Concentración de personas frente al edificio situado en la calle Llenguadoc
Historia de un desahucio frustrado: Llenguadoc, de 'hogar' de panaderos al rescate del Ayuntamiento de Barcelona
Medio siglo después de que los primeros vecinos llegaran al número 74, el edificio afronta su último capítulo entre okupaciones, cambios de propiedad, protestas y una operación de compra pública
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Todavía no había amanecido cuando la calle Llenguadoc en Sant Andreu empezó a llenarse. Eran poco más de las siete de la mañana y frente al número 74 ya se concentraban cientos de personas.
Algunos habían llegado con pancartas, otros con carteles, otros simplemente para estar allí. Empezaron los cánticos y, poco después, apareció un altavoz con música. Junto a la puerta del edificio había una mesa con leche, galletas y comida para desayunar.
Era una concentración preparada para una espera larga. El lanzamiento estaba previsto para las ocho de la mañana, pero durante horas nadie sabía exactamente cuándo llegaría la comisión judicial. De vez en cuando corría el rumor entre los concentrados: "Ya viene la policía".
El lanzamiento estaba previsto para las ocho de la mañana, pero durante horas nadie sabía exactamente cuándo llegaría la comisión judicial.
Cartel en la puerta del bloque de Llenguadoc 74 en Sant Andreu
De vez en cuando corría el rumor entre los concentrados: “Ya viene la policía”. No venía. Los vecinos del barrio se asomaban, preguntaban qué estaba pasando y se quedaban hablando en pequeños corrillos. “Es que es injusto”, comentaba alguno.
La concentración llegó a reunir a unas 300 personas, aunque con el paso de las horas muchos tuvieron que marcharse para entrar a trabajar. A media mañana todavía quedaban pancartas, cánticos y grupos de vecinos frente al portal.
Y entonces apareció Pedro.
”Mis padres entraron a vivir aquí en 1974”
Pedro no llegaba para sumarse a la concentración. Llegaba para contar otra historia sobre aquel edificio. Su madre, Lourdes, había vivido allí durante años y fue una de las personas que tuvo que marcharse cuando el inmueble cambió de etapa.
Pedro habla de Llenguadoc 74 como quien habla de un lugar que conoce desde mucho antes de que apareciera en los titulares. "Mis padres entraron a vivir aquí en 1974", explica en conversación con Metrópoli.
Bloque de calle Llenguadoc
El edificio se había construido en 1954 por la Mutua de Panaderos como viviendas de protección oficial. Allí vivían trabajadores de la mutua y panaderos que habían llegado a Barcelona desde otros lugares. En la familia de Pedro ya había unos tíos viviendo allí cuando sus padres consiguieron entrar.
Durante décadas, dice, aquello fue simplemente un bloque de vecinos. Su familia vivió allí y allí crecieron recuerdos que hoy resultan difíciles de encajar con la imagen del edificio que se ha construido en los últimos años.
Problemas de aluminosis
Pedro recuerda especialmente 2014. El inmueble tuvo que ser rehabilitado por problemas de aluminosis y los vecinos fueron trasladados temporalmente. Después regresaron a sus casas, que habían sido reformadas.
"Les han puesto la cocina a su gusto, armarios, pintaron todo", cuenta Lourdes, madre de Pedro. Las viviendas, asegura, quedaron entonces en buenas condiciones.
Pero después empezaron a quedar pisos vacíos.
El edificio que pertenecía al Sindicato de Panaderos de Barcelona, pasó a manos de Reale Seguros. La aseguradora fue dejando viviendas vacías a medida que no renovaba contratos de alquiler. En 2017 comenzaron las okupaciones de algunas de esas viviendas.
Pedro sitúa ahí el comienzo de un deterioro de la convivencia que acabaría provocando que antiguos vecinos abandonaran el edificio.
Habla de buzones rotos, bicicletas acumuladas en el portal, puertas que permanecían abiertas y problemas que, según él, hicieron que vivir allí dejara de ser como antes.
Cambio de manos
La relación de Reale con el edificio se prolongó durante años. La aseguradora llegó a contratar servicios de seguridad y, en 2019, contrató a las empresas Desokupa y City Lock para intentar recuperar el control del inmueble.
