Hay personas a las que no les basta con desempeñar un solo oficio en esta vida, y suelen caerme bien porque a mí me pasa un poco lo mismo: cuando me metí a escribir guiones de cómic, me convertí en un periodista que escribía tebeos; cuando publiqué mi primera novela, devine el periodista de los tebeos al que le había dado por la literatura; cuando dirigí una película, fui el periodista y escritor que probaba suerte en el cine. Y así es como, me temo, he ido ganándome una cierta fama de picaflor al que a mucha gente le cuesta tomarse en serio en cualquiera de sus identidades, digamos, creativas. No sé en otros países, pero en España, si has empezado escribiendo sobre música pop, como fue mi caso, tienes que pasarte toda la vida haciendo eso y sin meterte donde, en teoría, no te llaman: elige un tema, conságrale toda tu existencia y puede que algún día hablemos bien de ti, sobre todo cuando te mueras, pues ya dijo Rubalcaba que en España se entierra muy bien.

Tusquets en un momento creativo / BETEVE

Mi amigo Óscar Tusquets Blanca (Barcelona, 1941) forma parte de ese contingente de personas que no pueden consagrarse a una única actividad, aunque me atrevería a decir que, en su caso, la arquitectura ha sido para él como el periodismo para mí: la parte central y más reconocida de su creatividad (suponiendo que alguien me tenga algún respeto como columnista, cosa de la que no estoy del todo seguro). Que conste que no pretendo compararme con Óscar. De hecho, lo utilizo para reivindicar a los creadores que pueden dedicarse a diferentes disciplinas y moverse cómodamente por todas ellas. Además de arquitecto y diseñador, que han constituido sus principales fuentes de ingresos, Oscar ha ejercido de escritor (o de observador agudo, y a menudo provocador, de fenómenos artísticos y sociales: no olvidemos su bienhumorada defensa acérrima del modelo Benidorm de arquitectura vertical, que tantas risitas displicentes ha despertado, más algunas acusaciones de querer dar siempre la nota, cosa que a veces es cierta, pero que a mí me parece muy bien) y de pintor, como comprobará cualquiera que se acerque antes del día 15 de enero por los Espais Volart de la Fundació Vila Casas (Ausias Marc, 20 – 22), que es cuando se clausura la retrospectiva dedicada a la obra pictórica de nuestro hombre inaugurada el pasado 21 de octubre. Entre otros motivos, la exposición de Óscar ofrece un refugio de ese ambiente navideño que a algunos nos resulta especialmente molesto, pues hay que pasarse el día deseando felices fiestas a todo el mundo, aunque ya nadie sepa muy bien qué es lo que se celebra y por qué (aparte de una nueva oportunidad de atiborrarse o de meter la pata en alguna de las siempre temibles cenas de empresa que se celebran por estas fechas sin que tampoco se entienda muy bien por qué).

FASCINACIÓN POR BENIDORM

Subtitulada Cossos, ciutats, interiors, la antológica del señor Tusquets ofrece exactamente lo que anuncia. Estamos ante un pintor realista que, en mi opinión, se luce especialmente en los retratos, y más concretamente, en los retratos de mujeres, bañados siempre en un suave (a veces casi imperceptible) erotismo: resulta evidente que al artista le gustan las mujeres en general y las mujeres que pinta, en particular. El material reunido en los Espais Volart abarca de 1972 a 2022, es decir, cincuenta años en la vida del Tusquets pintor. Sin desmerecer los demás asuntos abordados por sus pinceles, uno se queda con los retratos, que es donde mejor reconoce al sujeto facundo y de estimulante conversación con el que queda de vez en cuando a cenar. Sin incurrir en un optimismo vitalista de mal gusto, los retratos de Óscar se fijan principalmente en lo más aprovechable de la vida, aunque a veces se cuelen algunos que no son precisamente la alegría de la huerta (pienso en la serie de dibujos de 1977 Relato de una operación). En cuanto a los paisajes, ya sean exteriores o interiores, se prestan a una reflexión compartida con el artista acerca de determinados lugares (por no hablar de constatar de nuevo su fascinación por Benidorm, tema muy adecuado para chincharle con cariño, como he comprobado varias veces cuando la conversación decaía y aquello había que animarlo).

A la gente le cuesta tomar en serio a quien se dedica a varias cosas a la vez, y uno ya tiene asumido que nunca recibirá la aprobación de nuestros más cejijuntos mandarines culturales, pero cabe la posibilidad de que me lo merezca por hacerlo todo mal. En el caso de Óscar, los cejijuntos en cuestión lo tienen mucho más difícil: sus edificios, sus muebles, sus cuadros y sus libros hablan por sí solos y muestran a un sujeto polifacético que ha conseguido quedar como un señor en todo lo que se ha propuesto. Con respecto a su faceta de pintor, lo pueden comprobar ustedes yendo a ver su exposición antes de que la chapen a mediados del mes que viene: estoy convencido de que se sentirán muy a gusto y que, por el mismo precio, no tendrán que felicitarle las fiestas a nadie.

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