Los movimientos son lentos y cautelosos. Enfundado en un aparatoso traje blanco que le cubre de la cabeza a los pies, Albert Vallejo traslada las muestras infectadas con Covid-19 en un doble contenedor sellado. En el laboratorio de bioseguridad de nivel 3 del Gladstone Intitutes, en San Francisco (EEUU), la concentración es máxima. Desde el pasado marzo, este barcelonés de Nou Barris trabaja con un equipo de 20 científicos con un objetivo: descifrar el comportamiento de un virus aun muy desconocido.

Vallejo (32 años), graduado en Bioquímica y doctorado en Biomedicina por la Universidad de Barcelona (UB), aterrizó en la ciudad californiana con 29. Su trabajo consiste en "hacer crecer" el coronavirus, cultivarlo y aumentar su producción. Con ello, consigue un "stock" de virus importante que permite experimentar con diferentes tejidos y muestras, analizando la reacción en cada caso.

'TODOS QUEREMOS APORTAR ALGO'

"Hay muchas preguntas sin respuesta. Cada investigador que colabora con nosotros le interesa un aspecto diferente. Por ejemplo, el pulmón tiene muchos tipos de células. Nosotros infectamos diferentes células para saber qué comportamiento tienen. Además del pulmón, el virus también afecta al intestino. Hacemos lo mismo con células de éste órgano", sintetiza.

Albert Vallejo, fotografiado en las instalaciones del Gladstone Institutes 



Adscrito a la Universidad de California San Francisco (UCSF), el Instituto Gladstone es un centro de investigación científica con 600 trabajadores. Con 25 laboratorios y 82 millones de dólares de presupuesto, el centro se ha volcado en una lucha contra el virus que también es internacional. "Todos queremos aportar nuestro granito de arena. Aquí intentamos entender como funciona el virus, como se replica, qué células infecta, qué les ocurre a estas células en función del órgano que afecte, etc. Si entendemos esto, podemos aprovechar este conocimiento para elaborar fármacos contra él", ilustra.

UN CAMINO PARA LA VACUNA

La meta final de Vallejo no es encontrar una vacuna. Pero su trabajo y el de su equipo puede abrir caminos para que los colosos de la medicina, como las grandes farmacéuticas, elaboren algunas de las vacunas que ya se están empezando a probar en humanos. Ahora, la carrera científica más frenética lidia con la rigurosidad de sus investigadores y la precaución con un virus altamente contagioso. Lo que en condiciones normales lleva dos minutos, en el laboratorio de nivel tres, donde se manipulan virus infecciosos y potencialmente mortales, se alarga media hora.

A pesar de tener experiencia en un laboratorio similar, Vallejo se pasó las primeras semanas pegado a un investigador experimentado sin tocar nada, capturando los movimientos y su proceder meticuloso en esta sala con presión negativa, que evitaría una fuga del aire hacia el exterior en caso accidental. "Es un poco incómodo. Si te pica la nariz no puedes rascarte y, en ocasiones, te ves obligado a esperar una hora por unos resultados. En condiciones normales harías otra cosa, pero no vale la pena cambiarte el traje y ponértelo de nuevo", explica.

RAPIDEZ VS RIGOR

"La ciudadanía nos pide que actuemos rápido, pero la ciencia, si ya es lenta de por sí, ahora más. Tenemos una batalla interna entre hacer las cosas bien hechas y aportar el máximo conocimiento posible para que otras instituciones puedan aprovecharlo", sigue.

El centro de investigación científica de la Universidad de California San Franisco, con la bahía de fondo / GLADSTONE INSTITUTES  



Antes de que el estallido de la pandemia desviara las prioridades de su equipo, este vecino del barrio de Vilapiscina i la Torre Lobeta investigaba el virus de la sida. Tras obtener un Premio Extraordinario en la carrera y un Cum laude en su doctorado, inició su investigación sobre el sida durante el post grado, ya en San Francisco, en la que descubrió que una proteína reactiva el virus latente en el cuerpo del enfermo. El hallazgo de Vallejo, según el propio Gladstone Institutes, "abre nuevos ángulos para abordar la infección por VIH" y transmite información nueva que puede conducir a encontrar, definitivamente, una cura.

INVESTIGACIÓN COLABORATIVA

Desde una de las capitales tecnológicas mundiales, la cara negativa del "boom" informativo surgido al calor de las múltiples investigaciones sobre la Covid-19 son las posibles informaciones erróneas y poco contrastadas. Sin embargo, los enormes esfuerzos entre instituciones y países también favorecen una fluida coordinación y comunicación de conocimientos. Si durante su trabajo con el VIH Vallejo tenía dos colaboradores, el proyecto de su equipo sobre el coronavirus cuenta con una veintena de investigadores que van cambiando continuamente, en una permanente lluvia de ideas que enriquece el trabajo. 

Google y la gigante farmacéutica Gilead colaboran con la empresa de Vallejo ubicada a una hora en coche de Silicon Valley. En la cuna de las principales empresas tecnológicas fueron los primeros en mandar a sus empleados a casa a principios de marzo. Muchos trabajadores regresan a sus lugares de origen para continuar teletrabajando, una situación que está provocando una caída del precio de los alquileres en una de las ciudades con el precio por habitación más caro del globo.

DINERO PARA LA CIENCIA

Vallejo destaca el "volumen increíble de dinero" que EEUU destina a la investigación científica. "En Barcelona siempre debíamos regatear los costes. Aquí, se te proporciona lo que necesites en material y tecnología para intentar responder a las preguntas que se generan", compara. A pesar de la falta de de apoyo, las investigaciones españolas tienen eco y resuenan en los simposios de San Francisco. "Hay estudios españoles que se ponen como referencia. Al ser uno de los países más afectados, existe mucha atención sobre lo que se hace en España".

Albert Vallejo, en un parque de la ciudad de San Francisco



Seis meses de investigación empiezan a dar los primeros resultados. El equipo de Vallejo ha descubierto, por ejemplo, que algunos compuestos probados en el laboratorios evitan la replicación del virus. Además de infectar diferentes tejidos con el coronavirus, este barcelonés también trabaja en un proyecto propio recabando información sobre la interacción del virus en las células del pulmón.

En California, la población sigue confinada y algunos bares empiezan a desplegar sus terrazas. "Podemos salir a la calle, hacer deporte, pero todo está cerrado", describe este investigador, que se siente un privilegiado por participar de un momento histórico en términos científicos. "Nos encanta lo que hacemos.También somos conscientes de que no estamos en la primera línea de la lucha contra el virus. No somos médicos ni enfermeros. Nuestro trabajo es igual de importante que el de las personas que limpian la basura que generamos con nuestros experimentos. Sin ellos, no podríamos hacer nuestra faena", observa el bioquímico de Nou Barris.

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