A Assumpta Cavanillas, los médicos le diagnosticaron una esclerosis múltiple en 2005. En 2013, sus piernas le dijeron basta y, desde entonces, depende una silla de ruedas eléctrica. Por aquel entonces vivía en un primer piso de Gràcia, que tuvo que dejar porque le era imposible salir a la calle sin ayuda. En 2015, los altos precios la llevaron al pasaje de Roura, en el barrio del Clot-Camp de l'Arpa, donde reside en una planta baja, pero las dificultades para salir de casa no desaparecieron. 

La pequeña travesía, que une las calles de Còrsega y de la Indústria, es bastante empinada. Tiene una acera muy estrecha que imposibilita que una silla de ruedas pueda circular con seguridad, y la rampa que hay junto a Còrsega tampoco ofrece garantías. "Está torcida y la bajada me parece una montaña rusa", dice. La presencia de una señal vertical junto a la rampa estrecha aún más la acera y dificulta el doble el paso de una silla de ruedas.

En estos años, Cavanillas ha caído tres veces. La silla vuelca por la pendiente. La mujer lleva mucho tiempo con miedo a salir sola. "En el pasaje, necesito tener alguien detrás, especialmente en la rampa. Es por seguridad", afirma. La limitación para salir de casa es evidente. "Me gusta ir a pasear, a visitar museos o al Liceu. También canto en el Auditori el último viernes de mes". Pero siempre acaba dependiendo de terceros.

En marzo, el pasaje se convertirá en una calle de plataforma única, sin aceras y con prioridad para los peatones, ideal para Cavanillas. La mujer lleva tres años luchando con el Ayuntamiento de Barcelona para lograr ese cambio. Salir en los medios, un informe de la síndica de greuges, Maria Assumpció Vilà, y la presión de algunos partidos de la oposición y de los vecinos, acabaron de convencer al Distrito de Sant Martí --que, por otro lado, siempre ha estado predispuesto a buscar una solución-- a llevar a cabo una reforma integral del pasaje.

Pasaje de Roura Clot Camp del Arpa

El pasaje de Roura del Clot-Camp de l'Arpa, en obra / J S

Cavanillas echa la vista atrás. Explica que, cuando baja por la rampa, la cuesta la empuja hacia la carretera. "Cuando subo me tienen que empujar. Sola no puedo”. Nada más llegar al pasaje, en agosto del 2015, cayó por la rampa. Dos semanas después, la silla volcó de nuevo. Se rompió, y ellla se hizo se hizo daño en la espalda y contusiones en la rodilla. 

Fue tras el segundo accidente que la vecina empezó a mover suelo y tierra para revertir la situación. En septiembre del 2015 puso una queja al Ayuntamiento para que le arreglaran la rampa. En enero del 2016, los operarios hicieron algunas mejoras, pero de nada sirvió. En marzo del 2016, Cavanillas volvió a caer, y en junio de ese año, el consistorio accedió a convertir la calle en una plataforma única.

La calle ya está cortada. Los trabajos ya han empezado y la maquinaría ha empezado a perforar. "Se aprovechará la obra para hacer un nuevo colector y soterrar los cables eléctricos", subraya uno de los técnicos. Con el pasaje patas arriba, estos días Cavanillas todavía tiene más dificultades para circular, pero los trabajadores la ayudan a entrar y salir. "Así da gusto". En su cara se dibuja una sonrisa. La reforma debería estar lista el próximo marzo.

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