Los robots son un clásico de la ciencia ficción, tanto en la literatura como en el cine. Desde que el escritor checo Karel Capek acuñara el término en las primeras décadas del siglo XX para describir unas máquinas trabajadoras o serviles, han protagonizado infinidad de novelas y películas con diferentes roles, desde unos fieles escuderos del ser humano (no nos referimos a Sancho, que era de carne y hueso, pero sí a los míticos C3PO o R2D2 en Star Wars, por ejemplo) a aniquiladores de la humanidad, véase Blade Runner o Terminator.

Estos alegatos más catastrofistas han hecho a muchos desconfiar de la robótica cuando su aportación es ya una realidad en muchos ámbitos de la vida. Y, al menos de momento, sin consecuencias tan devastadoras como las planteadas en la ficción.

El ámbito sanitario no se escapa de tales avances y en los quirófanos comienzan a incorporar sistemas robóticos preparados para aumentar la precisión y seguridad de los actos quirúrgicos y “minimizar el riesgo de fallo humano”, según señala el doctor Bartolomé Oliver, neurocirujano del Instituto Oliver & Ayats del Centro Médico Teknon de Barcelona, que desde hace unos años trabaja con robots para sus cirugías de cráneo y columna.

RASTREAN EL CEREBRO CON PRECISIÓN SUBMILIMÉTRICA

Una de las áreas donde ya “operan” los robots es la epilepsia, una de las enfermedades neurológicas más frecuentes que en un 20-30 por ciento de los casos no puede curarse con fármacos. En estos pacientes, el sistema robótico esterotáctico ‘Neuromate Renishaw’ permite colocar entre 7 y 20 electrodos dentro del cerebro para determinar la zona exacta que causa las crisis epilépticas y extirparla con precisión submilimétrica, sin riesgo para la función cerebral. “La técnica final siempre la hace el neurocirujano, pero el robot nos marca la dirección y profundidad adecuadas”, explica el especialista. Esto ya se hacía sin robótica pero, según cuenta Oliver, “el número de puntos del cerebro que se podían estudiar y la precisión era mucho menor”.

Los doctores Ayats y Oliver, neurocirujanos especialistas en el trabajo con robots / QS



Ahora, gracias a este robot, se delimitan con precisión las zonas cerebrales a resecar dentro de los lóbulos temporal y frontal izquierdos, además de comprobar por estimulación que se pueden extirpar sin afectar funciones cerebrales. Y los resultados son altamente gratificantes: más del 80 por ciento de los pacientes con epilepsias lesionales del lóbulo temporal y con menos de 2 años de evolución de su enfermedad se encuentran libres de crisis después de la cirugía.

Pero el ‘Neuromate Renishaw’ no solo opera a pacientes con epilepsia, también se ha adentrado en el cerebro de pacientes con Parkinson, algo en lo que fue pionero el Oliver & Ayats Institute. En estos casos, la implantación de electrodos permite a los enfermos controlar mejor sus movimientos y el robot permite “un aumento de la precisión respecto a las técnicas clásicas”.

“Tras someter el cerebro del paciente a una tomografía axial computerizada (TAC), el robot localiza las coordenadas exactas donde colocar los electrodos, uno a cada lado del cerebro, con un margen de error inferior a 0,3 milímetros, mucho menor al que se consigue en una operación manual”, apunta el doctor Bartolomé Oliver.

LOS ROBOTS TAMBIÉN SE ATREVEN CON LA COLUMNA

Pero el cerebro no es la única parte del cuerpo para la que los robots se han preparado quirúrgicamente. El Oliver & Ayats Institute también cuenta en su equipo con el sistema robótico Renaissance, pionero en España y el único existente en el sur de Europa, que permite guiar al cirujano en los implantes de columna con mayor precisión y menor exposición a la radiación. Y lo que es más importante, el riesgo de fallo humano prácticamente desaparece, cuando con la cirugía convencional hay problemas de malposición de prótesis en hasta un 15-20% de los casos.



El robot Mazor se utliza en operaciones de espalda / QS

Su uso ha demostrado ser especialmente útil en la cirugía de la escoliosis, la corrección de deformidades de columna y para operar fracturas vertebrales, entre otras patologías. En estos casos, añade el neurocirujano Emilio Ayats, se hace un TAC lumbar antes de la cirugía para la planificación, que es trasladada al robot en quirófano que va fijado de forma estable a la columna del paciente. “Esto permite al robot desplazarse a lo largo de las vértebras de forma individual y llevar a cabo el guiado para la colocación precisa y fiable del implante”, según explica.

Ambos doctores coinciden en que el uso de los robots en el campo de la neurocirugía irá en aumento en los próximos años, logrando por ejemplo que instrumentos de visión como un microscopio puedan seguir la mano del cirujano sin tener que movilizarlo. Eso sí, estos avances no alterarán la línea que separa la realidad de la ficción y, al menos de momento, el cirujano no será dominado por la máquina y seguirá teniendo la última palabra.

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