real se desmiente por la realidad cotidiana que padecen los vecinos por mucho que se pretenda encumbrar o maquillar con millones de euros en publicidad institucional de autobombo.

Ya se puede anticipar que, tras las próximas elecciones municipales, la fragmentación política será aún mayor en el pleno municipal. No es descartable pasar de los actuales seis grupos políticos a ocho los representados en el consistorio de incorporarse Aliança Catalana y la CUP. Se puede vaticinar que el partido más votado será el actual de gobierno, siguiendo con la minoría de concejales más absoluta de la historia, y que los pactos serán tan obligados como casi imposibles entre los partidos centrales mientras los acuerdos de ciudad a alcanzar se antojarán nimios.

Hay una variante que puede cambiar algunas cosas. El momento de celebración de las elecciones generales. Tres son las posibilidades. En el mes de julio, un mes después de las municipales, como ya sucedió en el 2023. Otra es hacer coincidir ambos comicios. Y la tercera, anticipar unos meses las generales y celebrarlas antes de las locales.

De celebrarse las generales antes de las municipales se pondría en un brete a Aliança Catalana que, por ahora, ha sostenido que no se presenta a la convocatoria a las Cortes Generales. Esta circunstancia diluiría su mensaje y protagonismo en los próximos meses, fiaría su proyección plena a las semanas posteriores e inminentes a las municipales, y podría cercenar los vaticinios a su favor actuales, salvo rectifique y se presente también a los comicios generales.

Para el PP, un anticipo electoral de las elecciones generales le liberaría en parte de la presión de tener que explicar cada vez que critica con dureza a Jaume Collboni por qué lo invistió como alcalde sin acuerdo expreso y de contenidos ideológicos o de ciudad. Y el primer edil y referente local del sanchismo, con el adelanto de las generales, podría encarar las municipales con un discurso exclusivamente barcelonés sin tener que verse ya arropado en los actos públicos al haber sido derrotado Pedro Sánchez semanas antes en las urnas. A Jaume Collboni y al PP les interesa un anticipo electoral español, pero, sobre todo, lo necesita España.

Tiempo hay para revertir todo y ojalá sea así. Barcelona no puede padecer un más de lo mismo o lo mismo agravado con un neotripartito municipal de izquierdas y de ultra zurdos que, en su suma triple, si configurarían una mayoría absoluta de gobierno o de gobernabilidad. Persistirá la incógnita si Junts será de Barcelona o separados por Carles Puigdemont y mi convicción de que los comunes de Gerardo Pisarello serán mucho menos sin Ada Colau, o quizá algo menos con el ministro Ernest Urtasun.

Las notas a final de curso. En el municipal se entregan en las elecciones. En su recta final es deseable se rectifiquen demasiadas curvas y recovecos, léase devaneos políticos y vaivenes personalistas, y los candidatos y sus partidos sean capaces de ofrecer alternativas, rigor, credibilidad y propuestas que revuelvan a la ciudadanía, la saquen de su distanciamiento y la motiven para cambiar las cosas y promover la mejor Barcelona entre sus vecinos y en sus barrios.