El selfie de cortesía frente a las resplandecientes letras de la entrada del Primavera Sound, como si del cartel de Hollywood se tratara, es quizá el primer indicador de que el macrofestival barcelonés no es solo un escaparate donde exhibir lo mejor del panorama musical. El recinto del Fòrum se convierte durante estos días en una especie de pasarela de moda donde desfilan las últimas tendencias festivaleras siempre a la búsqueda del peligroso equilibrio entre comodidad y estilo. Una balanza que suele declinarse a favor del segundo factor a juzgar por la combinación de purpurina y sudor en las caras de muchos asistentes.  

Los patrocinadores del evento entendieron hace tiempo que este era su mejor escaparate y aprovecharon para sacar tajada. Durante estos días, las grandes marcas de ropa despliegan un séquito de instagramers para lucir sus modelitos durante el evento. Entre el gremio de periodistas abundan los reporteros de revistas especializadas que acuden al certamen a retratar los mejores looks, que van más allá de la practicidad del clásico 'riñonera y chirucas' que reina en la mayoría de festivales que incluyen acampada. El complemento estrella: los tatuajes (de todas las dimensiones, formas, estampas y ubicaciones posibles).

Aunque en el certamen no todo es lucir, también está quien ha venido a dar el cante, sin pretensiones más allá, ya sea disfrazado de conejito, de unicornio o con una careta de Jordi Hurtado. De hecho, el presentador ha hecho acto de presencia por partida doble al colocarse también en una de las pantallas en el concierto de Aphex Twin. Tampoco podían faltar los clásicos ‘foodies’ (una suerte de retratistas de comida) que incluso intentan hacer fotogénico un plato de jamón.

 

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