Tras la fase aguda de la pandemia, el mundo empieza a adaptarse a la llamada "nueva normalidad". En el ámbito hospitalario, consultas, hospitales y personal especializado, se ha iniciado el proceso de retomar las visitas y exploraciones, complementarias, diagnósticas y terapéuticas, con total seguridad. Todos los centros han tomado las medidas oportunas para garantizar la asistencia de los pacientes con enfermedad cardiovascular.

Pero no debemos olvidar que el coronavirus SARS-CoV-2 sigue entre nosotros y que los enfermos del corazón deben continuar extremando las medidas de seguridad. El cardiólogo intervencionista y jefe de Cardiología del Instituto del Corazón Quirónsalud Teknon de Barcelona, doctor Juli Carballo recuerda que mientras dure la pandemia, los pacientes con problemas de salud cardiovascular deben extremar las medidas de higiene y distanciamiento social.

¿Tener una enfermedad cardíaca facilita el contagio de Covid19 y/o empeora el pronóstico en caso de contagio? 

Es posible que los pacientes afectos de patología cardiovascular puedan ser más susceptibles de infección por coronavirus debido a una mayor exposición de la enzima conversor de la angiotensina-2 (ECA-2) que es utilizada por el virus como receptor. En pacientes con enfermedad cardiaca estable, la infección por coronavirus es claramente un motivo de descompensación de la cardiopatía. De hecho, pacientes que acudieron a nuestros centros por empeoramiento de su situación de insuficiencia cardiaca mostraron, a los pocos días, datos claros y diagnósticos de infección por coronavirus no sospechada inicialmente.

Los hospitales españoles se enfrentan a una situación sin precedentes que ha alterado la organización de los centros, las agendas, se han aplazado citas, cancelado pruebas, fomentado la teleconsulta o teleasistencia… ¿Cómo se han organizado los servicios de Cardiología para seguir prestando atención a todos sus pacientes? 

Es indudable que la pandemia ha obligado a los hospitales a convertirse, prácticamente, en lo que se ha llamado hospitales Covid. Ello ha obligado a que la Cardiología haya quedado prácticamente restringida a la atención del paciente urgente o inaplazable. Se ha requerido que alguno o algunos de los especialistas del Servicio quedasen apartados de los pacientes respiratorios infectados por el virus para, junto con un equipo de Enfermería y personal sanitario delimitados y excluidos del “circuito” de los pacientes Covid, atender al paciente cardiológico que no podía esperar. Esos equipos han atendido a la urgencia cardiológica, a la visita que necesariamente tenía que ser presencial y también a la no presencial haciendo uso de la telemedicina. Se han realizado también angioplastias en el caso del infarto agudo de miocardio, se han cambiado también los generadores de los marcapasos que estaban agotados o se han implantado marcapasos en paciente con bloqueo cardíaco…

Un estudio de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) muestra que desde que se decretó el estado de alarma ha bajado la actividad asistencial y el número de procedimientos de cardiología intervencionista realizados. Si, como advierten, no es posible que los infartos hayan bajado, ¿es el miedo el nuevo factor en esta ecuación? ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de infravalorar las señales de un ataque cardiaco o de no acudir a una cita? 

Efectivamente, ha quedado manifiesto que el número de pacientes que han acudido a las salas de hemodinámica con carácter de urgencia debido a síndrome coronario agudo o infarto agudo de miocardio han disminuido drásticamente a lo largo de la pandemia. Un factor que ha jugado un papel pensamos decisivo ha sido el miedo por parte de los pacientes en acudir a unos hospitales, que en muchas ocasiones se conocían desbordados por los pacientes respiratorios infectados por coronavirus. Entendiendo que la atención de la urgencia cardiológica podía ser deficitaria y, sin lugar a dudas, el miedo a un contagio por el virus en el propio hospital, han hecho que muchos pacientes soportasen los síntomas poniendo incluso su vida en riesgo al no acudir al hospital. Desgraciadamente, en el caso del infarto agudo de miocardio como enfermedad más emblemática o representativa de la urgencia cardiológica propiamente dicha, el no acudir al hospital puede conllevar muerte súbita, empeoramiento claro del pronóstico aunque se supere el infarto propiamente dicho y, por otra parte, conlleva riesgo en la aparición de complicaciones del infarto agudo de miocardio que últimamente ya casi no veíamos debido a la eficacia de la angioplastia primaria realizada con precocidad.

¿Qué medidas de prevención y seguridad han adoptado los hospitales para proteger la salud de estos pacientes vulnerables que se encuentran ingresados o deben acudir a los centros? 

Hemos intentado por todos los medios que el paciente cardiológico que requirió ingreso hospitalario, o bien el que ha precisado una visita presencial en nuestro hospital en el contexto de la pandemia por Covid, quedase totalmente aislado de los espacios físicos y del personal destinados al tratamiento de los pacientes respiratorios, sospechosos o confirmados, infectados por el virus. Ciertamente esto no ha sido nada fácil pues en las fases álgidas de la pandemia gran parte del personal y de los espacios destinados a hospitalización convencional o de cuidados intensivos han sido ampliamente requeridos por los pacientes infectados por el virus. 

¿Cree que, de alguna manera, la atención a pacientes con hipertensión o cardiopatías ha podido verse mermada o sus necesidades están atendidas?

En el ámbito de la visita clínica, es posible que no se hayan logrado cumplir las expectativas al 100% debido a la falta de efectivos incluso personales (se ha requerido que gran parte del personal tanto médico como de enfermería y auxiliar se dedicasen por completo a los pacientes respiratorios infectados). Hemos de añadir aquí un porcentaje tampoco nada despreciable de bajas en el personal sanitario debido también a contagios. Se ha hecho uso amplio de la telemedicina, que ha sido gratificante y eficaz. No obstante, ha habido visitas que se han tenido que diferir considerando si era factible postponerlas desde el punto de vista médico. 

La OMS advierte de que una falta de atención sanitaria puede aumentar las muertes por enfermedades prevenibles y tratables. Además, se teme un segundo pico de estrés cuando haya que hacer frente a las citas, revisiones y cirugías aplazadas por los confinamientos. ¿Qué escenario vislumbra usted?

Precisamente en este momento estamos diseñando los circuitos de reactivación de todo lo que ha quedado pendiente. Este proceso tiene que ser forzosamente progresivo pues, como mínimo en las fases iniciales, habrá en el hospital un porcentaje de pacientes todavía infectados tanto en la planta de hospitalización como en la unidad de cuidados intensivos. Pero nuestro hospital estará preparado. Asimismo, esperamos un incremento notable de la presión asistencial para resolver todo lo que quedó pendiente de nuestra especialidad junto a la patología aguda que vaya aconteciendo. Tanto el sistema público como el privado, que han aunado esfuerzos en esta pandemia, deberán de nuevo forzar la máquina en el ámbito de la atención cardiovascular. 

¿Qué último mensaje o consejo daría a los pacientes con hipertensión o enfermedad cardiovascular?

El mejor consejo que podemos dar a estos pacientes es el de no desatender cualquier tipo de atención que requiera su salud cardiovascular tanto en el ámbito de la prevención como en el del tratamiento propiamente dicho. Las consultas, los hospitales y el personal especializado están a su disposición para retomar las visitas y realizar las exploraciones complementarias tanto diagnósticas como terapéuticas con total seguridad. Todos los centros han tomado las medidas oportunas para poder garantizar la asistencia del paciente cardiovascular aunque se sigan atendiendo pacientes respiratorios infectados. 

 

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