Los narcopisos de Barcelona funcionan como un reloj. Así se desprende de un informe de la Fiscalía sobre el desmantelamiento de una organización que controlaba ocho inmuebles y un local desde el que se distribuían drogas. La organización que los hacía servir, perfectamente jerarquizada, estaba compuesta por 17 personas, entre las que predominaban ciudadanos de la República Dominicana (la mayoría de ellos con residencia legal en España), aunque también había ciudadanos españoles y de Italia, Gambia, Polonia y Guinea. 

Por primera vez, se detalla en profundidad el funcionamiento de estos inmuebles, cómo se distribuyen las tareas, cómo de interrelacionan entre sí los miembros de la banda y cómo ofrecen sus servicios, con los precios finales de las drogas que reparten. Las modalidades de venta son dos: en determinados inmuebles o locales, la droga es take away, es decir, para llevar. En otros narcopisos, es obligatorio consumirla allí mismo.

Según el fiscal, la banda distribuía desde los pisos cocaína, crack, heroína y MDMA, aunque de vez en cuando vendían también hachís o marihuana. En otras palabras: tocaban todos los palos de la distribución de droga. El relato del Ministerio Público es estremecedor: “Los acusados, junto con otras personas, cuya responsabilidad criminal se conoce en otras piezas, (…) conformaron un entramado dedicado a ocupar ilícitamente pisos y locales del distrito [se refiere a Ciutat Vella] con la finalidad de vender sustancias estupefacientes ya en ‘puntos de venta’, lugares donde los consumidores podían adquirir las sustancias y consumirlas fuera, ya en narcopisos, en cuyo interior, tras comprar las sustancias estupefacientes, debían consumirlas obligatoriamente”.

ABIERTO LAS 24 HORAS

La banda se distribuía las tareas delictivas durante las 24 horas del día. Es decir, funcionaba como un verdadero supermercado de la droga sin interrupción, teniendo “trabajadores” tanto para atender a la clientela como para “ir a buscar sustancias estupefacientes en pequeñas cantidades, evitando que se pudieran encontrar grandes cantidades si se acordaba una entrada y registro”. Ése es el escalafón más bajo de la organización.

En un nivel superior de la organización se encontraban los responsables de los pisos. “Eran las personas encargadas de controlar la cantidad y necesidad de droga en cada momento, informando a sus superiores, dando órdenes y controlando a los trabajadores, llevando la contabilidad de las ganancias económicas, recaudación de dinero y hacerlo llegar a sus superiores”.

Por encima de ese estrato se hallaban los jefes de domicilios, que eran los encargados del control de la actividad de los narcopisos, de recaudar las ganancias, de la resolución de conflictos y de buscar nuevas viviendas para abrir otros centros de distribución. También formaban parte de la banda los suministradores, que “cocinaban” la droga en lugares fuera de los narcopisos.

LENGUAJE EN CLAVE

“Para dar las oportunas instrucciones, los jefes de domicilios mantenían continuo contacto telefónico con el resto de miembros del colectivo”, dice el escrito del fiscal. Y subraya que todos ellos “se mostraban muy cautelosos a la hora de mantener conversaciones telefónicas relativas a su ilícita actividad evitando dar datos que pudieran comprometerles y utilizando términos como blanca/o o blando, perico o cocacolas para hablar de cocaína; duro/a o tronchi o cronchi para hablar de crack; marrón, negro, cerveza, café o tostada para referirse a la heroína; material para hablar de droga; o preparando pan para referirse a cortar droga”.

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Los miembros de la banda utilizaban, asimismo, medidas de contravigilancia en sus continuas entradas y salidas de los pisos, como medidas de precaución para evitar ser descubiertos.

Exceptuando a los jefes, los miembros de la banda formaban células o grupos “dentro de los cuales existía la organización arriba referenciadas, relacionándose intrínsicamente unas células y otras, de manera que no se trataba de una estructura estanca, sino movible, según los intereses personales de cada uno de los miembros y según las necesidades apreciadas por los jefes de los grupos”.

Los inmuebles que controlaban se encontraban en las calles de Avinyó (2), en Robador, Joaquim Costa, Carretes, Sant Climent, Valdonzella, Portal Nou y Lleona, donde regentaban la asociación cannábica Grandmother’s House. La banda estaba dirigida por dos dominicanos con residencia legal en España, ambos con antecedentes penales por tráfico de drogas.

TODOS FUNCIONAN IGUAL

En los registros domiciliarios que se efectuaron (tanto los narcopisos como los domicilios particulares de miembros de la banda) se encontró fenacetina, un fármaco utilizado como precursor en la elaboración de cocaína. También se encontró levamisol, que se utiliza como adulterante de la cocaína, agregando peso y volumen a la cocaína en polco. El gramo de coca, heroína y MDMA se vende, en el mercado negro, a 60 euros el gramo, mientras que el hachís y la marihuana rondan los seis euros. La Fiscalía pide para los acusados penas de cinco a seis años de prisión para cada uno, así como multas de 40.000 euros por cabeza.

Tras las investigaciones pertinentes, se detectaron otras organizaciones similares que operan en todo el distrito de Ciutat Vella, con la particularidad de que siempre estaban controladas por dominicanos (aunque entre sus miembros había españoles, italianos, mexicanos, colombianos, búlgaros, argelinos, costarricenses o brasileños, por ejemplo): una banda de 13 narcos controlaban otros cinco pisos y un local; una banda de otros seis miembros (dominicanos y españoles) llevaba las riendas de cinco inmuebles, además de otro piso okupado que fue desalojado en julio del año pasado; otra organización de seis miembros, controlaba tres pisos más; otra estructura de dos miembros, controlaba tres pisos; una organización de tres miembros controlaba un local en la calle de Agustí Duran i Sanpere y un narcopiso en Josep Anselm Clavé.

UN PAKISTANÍ CONTROLABA 10 'NARCOPISOS'

La única organización que no estaba controlada por dominicanos (aunque sí había ciudadanos de esa nacionalidad entre sus componentes) es una de nueve miembros, dirigidos por un pakistaní y en la que también había varios ciudadanos de la India, que controlaba 10 narcopisos. La estructura y modus operandi, sin embargo, era exactamente igual que el de las otras bandas.

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