En 1998, el Barça tuvo entre sus filas a un futbolista nigeriano llamado Emmanuel Amunike. Pasó por el Camp Nou sin pena ni gloria, aunque el entonces técnico azulgrana, el inefable Louis van Gaal, lo había fichado como si se tratase de un pelé africano. Pero de lo que muchos se acuerdan es de que Amunike protagonizó una vez la noticia del día cuando se supo que había sido operado en Los Ángeles (EEUU) de la lesión que sufría impenitentemente en una de sus rodillas, y que en esa operación le habían puesto un menisco procedente de un cadáver. ¿Un futbolista jugando con el menisco de un muerto? Fue la comidilla de la semana, y hubo quien pensó que todo era una falacia. Pero no.

El bueno de Amunike fue uno de los primeros al que se le practicó una técnica que ahora, en Barcelona, tiene cada vez más predicamento: sacar partido de las partes aprovechables de todo cadáver que, previo acuerdo con la familia del finado, pase por el departamento de autopsias. Más aún: el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Catalunya (IMLCFC) se ha convertido en el primer centro de España en extraer tejidos de los cadáveres para ser trasplantados, y prevé que se puedan donar en más del 15% de las 2.600 autopsias que se realizan al año.

Los cadáveres que llegan al IMLCFC para que se les practique una autopsia han empezado a suministrar hueso, tendones, tejido cardiovascular y córneas a pacientes del sistema público de salud, fruto de un convenio pionero con el Banc de Sang i Teixits (BST). Un médico y dos técnicos sanitarios del banco practican las extracciones en un nuevo quirófano en la Ciutat de la Justícia de Barcelona y L'Hospitalet, que desde que abrió, en julio de 2017, ha contado con más de 40 donantes de tejido, el 10% anual en Catalunya.

El perfil del ‘donante óptimo’ de tejidos es el siguiente: varón, 57 años, muerto en accidente o por enfermedad cardíaca. Al ser más joven que el donante de un hospital, permite que haya un mayor aprovechamiento de sus tejidos, ya que con tan solo con un donante se pueden beneficiar más de 100 personas. En 2017 lo fueron 3.300 en toda Catalunya.

Los ‘recambios’ más solicitados son los de prótesis de cadera y rodilla, por desgaste; fracturas por osteoporosis; tumores óseos; reconstrucciones de ligamientos y otras operaciones, aunque también se trasplantan válvulas cardíacas y arterias, piel para grandes quemados y córneas.

PROYECTO DE FUTURO

Se trata de la segunda fase del convenio entre el IMLCFC, el BST, el Servicio de Emergencias Médicas (SEM), el Servei Català de la Salut (CatSalut) y el Hospital Clínic. El director del BST, Esteve Trias, ha explicado que “colaboramos desde el momento en el que el SEM notifica una defunción y un posible donante, tras lo cual el personal del banco en el Instituto de Medicina Legal trabaja junto a los forenses para ver esta posibilidad, contactando con la familia primero para su aprobación, y para consultar si tenía enfermedades que pongan en riesgo la donación”.

El procedimiento utilizado para llevar a cabo un trasplante procedente de una autopsia es el siguiente:

1.- Los forenses analizan el cadáver y descartan riesgos e infecciones.

2.- Se pide el consentimiento del juez y el de la familia.

3.- Forenses y equipo sanitario se coordinan y se procede a la extracción en un quirófano que puede utilizarse como sala de autopsias.

Esteve ha explicado que “la tasa de aceptación de la donación en las familias es superior en las personas a las que se realizan autopsias”, probablemente porque han tenido más tiempo para asumir la muerte. También ha reivindicado la importancia de las donaciones de tejidos, más desconocidas que las de órganos pero muy importantes para pacientes que no tienen más soluciones, como por ejemplo neonatos o jóvenes. El especialista ha añadido que el Hospital de Sant Pau de Barcelona quiere convertirse en centro de referencia para trasplantes de cartílago fresco.

Además de Trias, al acto de presentación del convenio han asistido, entre otros, la secretaria de Relaciones con la Administración de Justicia, Patrícia Gomà;  una joven de 18 años operada con tejido procedente de una autopsia, Georgina Serrano, y el cirujano que la operó, Pablo Gelber.

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