Joan Anton Maragall, en la sala Parés

Joan Anton Maragall, en la sala Parés SP

¿Quién hace Barcelona?

Joan Anton Maragall: "Existe un exceso de 'purismo' mal entendido en la colaboración entre los museos públicos y las galerías de arte"

Al frente de la Sala Parés, que ahora tendrá como máximo accionista a Jaume Sabater, Joan Anton Maragall entiende que el poder de las clases medias ha descendido: "Quizá las clases medias y altas ya no tienen la posición que tenían antes, y el comprador general de una galería de arte barcelonesa era precisamente ese perfil"

Jaume Sabater entra en el accionariado de la Sala Parés y asegura el futuro de la galería de arte barcelonesa más antigua de Europa

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Tras un siglo bajo la gestión ininterrumpida de la familia Maragall, la Sala Parés —la galería de arte en activo más antigua de España y de la Unión Europea continental— inicia una nueva etapa. A sus 76 años y ante la falta de un relevo generacional interno, Joan Anton Maragall ha liderado una alianza estratégica con el inversor Jaume Sabater. A través de este acuerdo, Maragall vende la mayoría de la participación de la histórica sala barcelonesa, pero mantiene una participación del 20% y la dirección de la entidad. La operación no solo asegura la continuidad de la institución que cobijó a los grandes maestros del modernismo, sino que busca dotarla de los recursos y la red de contactos internacionales necesarios para proyectar globalmente tanto a sus artistas contemporáneos como a su valioso fondo histórico del siglo XIX y XX. Maragall reivindica la colaboración público-privada en el ámbito cultural, con un mayor acercamiento entre museos y galerías de arte: "Existe un exceso de purismo mal entendido en la colaboración entre los museos públicos y las galerías de arte", señala en esta entrevista con Metrópoli.

Ha culminado una negociación que es importante para su familia, pero también para la ciudad. ¿Cómo ha ido este proceso?

Sí, así es. Es un proceso de dos años y medio. De hecho, empiezo por decir que tengo 76 años y que, lógicamente, formaba parte de mis inquietudes y de mi trabajo el encontrar una continuidad para la galería más allá de mí mismo, porque no había una sucesión interna en el ámbito familiar, después de que la familia Maragall la haya llevado durante 100 años.

Sabiendo que el grupo de Jaume Sabater (Stoneweg) se estaba implicando en temas culturales como el Palau Martorell —entonces aún no había salido a la luz pública el proyecto del Museo Thyssen, pero sí estaba implicado en el Palau Martorell—, contacté con él y con su equipo a través de conocidos comunes e iniciamos una conversación que ha sido muy fructífera. Fuimos diseñando una vía, poco a poco, sobre cómo queríamos trabajar juntos y cómo queríamos dibujar este futuro de la galería. Llegamos muy fácilmente a un acuerdo y este ha sido el camino que hemos seguido.

Existe la confianza de que el equipo de Stoneweg, que está apostando fuerte por Barcelona y puede cambiar la fisonomía de la cultura de la ciudad a través del Palau Martorell y del proyecto del Thyssen, impulse este cambio. ¿Ahora llega el turno de la Sala Parés?

Bueno, hay una diferencia. En el caso del proyecto Thyssen, la implicación es de Stoneweg como tal. En el caso de la Sala Parés, el acuerdo es directamente con Jaume Sabater, aunque lógicamente contará con la colaboración y el apoyo de todo el equipo de Stoneweg.

El gran argumento de esta operación es la internacionalización, pero ¿en qué se va a traducir esta ayuda?

La idea de la internacionalización comporta, en primer lugar, tener una presencia física en diferentes entornos internacionales, empezando por las ferias de arte. Este es un trabajo continuado que requiere dedicación y también requiere recursos. Por otra parte, el hecho de que vayamos impulsando, cada vez más, exposiciones en galerías de fuera de aquí también es una labor que requiere tiempo, dedicación y recursos.

