Bar Coyote

Bar Coyote SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Sant Martí

El Hijos de Caín y el Coyote se niegan a cerrar: el último bastión rockero del Triángulo Golfo de Barcelona

Dos establecimientos, uno de ellos temporalmente precintado, resisten lo que consideran que es una estrategia de "acoso y derribo" para su cierre

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Son pequeños, tienen problemas, pero son también lo suficientemente resistentes para aguantar los embites que ya han llevado a bajar la persiana a muchos de sus vecinos. Los bares musicales Hijos de Caín y Coyote, dos de los garitos de rock que quedan en el Triángulo Golfo del Poblenou, resisten a pesar del --consideran-- acoso y derribo al que se han visto sometidos en el último año.

Lo cuenta, en una entrevista concedida a Metrópoli, Edu García, gerente del bar Coyote, que ha visto cómo en los últimos años la calle de Pere IV ha pasado de ser un centro neurálgico del ocio nocturno en la capital catalana a estar, cada vez, más vacía de aquello que le daba vida.

Como los ya extintos D9, BB+ y Open Bar, tanto el Coyote como el Hijos de Caín han sufrido las consecuencias de las obras que la nueva propiedad de la finca ha llevado a cabo. Esta levantó el techado y lo dejó descubierto.

García, como otros propietarios, denuncia además que se taladró el techo del local, el suelo y los forjados, abriendo huecos que, directamente, provocaban filtraciones en los locales. Ello ha obligado a los dueños a hacer trabajos de mantenimiento para tapar las goteras.

Pérdidas

Las filtraciones dejaron en crisis a los cinco locales afectados, algunos de ellos con hasta 30 años de actividad casi ininterrumpida. En el último año y medio, han trabajado bajo la incertidumbre. "Nunca sabes si va a pasar algo que te va a dejar cerrado, perdiendo la facturación del día".

Por supuesto, el alquiler "se sigue pagando, las nóminas se siguen pagando, los gastos de proveedores se siguen pagando". A su forma de ver, la estrategia era clara: presionar a los bares, desgastarlos, y cerrar con un acuerdo "en el que nos dieran migajas".

Edu García, gerente del Bar Coyote

Edu García, gerente del Bar Coyote SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Al respecto, explica que "a mí me han ofrecido 100.000 euros por entregar las llaves. Pero que con impuestos te queda en 50.000. Pero es que ya no es un tema económico. Es cómo te dicen las cosas, las formas, que no te dejan despedirte de la clientela con formas de "aquí mando yo".

"Es un tema también de amor propio. Cuanto más me putees, más me voy a quedar. Aguantaremos hasta que un juez nos diga que nos tenemos que ir", asegura.

El 'Hijos' resiste, aunque precintado

Peor parte se ha llevado el Hijos de Caín. En su caso, a raíz de las obras, se produjo un desprendimiento en el techado, lo que obligó a desalojar el local. El Ayuntamiento lo precintó hace ya casi 5 meses.

Según explicó a este medio su gerente, Toni, gastó unos 15.000 euros en hacer una reforma para reparar y reforzar el techado interior y las canalizaciones para evitar el desgaste de la estructura con el tiempo. Sin embargo, a pesar de ello y de haber presentado informes al consistorio, se encuentra en un laberinto burocrático en el que no se le permite reabrir.

El bar rockero Hijos de Caín

El bar rockero Hijos de Caín Cedida

"Hemos hecho obras, hemos elaborado informes, los hemos presentado y siempre chocamos contra la negativa municipal. Cuando preguntamos qué más necesitan para que volvamos a abrir, la respuesta es el silencio administrativo", lamentó. Con todo, y a pesar del precinto, se niegan a abandonar el espacio y mantienen la esperanza de poder volver a levantar persianas.

El Triángulo Golfo, cada vez más vacío

Solo por estas obras en cuestión, son tres los bares que han desaparecido de cinco afectados, pero no todos los bares musicales se ubican en la calle de Pere IV. El mismo Hijos de Caín, de hecho, se encuentra en la aledaña calle de Pallars.

Interior del Bar Coyote, en el Triángulo Golfo

Interior del Bar Coyote, en el Triángulo Golfo SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Según datos de la Federación Catalana de Locales del Ocio Nocturno (Fecalon), el Triángulo Golfo del Poblenou llegó a tener operativos una treintena de bares musicales y unas seis salas en su época de mayor esplendor.

Hoy en día, solo quedan tres salas (Razzmatazz, Wolf y Bóveda --esta última cerrada temporalmente por reformas--) y, aproximadamente, una decena de bares musicales.

Falta de licencias

García analiza que hay un problema de fondo: "Llevamos con las licencias capadas desde hace 20 años. El Ayuntamiento no es culpable, evidentemente, de que se terminen los contratos, pero tampoco da opción a montarte nada más".

Interior del Bar Coyote, en el Triángulo Golfo

Interior del Bar Coyote, en el Triángulo Golfo SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

"Los locales que quedamos no vamos a poder asumir todo el flujo de gente que va a seguir viniendo, porque la gente no va a dejar de salir, ya se vio en pandemia. Pero si no tienen locales, harán botellón, y eso será más problemas con los vecinos".

Pide implicación municipal

En ese sentido, "pediría un poco de colaboración al distrito de Sant Martí que obligara al hotel a colocar el techado. El hotel tiene un proyecto de obra en el que, si no ponen techo, tienen que poner una lona. Poniéndose de lado, parece que les da igual, que quizá piensen que se ahorran problemas con los vecinos, pero es que se les puede volver en contra porque la gente va a estar en la calle".

"Solo con las tres discotecas se juntan, fácilmente, 4.500 personas de aforo. ¿Se van a quedar en casa? No. La gente quiere salir y quiere socializar. Sobre todo la gente joven. Porque un bar de noche no somos un grupo de borrachos, somos gente que queremos socializar", sentencia.