Òscar Camps, fundador de Open Arms
El socorrista más mediático del Mediterráneo también ha sabido nadar en las aguas de la contratación pública. Mientras el discurso humanitario de Òscar Camps ha construido una imagen de salvador de migrantes al frente de su oenegé Open Arms, su actividad empresarial dibuja un perfil más terrenal: el de un operador que ha convertido la seguridad de las playas metropolitanas en un negocio muy rentable.
Bajo la empresa Pro-Activa, el activista controla la costa desde Sitges a Montgat, gestionando más de 30 playas y contratos de servicio de socorrismo que pueden sumar cerca de diez millones por ciclo de adjudicación.
No es casualidad: el conocimiento técnico acumulado durante décadas le ha permitido construir una estructura empresarial difícil de disputar, con un dominio casi hegemónico del mercado del salvamento costero.
Pero el relato se “rompe” cuando se mira hacia dentro de la empresa. Diversas denuncias sindicales y sentencias judiciales han puesto el foco en las condiciones laborales de algunos de sus trabajadores: jornadas maratonianas, salarios ajustados y conflictos por la organización sindical. El contraste entre el prestigio internacional del fundador de Open Arms y las tensiones laborales en su propia empresa alimenta una crítica recurrente: que la narrativa humanitaria convive con una lógica empresarial mucho menos heroica.