Por otro lado, es indiscutible que Jaume Sabater tiene multitud de contactos internacionales debido a su trabajo y a su posición. Todo esto junto hace que realmente nos podamos plantear ahora muy seriamente internacionalizar a una serie de artistas con los que estamos trabajando —artistas que no son solo catalanes, sino de todo el Estado— y también internacionalizar figuras importantes de la pintura del siglo XIX y del siglo XX. Son creadores que estuvieron vinculados a la galería en su momento y creemos que es la hora de que tengan el reconocimiento que se merecen más allá de nuestras fronteras.

Jaume Sabater Martos, cofundador y CEO de Stoneweg

Jaume Sabater Martos, cofundador y CEO de Stoneweg

A pesar de la venta, usted seguirá como director

Sí, sigo como director, y no solo artístico, sino director general con las mismas funciones que tenía antes. Y mantengo esa vinculación con el 20% de las acciones junto a mi primo Raimon Maragall Mafà.

¿Cuál es su fotografía actual del mercado del arte en Barcelona? Hemos visto el traslado histórico de las galerías de arte de Consell de Cent hacia la calle Trafalgar, donde ahora se concentran muchas salas. ¿Se ha perdido el encanto o la capacidad de atracción?

Yo creo que la capacidad de atracción no se ha perdido en absoluto. Lo que quizá se ha perdido un poco es la presencia de público y la presencia de compradores locales en las propias galerías. Sin embargo, las galerías están haciendo un esfuerzo importantísimo de internacionalización; la mayoría de las salas de la zona hacen muchas ferias internacionales cada año.

Si hace 20 años el mercado tenía un porcentaje relativamente alto de clientela local, en este momento la mayoría de las galerías tienen un porcentaje muy elevado de clientela internacional, y eso es fruto de un esfuerzo muy importante. Es cierto que desde principios del siglo XXI se han producido muchos cambios en el ámbito social. Hay muchos artículos en los periódicos que hablan de ello: cambios a nivel económico y sociológico. Quizá las clases medias ya no tienen la posición que tenían antes, y el comprador general de una galería de arte barcelonesa era precisamente ese perfil de clase media o media-alta. Estos sectores sociales, y así lo constatan sociólogos y economistas, han perdido poder y capacidad económica en el siglo XXI.

Va en paralelo: si la clase media se va empequeñeciendo, el mercado del arte, entre otros sectores, se ve directamente afectado.

Evidente, es completamente evidente ese proceso.

Frente a esto, iniciativas como el certamen By Invitation en el Círculo Ecuestre, que ya lleva seis ediciones, ¿han funcionado como un revulsivo para el comprador local?

Yo creo que sí. Cualquier iniciativa artística de calidad, y esta lo es, supone un revulsivo en Barcelona. También lo es el Barcelona Gallery Weekend.

Recordemos, por ejemplo, que el mercado del arte en Madrid se consolida a partir del nacimiento de ARCO. En Madrid hay un antes y un después de ARCO. Por lo tanto, estos revulsivos son importantes y ayudan a que la gente local de Barcelona y de Cataluña conecte, entienda y viva el mundo del arte.

Este es un reto que tenemos los galeristas, pero creo que también las administraciones públicas a través de los museos para atraer más a los ciudadanos. Pensemos que muchos de nuestros museos tienen un porcentaje de visitantes locales relativamente bajo. La mayoría son extranjeros. Todo este conjunto nos hace pensar que, efectivamente, tenemos mucho trabajo por hacer todos juntos (galeristas, museos e instituciones) para volver a poner el arte en el lugar que se merece y que ha ocupado durante muchos años en nuestro país.

¿Cómo podríamos definir la importancia y la posición de la Sala Parés en el mercado del arte de Barcelona? Ha llegado a convertirse en una institución para la propia ciudad.

