Las plagas están ganando terreno en España y, por extensión, en Cataluña. Hay tres razones que se repiten en congresos y conversaciones entre los profesionales del sector: el impacto del cambio climático en temperaturas y ciclos biológicos, la intensidad de la actividad urbana y, sobre todo, la ausencia de planes preventivos. En la práctica, esto se traduce en lo de siempre: el vecino que ve cucarachas en el patio de luces, el bar que recibe una inspección y se enfrenta a una multa, o la comunidad que descubre roedores cuando ya hay daños.
Ante esta situación y en un contexto en el que los casos van a más, la preocupación por el control de plagas no debería empezar cuando la plaga es visible, sino cuando todavía es controlable. Al respecto, la prevención es la mejor medida a la hora de reducir riesgos sanitarios, evitar costes mayores y proteger la imagen de empresas, especialmente en sectores como los de la hostelería, hoteles e industria alimentaria. En estos, sufrir un episodio de plaga puede tener consecuencias económicas directas e insuperables.
Un escenario preocupante
Las estadísticas del sector confirman esta tendencia alcista en cuanto a los casos de plagas. En concreto, la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA) alerta sobre el incremento de las mismas como son los de proliferación de cucarachas y roedores. Pero no son las únicas, ni mucho menos.
En este punto, hay que hablar de la legionella. Sobre esta, ANECPLA alertó en noviembre del año pasado que, hasta la semana 35 de 2025, España ha registrado 155 casos más de legionelosis que en el mismo periodo del año pasado, lo que supone un incremento superior al 13 por ciento, según refleja el Informe Semanal de Vigilancia Epidemiológica publicado por el Centro Nacional de Epidemiología (CNE).
Tristemente, este aumento en el número de plagas también fue unido a un aumento en las cifras de muertes en España. Por ello, el control de legionella es más importante que nunca a la hora de luchar contra esta bacteria que habita en los medios acuáticos, tanto en los entornos naturales como en espacios cerrados o en sistemas creados por el ser humano.
Teniendo en cuenta que la incidencia de la legionella se estima en tres casos por cada 100.000 habitantes, y que afecta sobre todo a personas mayores y pacientes inmunodeprimidos, es esencial la revisión y supervisión de cualquier instalación que requiera agua.
Según explican desde la empresa especializada en control de plagas Diset, que opera en Cataluña y Barcelona, “es fundamental revisar instalaciones que requieran agua como torres de refrigeración, spas, jacuzzis e incluso de los sistemas como son los nebulizadores instalados en terrazas de empresas hosteleras”.
Debido a los elevados riesgos que tienen para la salud las plagas, existe numerosa documentación y normativa de obligado cumplimiento, tanto para empresas como para administraciones públicas. Si hablamos de la legionella, el Real Decreto 487/2022 endureció los requisitos para las instalaciones de riesgo como son los hoteles, gimnasios y comunidades con sistemas de agua caliente. En concreto, la ley obliga a implementar Planes de Prevención y Control de Legionella.
El coste de la inacción para las empresas
Una plaga puede destruir la reputación de un negocio en minutos. Cucarachas, ratas y ratones o chinches son algunas de las plagas más comunes. Y, en el caso de estar presente en un local que la sufre, los clientes a buen seguro no tienen dudas a la hora de compartir sus malas experiencias en redes sociales. Y, cuando la foto de una cucaracha en un restaurante se viraliza, recuperar la confianza del consumidor requiere mucho esfuerzo. El coste de la prevención es ínfimo comparado con las pérdidas.
El sector hotelero y la restauración son especialmente sensibles a este problema. Además de la crisis de reputación, también pueden sufrir cierres forzosos por inspecciones sanitarias, lo que supone un golpe económico. Por si fuera poco, las plagas provocan además daños materiales en infraestructuras y cableado. Las ratas pueden causar cortocircuitos e incendios en las instalaciones eléctricas.
Plagas en el hogar
Del mismo modo que sucede en empresas, una plaga también puede aparecer en viviendas particulares. Aquí, las más habituales son hormigas, cucarachas o la aparición de nidos de avispas (unifamiliares y chalets con jardín). Ante estos casos, hay que actuar también con precisión y rapidez para cortar el foco antes de que la plaga se extienda a trasteros, falsos techos o patios de ventilación.
Y, en edificios residenciales, también pueden aparecer plagas que afectan a todos los vecinos. En las comunidades de vecinos, las plagas suelen empezar donde “no es de nadie”: cuartos de basuras, patios interiores, garajes, arquetas, salas técnicas.
Sobre estos casos, desde Diset lo explican con claridad: “una plaga es incómoda para la comunidad, supone un gasto y genera molestias en viviendas, especialmente por comida almacenada y muebles, y requiere fumigadores/exterminadores profesionales para eliminarla”. Sin embargo, la intervención es imprescindible cuando las plagas se convierten en una realidad.
Por ello, en Diset, con más de 30 años de experiencia en Cataluña, priorizan el uso de técnicas respetuosas con el medio ambiente y menos invasivas para eliminar la plaga con los menores daños y molestias posibles. Aunque, como insisten en explicar, la mejor actuación consiste en contar con un calendario de tratamientos preventivos que pueden reducir en un 80% los riesgos de padecer una plaga.
Así que, ya seas particular, empresario o gestor público, no esperes a ver el problema para buscar una solución. Contacta con empresas especializadas para implementar un plan de actuación seguro con el que evitar riesgos que suponen un problema para la salud pública.
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