El último cambio de manos llegó en abril de 2025, cuando Reale Seguros vendió la finca a Thunder Optical Minur SL. En aquel momento, la sociedad tenía como administrador único a Germán César Ariza, empresario vinculado a otras empresas del sector de las residencias y los centros de día.
Una puerta, dos historias
La escena resulta extraña: mientras unas personas se concentran para impedir que otras familias pierdan su vivienda, Pedro y Lourdes aparecen para recordar que ellos también tuvieron que marcharse de ese mismo edificio.
Momentos de la concentración en la calle Llenguadoc
Pedro cuenta que Reale, propietario del inmueble en aquella etapa, facilitó a antiguos inquilinos que se trasladaran a otros pisos manteniendo unas condiciones económicas similares. Algunos de ellos, explica, continúan pagando alrededor de 140 euros al mes.
Y por eso Pedro insiste en que la historia de Llenguadoc 74 no empieza con las familias que hoy están amenazadas por el desahucio.
Su relato no es el de quienes este miércoles habían acudido a defender el edificio. Es, precisamente, el de quienes consideran que también se debe contar qué ocurrió con los vecinos que estaban allí antes.
La concentración continúa
En la acera de enfrente, mientras tanto, la concentración continúa.
Y entre los concentrados, justo en la puerta del bloque, sentado en una silla de madera, está el amigo de una de las familias que vive actualmente en el edificio. "Llevan años intentando obtener una respuesta de servicios sociales y nadie contesta", reclama el hombre.
Dos historias que se encuentran delante de la misma puerta
La mañana se hace larga. A las ocho no ocurre nada. Tampoco poco después. La policía no llega y la comisión judicial tampoco. La gente espera.
Hay nuevas falsas alarmas. Alguien mira hacia la calle. Otros se acercan al portal. Los vecinos continúan saliendo de sus casas y preguntando qué ocurre. Algunos manifestantes se marchan cuando llega la hora de entrar a trabajar.
A las once de la mañana todavía queda un grupo importante frente al edificio. El altavoz continúa, las pancartas siguen levantadas y los cánticos se mezclan con las conversaciones de los vecinos.
"No es oportuno ni necesario tirar adelante este desahucio"
Entonces llega Joan Ramon Riera, comisionado de Vivienda del Ayuntamiento de Barcelona. Los manifestantes lo reciben con cánticos en contra del consistorio. Riera, por su parte, defiende que el lanzamiento debe suspenderse. Asegura que el Ayuntamiento mantiene un diálogo con las partes y recuerda que existe una mediación sobre el edificio desde 2022.
"Hoy no es ni oportuno ni necesario tirar adelante este desahucio", afirma.
Joan Ramon Riera Alemany durante las declaraciones de prensa
El Ayuntamiento sostiene que está intentando negociar con la comitiva judicial para frenarlo y que tiene identificadas a las unidades de convivencia del edificio. Riera defiende que existen alternativas al lanzamiento, como el alquiler social, el alojamiento de emergencia o la compra de viviendas mediante tanteo y retracto.
También reconoce las críticas de los movimientos sociales que se concentran a sus espaldas. "Estamos en el mismo barco", responde.
Pero la mañana sigue avanzando y el desenlace todavía no está claro.
Doce horas esperando frente al portal
La espera se prolonga hasta la tarde. Los concentrados que quedan frente al número 74 llevan allí desde antes de que saliera el sol.
Finalmente, el Ayuntamiento anunció que compraría el edificio junto a la Generalitat. El acuerdo permitió frenar el lanzamiento después de unas doce horas de movilización y evitó que las familias tuvieran que abandonar su casa esa noche. La noticia cambió completamente el ambiente frente al portal. "Ojalá lo hubiesen hecho antes", dice Pedro en relación con el anuncio del consistorio.
Pero la historia de Llenguadoc 74 queda lejos de ser sencilla. En unas horas, frente a la misma puerta, se han cruzado quienes intentaban evitar que unas familias fueran expulsadas, quienes aseguran que llevan años reclamando una alternativa y quienes recuerdan haber vivido allí durante décadas antes de tener que marcharse.
Un edificio que vuelve a hablar de vivienda
Pedro mira el edificio desde fuera y recuerda que sus padres entraron allí en 1974. Cincuenta años después, el número 74 de Llenguadoc vuelve a hablar de vivienda.
Solo que esta vez, al otro lado de la puerta, hay una historia diferente.