David Escamilla, coautor, junto con Denis Blanchard-Dignac, de '2053: una odisea en Barcelona'

David Escamilla, coautor, junto con Denis Blanchard-Dignac, de '2053: una odisea en Barcelona' MA

¿Quién hace Barcelona?

Escamilla: "Hay que garantizar que no haya exclusión en la Barcelona que combatirá el cambio climático"

El autor de '2053, una odisea en Barcelona', junto con Denis Blanchard-Dignac, señala que los ingenieros se impondrán a los arquitectos para diseñar una ciudad que será referente en el mundo, pero que deberá afrontar retos descomunales

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Inquietante. “En su momento la cúpula fue considerada una medida extrema. La implantamos en Barcelona cuando se dieron las nuevas condiciones atmosféricas que ya habíamos sufrido en Florida: marejada, seguida de una sucesión de tornados y huracanes. Las largas olas de calor acabaron por convencer a los últimos reticentes a la protección electromagnética. Como me había hecho cargo del mismo proyecto en Miami, me llamaron a Barcelona a principios de 2046. Tú tenías seis años”.

Quien se explica es el responsable del diseño de una cúpula protectora sobre Barcelona. Le habla a su hijo en un avión que aterriza en la capital catalana procedente de Nueva York.

La conversación aparece en el inicio de 2053: una odisea en Barcelona, (Seurat Ediciones) una novela con muchos personajes que funciona como un thriller sobre lo que espera a las grandes ciudades en las próximas décadas. Lo ha escrito David Escamilla, sociólogo, escritor y periodista, junto con Denis Blanchard-Dignac, biógrafo y ensayista, que reside en la capital catalana, en el barrio de Sant Antoni.

Escamilla, en esta entrevista con Metrópoli, ahuyenta a los más agoreros. No está condenada Barcelona a sufrir enormes catástrofes, pero debe prepararse. La mezcla entre conciencia, acción, inquietud y angustia está presente en el libro y en las cabezas de Escamilla y Blanchard, pero prima “la esperanza, las ganas de salir adelante”, incide el sociólogo y periodista.

David Escamilla, en la entrevista con 'Metrópoli'

David Escamilla, en la entrevista con 'Metrópoli' MA

El cambio climático es un hecho. “Nadie hoy puede cerrar los ojos ante esa evidencia, y Barcelona no lo ha hecho. He visto que las autoridades locales han considerado que puede ser un problema grave y han comenzado a anticiparse”, señala Escamilla, que destaca el plan del Ayuntamiento de Barcelona, denominado Plan Clima, y que está dotado con 1.800 millones de euros hasta 2030, con acciones de mitigación para reducir emisiones y de adaptación para proteger la salud de los ciudadanos ante fenómenos extremos de calor, la sequía o las tormentas.

Pero la obra de Escamilla y Blanchard va más lejos. “Puede sorprender la construcción de una cúpula electromagnética sobre Barcelona y su estricta área metropolitana, pero será necesario utilizar toda la técnica disponible y ponernos en manos de los ingenieros para combatir condiciones extremas, y una gran contaminación, pese a los esfuerzos que se puedan hacer”, insiste Escamilla.

La cúpula se inaugura en diciembre de 2049, justo seis meses antes de que Barcelona se convierta en la capital del suroeste de Europa. Se trata de un estatus equivalente al que tendrá Los Ángeles en el continente americano. Porque lo que deja claro David Escamilla es que la capital catalana “será un referente mundial, es una ciudad que lo tiene todo, que sufrirá ese calentamiento global, como ciudad mediterránea, pero que puede combatirlo con determinación”.

El cambio climático, por tanto, está en el centro de la obra, que plantea, sin embargo, otros grandes debates sobre el papel del arte, de los artistas, para prever un nuevo mundo, para sugerir lo que puede llegar y anticiparse o acomodarse a esos nuevos requisitos que la ciudadanía tendrá por delante.

Todo parte de un viaje por parte de una prestigiosa periodista de televisión, Elisabeth Lewitt, que quiere dejar su trabajo y jubilarse, aunque sus jefes le dicen que en ese momento histórico “ya nadie se jubila”. Lewitt viaja de Nueva York a Barcelona, donde tiene una misión, la de entrevistarse con el artista Juan Tyac.

Portada del libro de Escamilla y Blanchard

Portada del libro de Escamilla y Blanchard MA

“La reflexión sobre el futuro parece algo fuera de lugar, pero en las próximas décadas habrá grandes cambios, y las actuales generaciones las verán, porque 2053 está cerca. Se trata de analizar lo que ya se está produciendo, y nosotros lo hacemos, con los datos disponibles y con una visión, eso sí, optimista, porque todo depende de lo hagamos, está en nuestras manos”, insiste Escamilla.

La obra es coral, con muchos personajes, humanoides incluso. Si Lewit tira del hilo, abrazando todas las cuestiones candentes, otros representan esos mismos retos que se deben superar. Tyac, un artista orquestado a través de la influencia de los surrealistas –que encantan tanto a Escamilla como a Blanchard—anticipa crisis planetarias en sus cuadros. La otra gran protagonista es Maya Lee-Smith, presidenta de una Agrupación Ciudadana de la Tierra, que busca posibles respuestas frente al caos.

Hay técnica, pero también “la potencia de las humanidades”. Escamilla incide en esa cuestión. “La creatividad, y más en una ciudad como Barcelona, tendrá un papel central. El arte, las humanidades, con todas sus complejidades, no quedarán por detrás de esa tecnología que parece que todo lo puede”.

La conversación deriva, precisamente, sobre ese duelo que se ha establecido entre ingenieros y arquitectos. Barcelona será la capital mundial de la Arquitectura en este 2026. Hay una gran expectación, pero no se repetirán las escenas vividas en 1996, cuando también ejerció ese papel la capital catalana.

Entonces, los arquitectos estrella, con camisetas del Barça, reunieron a cientos de personas en las plazas públicas. “Hoy eso será complicado de ver”, dice Escamilla, porque “se ha impuesto lo práctico, lo que puede aportar un ingeniero, y no tanto la estética o la explicación de una localización determinada por parte de un arquitecto”.

Optimismo y vitalidad

Son tiempos distintos. El libro aborda la complejidad de las relaciones internacionales, la geopolítica, y el avance de esa tecnología, de la Inteligencia Artificial. Hay miedo al uso de esas potencialidades, pero Escamilla insiste en que debe primar “la esperanza”, con algunas cuestiones centrales.

“Hay que garantizar que no haya exclusión en la Barcelona que combatirá el cambio climático, por ejemplo. No marginar a los desfavorecidos. Hay que poner un mayor esfuerzo en que toda esa técnica no aumente la desigualdad. Y eso es central en el libro, donde se plantea quién puede ser el portavoz de la humanidad, porque eso es vital. Debe haber representantes de esa humanidad, frente a un mundo tecnológico, basado en la IA, que puede rebasar lo humano”.

Ello lleva a algunas escenas memorables, con el presidente de Francia, que habría superado el peor momento histórico de su país, y que se inclina por la literatura, por espacios humanísticos que reclaman una y otra vez su papel en el nuevo mundo.

“Debe haber sociedad civil, debe ejercer una voz más importante, no puede quedar subsumida. Y en Barcelona existe esa sociedad civil, con mucha vitalidad”, concluye Escamilla, siempre optimista, siempre vital.