El barrio de La Clota en una imagen de archivo
No lo sabías: esta es la mejor ruta para descubrir los secretos del barrio del Clot de Barcelona
Un imprescindible de la capital catalana con ubicaciones que tienen 175 años de historia y protegidas por el patrimonio arquitectónico, una ventana a la Barcelona del siglo XIX
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Parece misión imposible disfrutar de Barcelona sin la masificación de los turistas día a día. No obstante, hay una ruta que se aleja de la gentrificación y abraza la tranquilidad dentro de la capital catalana.
Es la ruta del Clot, uno de los barrios imprescindibles para los ciudadanos barceloneses, donde residen una cantidad de vermuterías, restaurantes de toda la vida, parques tranquilos y hasta una coctelería de estética Disney.
La puerta de entrada ideal es la calle Rogent, una rambla pacificada, arbolada y llena de terrazas que le dan vida a cualquier hora del día. Es un paraíso peatonal perpendicular a Aragó, València, Mallorca y la Meridiana, coronado con la fachada tan fotogénica como inesperada.
Dos mundos
Rogent mezcla lo mejor de dos mundos: locales de toda la vida y nuevas aperturas que arrasan en redes. Aquí conviven Gent del Barri, D’Clot, el centenario Forn Elias (fundado en 1917), la panadería Colombia Viva, la segunda tienda de Bubbolitas, la pizzería Pizzico y un larguísimo etcétera que invita a pasear sin prisas.
La calle Meridional del Clot
Paseando llegarás a la placita de la Oca, llamada así por la estatua del pato de Frederic Marès que corona su fuente. El cuarto sábado de cada mes hay mercadillo, detalle que refuerza ese aire de barrio vivido. Un poco más allá, la calma se mantiene y el Clot demuestra que todavía se puede disfrutar de Barcelona sin empujones.
Los alrededores del Mercat del Clot son una auténtica joya gastronómica. En apenas un par de calles puedes viajar por Vietnam, México, Corea, Italia o Tailandia. Tutu Vietnamese Cuisine, Il Palato, Dolsotbap, La Taquería, Bar Refugio Los 33 o Khao Thai convierten la zona en un festival culinario. Y si prefieres cocina local, tranquilo: la plaza del mercado está llena de bares con terraza como Lolalà, La Mànega o el Bar del Mercat del Clot.
La plaza del Mercat de El Clot, desde la calle de la Sèquia Comtal
Vermuts
Cuando el sol acompaña, el Clot es territorio vermutero. Vins per tu, Alevoso, Bodega Sopena o Platillo Volador son apuestas seguras. Con tirón digital destaca Casa Pepi, famosa por sus vinos y su reivindicación de la calçotada como antibrunch. Y para alargar la tarde, Queimada Nivell Q es un templo de los juegos de mesa donde conviene reservar.
La ruta acaba en la plaza Valentí Almirall, junto al edificio Ca la Vila, sede del distrito de Sant Martí. Muy cerca está Can Pineda, restaurante centenario imprescindible. Y como colofón, los vestigios del antiguo taller de Renfe: un parque monumental, poco turístico y tremendamente fotogénico. El Clot, sin duda, sigue siendo un must en Barcelona.
Un imprescindible es no saltarse los primeros números de la calle Clot: sus casas bajas, con más de 175 años de historia y protegidas por el patrimonio arquitectónico, son una ventana a la Barcelona del siglo XIX. .