La Sala Parés tiene un factor evidente: es la galería más antigua, no solo de España, sino de la Unión Europea continental, exceptuando Inglaterra (la más antigua que sigue en activo es Colnaghi). Por tanto, partiendo de esa base, ya juega un papel diferente. Además, ha sido la galería de los grandes artistas del modernismo y de las etapas previas al movimiento, lo que nos otorga una posición muy clara en ese tramo de la vida artística.

Por otra parte, más allá de las exposiciones, realizamos actos culturales de todo tipo. La mayoría están relacionados con la pintura, naturalmente, pero también organizamos una veintena de conciertos al año en el espacio de la galería. Por tanto, es verdad que hemos procurado, no solo ahora sino desde siempre, ejercer un cierto papel institucional. También lo hacemos en las exposiciones de pintores de finales del XIX y principios del XX: no nos limitamos a colgar un cuadro al lado del otro, sino que construimos muestras con un relato, con un sentido, una línea y una intención, de forma similar a como lo hacen los museos. Es una galería que juega ese doble papel de espacio comercial e institución.

Quizá lo que falta es que los nuevos artistas se acaben identificando más con el comprador, o el comprador con ellos.

Yo creo que los artistas siguen su camino y no son ellos los que tienen que identificarse con el comprador. Es más bien el comprador el que debe sentir que el arte forma parte de su vida. Debe tener presente que poseer una obra de arte en casa, sea una pieza importante o una de muy poco precio, es algo que enriquece la vida en muchos sentidos.

La diferencia entre una pared blanca y una pared donde tienes una obra que has comprado con ilusión, que te gustó y te sigue gustando y disfrutando, es enorme. Ese sentimiento es el que, debido a las nuevas tendencias de consumo no solo a nivel local sino bastante a nivel internacional, se ha dejado un poco de lado o se ha olvidado. Y creo que eso es lo que, entre todos, debemos volver a poner en valor.

El hecho de que la familia Maragall haya llevado la sala durante 100 años representa un gran orgullo. A pesar de todas las dificultades históricas, se ha mantenido abierta.

Sí, efectivamente. Para nosotros es una gran satisfacción. Precisamente todo mi desvelo y mi inquietud durante estos últimos años ha sido esta dedicación y vocación que han tenido los miembros de la familia para que la galería funcionara durante 100 años y no se perdiera de cara al futuro.

Hay muchos casos en los que los cambios generacionales no se logran producir lo suficientemente bien en las empresas, y eso crea graves dificultades. En cambio, yo creo que con este entendimiento con Jaume Sabater habremos conseguido una continuidad de la galería tal vez para otros 100 años más. Ya nos gustaría verlo.

¿Cómo valora la combinación entre el sector privado y el sector público en la cultura? El concejal de Cultura, Xavier Marcé, sostiene que el Ayuntamiento tendrá que replantearse toda la arquitectura de la cultura desde el sector público, porque llega un momento en que el propio sector privado pide tener un peso relevante y asumir una responsabilidad, no como sustituto, sino como un complemento de primer orden.

Este es un gran tema que tenemos pendiente de resolver. Yo creo que hay un cierto exceso de ‘purismo’, en el sentido, no en el bueno, a la hora de pensar, por ejemplo, en la colaboración entre museos y galerías de arte.

En toda Europa, la relación entre museos públicos y galerías, siempre dentro de la normativa y del código de buenas prácticas, es de una colaboración mucho más intensa. ¿Por qué? Porque en el fondo, aunque la razón de ser comercial o fundacional sea diferente, todos perseguimos el mismo objetivo: difundir la cultura y hacer que la gente la pueda vivir y disfrutar. Siempre me gusta decir que si sumamos los metros cuadrados de todas las galerías de Barcelona que abrimos cada día con entrada gratuita, duplicamos la superficie del MACBA. Por tanto, lo lógico y lo natural es que, respetando la identidad de cada uno, los museos y las galerías tengamos una colaboración más intensa. Eso es lo que deseamos de cara al futuro.