Discoteca Waka Sabadell

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Gran Barcelona

El cierre de Waka sepulta la antigua Zona Hermètica que convirtió Sabadell en la capital de la fiesta

La polémica discoteca cerrará sus puertas en abril, poniendo el último clavo en el ataúd de un polígono que llegó a congregar a más de 12.000 jóvenes cada fin de semana y que fue el epicentro de la fiesta en Catalunya

La noticia: La polémica discoteca Waka Sabadell cerrará sus puertas de forma definitiva

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La Zona Hermètica de Sabadell pasa a la historia. La discoteca Waka Sabadell cerrará sus puertas en abril después de que venza la licencia de actividad del Ayuntamiento de Sant Quirze del Vallès.

El cierre del polémico local de ocio nocturno supone la despedida definitiva de este antiguo espacio que hizo de Sabadell una auténtica capital de la fiesta en el Vallès y el área metropolitana de Barcelona durante casi tres décadas.

Ideada por el carismático alcalde Antoni Farrés en la década de los 90 como un espacio destinado al ocio nocturno de los jóvenes sabadellenses, alejado del casco urbano del municipio, la zona se fue llenando de discotecas que acabaron transformando este polígono industrial en un ecosistema de diversión sin precedentes.

Sin embargo, las quejas por ruidos, los botellones y la inseguridad denunciada por los vecinos del barrio de Gràcia, colindante con el polígono, hicieron que el Ayuntamiento de Sabadell moviera ficha y vetara estos macrolocales. Desde la aprobación de la nueva ordenanza municipal en 2016, las distintas discotecas fueron bajando sus persianas, hasta que en 2018 cerró el mítico Park Paladium. Hasta ahora, Waka era el último gran bastión --que dependía del Ayuntamiento de Sant Quirze--. 

Discoteca Waka Sabadell en una imagen de archivo

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Crónica de un cierre mediático y conflictivo

El inminente final de Waka no pilla por sorpresa a las autoridades. En los últimos años, el macro-local --que permitía la entrada a partir de los 16 años-- ha acumulado un historial insostenible. A las recurrentes y virales denuncias por racismo en sus estrictos controles de acceso --donde decenas de jóvenes de origen magrebí y latinoamericano reportaron ser discriminados sistemáticamente por perfil racial--, se suma una larga lista de episodios policiales. 

Uno de las situaciones más conocidas fue la difusión en diciembre de 2022 de un vídeo de dos jóvenes practicando sexo oral en plena pista de baile, que obligó a la consellera de Igualdad, Tània Verge, a pedir públicamente que se frenara su difusión. Meses antes, en verano de 2021, los Mossos d'Esquadra investigaron una presunta violación ocurrida en una de las tarimas centrales del recinto.

La época dorada: 40 locales y la ruta del fin de semana

Resulta paradójico comparar el oscuro epílogo de Waka con los luminosos años 90 y principios de los 2000, cuando la Zona Hermètica --bautizada así por su proximidad a la empresa Unidad Hermética-- llegó a albergar a más de 40 establecimientos que generaban unos 400 puestos de trabajo directos.

Discoteca Waka Sabadell

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Locales míticos como Park Paladium, A-18, Nexus, Risk, Drinkking, Lemon, Bora Bora, LaSal, NyapBuff o Boccaccio configuraron un mapa nocturno inigualable.

Cada fin de semana, la estación de Renfe de Sabadell Sud se convertía en el punto de partida de una auténtica peregrinación. Llegaban riadas de gente de Barcelona, Terrassa, Granollers, e incluso en autocares gratuitos fletados desde la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). La zona llegó a aglutinar a más de 12.000 personas en una sola noche.

"Llegábamos en tren a la estación y el vagón ya era una fiesta," recuerda Carlos López (46 años), un antiguo habitual de la zona. "Llegar a la Zona Hermètica era entrar en otra dimensión.

En el Paladium te sentías el rey del mundo con sus fiestas de aniversario y los famosos de la tele, y si querías algo más alternativo, cruzabas la calle y te metías en la A-18. Fueron los mejores años de nuestra juventud, aunque era evidente que, juntando a tantísima gente en unas pocas calles, la cosa iba a acabar reventando tarde o temprano", añade. 

