La derrota de la La Roja en Moscú ante Rusia se ha vivido trágicamente en toda España... pero no en Barcelona. El visionado del encuentro en el Camp de l'Àliga -plaza de Alfons Comín- vivió días antes momentos esperpénticos, con tres cambios de actitud del Ayuntamiento de Barcelona en menos de 24 horas: ahora no, ahora sí, ahora no...Y, eso: al final, NO. Las razones ya se habían explicado en estas páginas. Así que tendremos que esperar a mejor ocasión para que los barceloneses que se sienten identificados con la Selección Española de Fútbol puedan volver a disfrutar de ella como les gusta: en grupo y con pasión.

Seguro que Ada Colau y su equipo de gobierno en Barcelona se han quitado un peso de encima en este Mundial... Pero que conste para la historia que no se merecen ningún aplauso, como tampoco la selección rusa, que no jugó a nada desde el principio de la segunda parte y que lo fio todo a los penaltis. Y, ya se sabe, en esa tanda puede pasar de todo: como que el equipo que más busca la victoria durante el partido se vaya a casa sin merecerlo. Sobre todo si el VAR (la revisión de las jugadas dudosas) parece estar instalada en el Kremlin...

España no mereció perder, pero tampoco supo ganar. Esa es la verdad. El equipo del improvisado seleccionador Fernando Hierro lo intentó todo, pero Rusia se encerró en su línea de retaguardia y no permitió que el juego de ataque español se impusiese a la defensa numantina de los rusos.

A lo largo de los 90 minutos del tiempo reglamentario y de la prórroga (30' más), España dispuso del balón -sin profundidad suficiente- mientras Rusia armaba una línea defensiva propia del mariscal Zhukov ante las tropas de Von Paulus en Stalingrado, con sus once hombres haciendo frente en su territorio a los casi siempre infructuosos intentos de la vanguardia española, que tocaba y tocaba pero no encontraba huecos. El autogol de Ignatiev (con colaboración de Sergio Ramos) elevó a La Roja y propició un tiqui-taca español, en plan línea de ataque de balonmano, en busca del 2-0, con Rusia derrochando físico y saliendo rápidamente a la contra.

Si embargo, fue en un córner cuando las torres rusas propiciaron un error infantil de Piqué, que 'se dejó' el brazo izquierdo atrás para que el balón lo tocase: penalti justito, y 1-1. Resultado con el que se fue a la segunda parte, con todo abierto y Putin satisfecho, se supone, aunque sin aparecer físicamente por el palco en el que sí se encontraba el Rey de España. Todo un alarde de diplomacia...

La segunda parte y toda la prórroga, ya sobre una tormenta de agua, fueron más de lo mismo: España percutiendo insistentemente contra diez hombres de blanco que, cuando recuperaban el balón, lo lanzaban desesperadamente a Vladivostock (está en Siberia, por cierto)... Rodrigo, que entró de reserva, tuvo el 2-1 en sus botas, pero el portero ruso lo evitó. Akinfeev, ese guardameta, acabó siendo el hombre del partido, porque, al final, en la tanda, detuvo dos penales, de Koke y Aspas, para dar el pase a una Rusia ramplona, que se dedicó a defender y a esperar a esa especie de 'muerte súbita' que le ha dado el pase a cuartos de final de su Mundial. Injusto visto lo visto; pero, como decía Boskov: “Fútbol es fútbol (¿!)”.

HASTA LA PRÓXIMA PANTALLA

Volviendo a la polémica de la pantalla gigante en Barcelona, sus organizadores, 'Barcelona con la Selección', acabaron rechazando las 'stalinianas' condiciones que les imponían Ada Colau y su gobierno. La plataforma había solicitado poder seguir el partido de La Roja en el Camp de l'Àliga, al igual que ocurrió en el primer partido de la competición, el España-Portugal, pero al final desecharon entrar en el 'juego' del consistorio.

Los planes de la plataforma eran repetir este domingo, 1 de julio, con el encuentro de octavos de final contra la selección anfitriona. Pero el Ayuntamiento de Barcelona impidió, de entrada, organizar de nuevo el evento. Sin embargo, horas después de desvelarse esa prohibición, el gobierno municipal de Colau dio marcha atrás y 'filtró' que sí permitiría instalarla.

Los barceloneses sólo han podido presenciar juntos el España-Portugal / MIKI



El problema es que ese 'NO' inicial había abortado decisivamente la idea: los organizadores ya habían avisado a sus proveedores que se cancelaba la convocatoria. Además, el problema era que ya no podían presentar con 72 horas de antelación el Plan de Autoprotección que los Mossos d’Esquadra exigen a todo evento con alta participación de personas. Así que la negativa del Ayuntamiento de BCN impidió que quienes lo deseaban pudiesen ver el partido en pantalla gigante... pese a ese posterior 'sí' tardío, falso y lamentable.

Muchos barceloneses pretendían seguir en Rusia 2018 a La Roja, ganase o cayese. España ha perdido, vale, pero, como mínimo, tenían derecho a lamentar/llorar juntos esa derrota. Sin embargo, Colau y los suyos no les han permitido ni eso...

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