Existe en la calle Provença de Barcelona un tramo en el que en la última década han abierto numerosos establecimientos regentados por ciudadanos rumanos. En tan solo 200 metros –en el espacio que va de la calle Nicaragua hasta Entença– trabajan hasta ocho locales con bandera de Rumanía. Un Little Romania, al más puro estilo Little Italy o China Town de otras ciudades, que con los años ha aflorado en el corazón de La Nova Esquerra de l’Eixample.

EL INICIO, UNA EMPRESA DE ENVÍOS

Todo empezó con la apertura, a principios de los 2000, de un negocio de envíos y transporte vinculado a la empresa rumana Atlassib. El local se llama Tabita Tour y está en Provença 38. Expatriados en Barcelona lo visitan diariamente desde cualquier punto de la provincia. Muchos de ellos, para comprar también billetes de autobús hacia su país de origen. Ahí los atiende Elena, una joven de Bacau que llegó a España hace cinco años, cuando tenía 18, en unas vacaciones con su novio, y se quedó porque encontró un trabajo. Los vehículos salen de lunes a domingo de la Estació del Nord y tardan dos días en llegar a Rumanía. “A veces tenemos solo un bus y otras más de diez, depende de la demanda”, explica desde el otro lado del mostrador.

El interior de Tabita Tour, el local donde empezó todo en la calle Provença / DAVID GORMAN



Aunque los pasajes de avión son más baratos y el vuelo mucho más rápido –apenas tres horas, en comparación con las 48 del bus–, algunos prefieren esta opción para cargar un mayor equipaje. “Los billetes de avión cuestan menos, pero llevar maletas es más caro. Aquí el precio incluye hasta 50 kilos de bultos”, cuenta la empleada. “Además, muchos vuelven a casa con regalos para la familia. Luego están los que tienen miedo a volar, que también son unos cuantos [ríe]”. Y algunos de estos compatriotas que frecuentaban la zona empezaron a abrir nuevos locales especializados en Rumanía.

PRODUCTOS TÍPICOS

A menos de diez metros, en el número 40, está Mercatrom, una tienda de alimentación de productos típicos de la gastronomía rumana. Inicialmente se encontraba en L’Hospitalet de Llobregat y fue la primera de este tipo en toda Cataluña. Pero al poco de abrir en 2005 cambió de ubicación y se instaló definitivamente frente a La Modelo. Es propiedad de Crina Nicoleta y Doru Rosu, que se conocieron en Barcelona después de abandonar su país y que aquí han formado una familia. Tienen dos hijos catalanes de nueve y quince años y son dueños de tres locales de alimentación y un restaurante.

Mercatrom, la tienda de la calle Provença especializada en productos típicos de Rumanía / DAVID GORMAN



Cualquier producto rumano está en Mercatrom. Ahí van a comprar muchos compatriotas para llenar la despensa. Tienen un sinfín de embutidos ahumados tradicionales de cerdo, los típicos sarmale –rollitos de carne picada con arroz envueltos en hojas de col– y los dulces más exquisitos de cada región. Mermeladas, compotas, confituras… Tampoco falta la internacionalmente conocida palinca, el licor que se obtiene de la fermentación de frutas como la ciruela o la pera. “Se toma antes de comer y abre el apetito”, señala la dependienta.

Su nombre es Camelia y se trasladó a Barcelona en 2011 por la fuerte crisis económica que atravesaba entonces Rumanía. Su hija se vino más tarde, cuando terminó la carrera; y su marido, un bombero militar con más de tres décadas de servicio a sus espaldas, también se ha mudado después de jubilarse. Son de Iasi, la capital cultural del país, en la región de Moldavia, al nordeste.

Productos típicos de Rumanía en Mercatrom / DAVID GORMAN



OTROS LOCALES

Como ellos, muchos más. Dan se trasladó igualmente a Barcelona y abrió una charcutería con productos de su país, Gustul de Acasa, en la esquina con Entença; y Maria fundó su inmobiliaria, Ohh My House, en el 48 de la calle Provença. Otros siguieron los mismos pasos pero han cerrado durante los últimos meses. Especialmente conocido es el caso de Valentín, que tenía una taberna inspirada en la leyenda del conde Drácula pero que con la crisis ha tenido que bajar la persiana. Tampoco existe ya Gerovital, el centro cosmético donde se vendían las “cremas milagrosas” de la desaparecida doctora rumana Ana Aslan y que ahora se comercializan por Amazon.

Pero esta Pequeña Bucarest que se concentra en dos manzanas de la calle Provença ya se empieza a expandir por otras zonas cercanas. En Rocafort otra familia abrió un taller de costura y en Entença y Sepúlveda hay dos tiendas más de envíos, que son similares a Tabita Tour. En la misma calle Provença pero junto a Comte Borrell, Crina y Doru –los dueños del Mercatrom– pusieron su Restaurant Transilvania en 2012.

Así lucía la entrada de la taberna de Valentín, ambientada en la leyenda del conde Drácula / CRAMA DRACULA



GASTRONOMÍA

“Aquí vienen rumanos a comer los platos típicos, pero nos alegra también que cada vez venga más gente del barrio. Prueban nuestros productos y repiten”, explica ella. Una pared llena de fotos demuestra que son muchos los famosos de Rumanía que han comido igualmente en su local, atraídos por este pedacito de su país en Barcelona. Los exfutbolistas del RCD Espanyol Gabriel Torje y Constantin Galca, el equipo nacional de esgrima y presentadores de televisión y políticos están entre ellos. Clientes que iban buscando el sarmale, los mici –similares a una butifarra– de cerdo y ternera, chiftele –albóndigas fritas– y papanasi –bizcocho relleno de queso y bañado en crema de leche y salsa de arándanos–. Delicias rumanas de la mano de Andrea, la afable camarera de Deva que llegó a la ciudad hace 11 años para un solo verano y se quedó para siempre.

El 'papanasi', el bizcocho típico rumano de Crina Nicoleta y Doru Rosu / RESTAURANT TRANSILVANIA



RUMANOS EN CATALUÑA

Según los datos del Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat) del 2019, los rumanos representan el segundo colectivo más importante de población migrante en todo el territorio, tan solo por detrás de los marroquíes. Son en total 141.502 de norte a sur de Cataluña. Concretamente en la provincia de Barcelona, el total es de 51.365. Ciudadanos que vinieron buscando una nueva vida sin olvidar sus raíces y que ahora han dejado en este rincón de la capital catalana un cachito de Rumanía: la Little Romania del Eixample.

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