Interior del bar Hijos de Caín de Barcelona
Pinza al 'Hijos de Caín' del Triángulo Golfo: Barcelona prolonga 'sine die' su reapertura
Los propietarios del local aseguran que han cumplido con todos los requisitos, mientras el consistorio afirma que los arreglos hechos no cumplen con los requisitos
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Una pinza, quizá accidental, pero igualmente efectiva. El Ayuntamiento de Barcelona 'bloquea' la reapertura del bar rockero Hijos de Caín, precintado desde hace ya algo más de cinco meses tras sufrir un desprendimiento.
Así lo han confirmado Toni y Azahara, la pareja propietaria del establecimiento. El Hijos de Caín es, además, uno de los dos locales —de los cinco inicialmente perjudicados— que todavía resiste una estrategia de acoso y derribo por parte de un hotel vecino.
En declaraciones a Metrópoli explican que la pesadilla comenzó hace unos tres años. La antigua propiedad de la finca emitió una orden de desahucio para los bares. Estos apelaron y la cuestión todavía se está resolviendo en los tribunales. Pero la antigua propiedad decidió vender la finca.
Un techo arrancado
Ya en manos nuevas, los nuevos propietarios, Sagemar, nombre que opera bajo la marca de Sallès Hotels, quisieron utilizar la finca para expandir uno de sus negocios, el Hotel Sallès Pere IV. Pero no esperó a que un juez dictaminara una orden de desahucio, sino que levantó, hará ya un año y medio, el techado del inmueble.
Techo arrancado de la finca
También, cuentan, perforó forjados y techos interiores, lo que causó filtraciones, goteras y, en el caso del Hijos, un desprendimiento que obligó a evacuar el establecimiento y causó un precinto. De esto último se han cumplido ya cinco meses.
Inversión en reformas
Desde entonces, la pareja propietaria desembolsó más de 15.000 euros para hacer unas obras interiores para crear un sistema interno de canalización y desagüe del agua de lluvia. Para las obras, se contrató a un arquitecto que emitió un certificado de solidez. También solicitaron y recibieron una visa del Col·legi d'Arquitectes de Catalunya, explican.
Pero el distrito de Sant Martí se negó a desprecintar el local, por lo que pidieron —y consiguieron— un segundo certificado de un arquitecto independiente. La respuesta volvió a ser negativa. Tras cinco meses, la semana pasada pudieron reunirse con representantes del distrito.
Cerrados hasta nuevo aviso
"Fueron tajantes. No vamos a volver a abrir hasta que el hotel no vuelva a poner el tejado. Pedimos que nos enviaran a los bomberos o a técnicos municipales para que nos hicieran ellos la segunda inspección y se han negado", denuncian.
Toni y su mujer Azahara, gerentes del Hijos de Caín
"Nos han bloqueado. Hemos hecho de todo y más para poder volver a abrir y ni con esas quieren mandar a nadie para verificar el trabajo que hemos hecho", lamentan. Preguntadas por este digital, fuentes del distrito afirman que no se ha levantado el precinto porque los arreglos realizados no cumplen con los requisitos establecidos por los Bomberos para que el establecimiento pueda garantizar la seguridad de los usuarios. El distrito así lo ha comunicado al titular y sus técnicos".
Los trabajadores, en ERTE
El Hijos de Caín es uno de los últimos bares de ambiente genuinamente rockero que todavía quedan en la ciudad, con una clara apuesta por el rock español. Conforman la plantilla los propios Toni y Azahara, junto con otros tres empleados más del bar y dos encargados de seguridad.
Tras cinco meses de cierre, "hemos intentado seguir pagando las nóminas el máximo tiempo posible, pero hemos tenido que hacer un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE)", explican.
El local, al límite
Pese a que siguen firmes en su intención de "resistir" el máximo tiempo posible, en buena medida gracias a los mensajes de apoyo de "aquellos que empezaron siendo clientes y terminaron siendo familia".
El bar Hijos de Caín de Barcelona, un día de fiesta
Sin embargo, "tenemos un piso que pagar, hijos que mantener. No podemos permitirnos aguantar para siempre. No entendemos de qué ha servido tanta colaboración durante estos años. Todo el dinero invertido en pagar a agentes de civismo" y, lo que definen, ha sido "un comportamiento ejemplar".
"Casi parece como si al Ayuntamiento 'le viniera bien nuestra desaparición', como si aprovecharan la situación con el hotel para deshacerse de nosotros. Pero si nos vamos, ¿dónde va a salir la gente? Porque no van a quedarse en casa", advierten.