Las noches en la Zona Hermètica marcaron a toda una generación de adolescentes y jóvenes. "Recuerdo las colas inmensas en el NyapBuff," comenta Laura Aymerich, vecina de Cerdanyola. "Con 14 o 15 años hacíamos peripecias, falsificando la fecha de nacimiento en fotocopias del DNI para que los porteros nos dejaran entrar por la tarde a beber refrescos y bailar. Había una cultura musical brutal, cada discoteca tenía su propia tribu. Entrabas de día y salías cuando los mayores ya estaban haciendo cola para la sesión de noche", añade. 

Los templos de la Zona Hermética

Lo que hacía único a este polígono industrial reconvertido en meca del ocio era, precisamente, su biodiversidad nocturna. Cada nave industrial escondía un universo propio, con su código de vestimenta y su banda sonora particular.

Hacer la 'ruta' implicaba saltar de un ambiente a otro con solo cruzar la calle, permitiendo que en un mismo radio de quinientos metros convivieran el lujo de Park Paladium --la joya de la corona donde el zapato y la camisa eran el pasaporte obligatorio para codearse con los famosos de la televisión de los 90-- con la esencia de la A-18.

"Era imposible no encontrarte a alguien conocido", recuerda Marc Grau, un hombre de 48 años vecino de Sabadell que recuerda con especial cariño aquellos días de fiesta que le marcaron y donde conoció a su mujer, a quien define como "el amor de su vida". Las paredes de las discotecas guardan miles de historias de todas aquellas sesiones nocturnas que pusieron a Sabadell en el mapa. "Era espectacular, venía gente de todas partes", agrega. 

La antigua discoteca Bora Bora en Sabadell

La antigua discoteca Bora Bora en Sabadell Google Maps

Ese ecosistema se fragmentaba para satisfacer a todos los públicos: desde el refugio selecto de NyapBuff, que atraía a los jóvenes de la zona alta de Sabadell y Sant Cugat con un ambiente más refinado, hasta el oasis tropical que ofrecían Bora Bora y LaSal.

Estos últimos locales eran el verano perpetuo del Vallès, donde las decoraciones ibicencas y los ritmos latinos hacían olvidar el frío industrial del polígono. Era una coreografía perfecta de estilos que convertía las calles Rocafort y Boccaccio en un hormiguero de contrastes musicales que, con el cierre de las últimas licencias, parecen postales del pasado.

El motor de la zona, sin embargo, no solo rugía los fines de semana; la explosión universitaria de los jueves en salas como Drinkking o Lemon terminó de consolidar el mito. Gracias a los autocares que conectaban directamente con la Vila de la UAB, el polígono se llenaba de estudiantes y Erasmus que buscaban precios populares y radiofórmula. "Los jueves eran una locura. Hacíamos el botellón rápido en el coche y entrábamos antes de la una para no pagar", rememora Marta Barcons, antigua estudiante

Un final entre naves industriales vacías

El éxito desmedido fue su propia tumba. El plan del exalcalde socialista Manuel Bustos para trasladar ordenadamente el ocio a la zona de Sant Pau de Riu Sec nunca se materializó. Ante la presión vecinal por el ruido y el vandalismo, el ayuntamiento optó por la vía dura y las persianas fueron cayendo una a una por orden judicial, dejando atrás a empresarios arruinados y a cientos de trabajadores en la calle.

Hoy, donde antes brillaban los neones y retumbaban los altavoces con actuaciones de Sopa de Cabra, Sau o DJ's, solo quedan naves industriales vacías y silenciosas. Con el inminente cierre de Waka este mes de abril, Sabadell baja definitivamente el telón de la que fue, para bien y para mal, la capital indiscutible de la noche catalana.

Antigua discoteca Drinkking de Sabadell

Antigua discoteca Drinkking de Sabadell Google Maps

Nueva vida

Tras años de naves vacías y degradación, el Ayuntamiento de Sabadell impulsó un nuevo plan de usos que busca recuperar el ocio de forma más ordenada y menos masiva.

A diferencia de los macrolocales del pasado como Waka o Paladium, este nuevo modelo apuesta por establecimientos con aforos limitados --de entre 100 y 500 personas-- que convivan con actividades de restauración y servicios, intentando resucitar el espíritu festivo del Vallès pero bajo un control estricto que garantice, esta vez sí, el descanso de los vecinos de Gràcia.

Bajo el nuevo plan municipal de aforos reducidos, la zona revive con locales como Drinkking, que recupera su nombre histórico en la calle Rocafort, Maloa Club, una apuesta de ocio más cuidada en la calle Boccaccio, y Bliss, un bar musical de formato pequeño que complementa la oferta actual junto a sesiones de tardeo nostálgico.