La leyenda dice que Sant Jordi salvó a su princesa tras matar a un dragón, de cuya sangre brotó una rosa. El día de los enamorados en Cataluña ha obrado otro milagro en Barcelona. Las calles del centro, tristes y deprimidas por culpa del coronavirus, han rescatado su luminosidad y bullicio en un Sant Jordi tan especial como diferente que ha llenado otra vez la Rambla y los bares y restaurantes de Ciutat Vella.

El día de Sant Jordi de 2021 es un canto al amor y a la esperanza. Miles de barceloneses han desfilado por las principales calles del centro desde las 10:00 horas. En el paseo de Gràcia, las colas para comprar un libro han sido interminables. Unos metros más abajo, las floristerías de la Rambla han vendido miles de rosas, de todos los colores y precios, a jóvenes enamorados y parejas de todas las edades. Por un día, el centro de Barcelona ha recuperado su magia. Su amor a la vida.

Uno de los puestos de venta de rosas de Sant Jordi / PABLO MIRANZO



UNA BOCANADA DE AIRE FRESCO

La Diada también ha supuesto una bocada de aire fresco para sectores como la restauración y el comercio. Estos gremios, severamente afectados por la pandemia, han recibido con jolgorio el aumento de clientes. 

La alegría ha sido mayor para los establecimientos de la Rambla de Barcelona, que, durante meses han observado enfriamiento de la vía. Montse, una de sus gerentes mítico Bar Núria, ha valorado positivamente a Metrópoli Abierta los efectos del día del libro y la rosa: "creemos que va a irnos bien, aunque sin las paradas no será como otros años. De todos modos, la gente ha retomado la tradición", describe la restauradora, que afea que la Generalitat todavía no permita la apertura nocturna a pesar de la "complicada situación" del sector. 

BARCELONA SE ECHA A LAS CALLES

Los kioskos de la vía peatonal también han vivido un déjà vu al ver como sus inmediaciones se llenaban de personas ansiosas por regalar rosas. Ana, la dueña de Plantas H. Benzal, una de las floristerías del paseo, explica a este medio que el bullicio de gente ha sido "toda una sorpresa", mientras atiende de forma frenética. La propietaria ha implorado que esta situación se repita en más ocasiones: "necesitamos que baje más gente a la Rambla". 

A escasos metros del kiosko, la plaza Reial rebosa vitalidad. El espacio reservado a los puestos de libros recibe algunos visitantes, mientras que otros prefieren sentarse en las terrazas bendecidas por el sol. El Ocaña, que ha preferido no contestar a este medio de comunicación por "tener otras prioridades", permanece vacío a la sombra, mientras que su los camareros del rival de enfrente, el Glaciar, van de bólido para atender a toda su clientela. 

Barceloneses con rosas en el centro de Barcelona / PABLO MIRANZO



COLAS Y AGLOMERACIONES

Las interminables colas han sido otra de las imágenes del día. En los recintos del paseo de Gràcia, Ronda Sant Pere, la calle de Aragó, los Jardinets de Gràcia o la plaza Universitat, algunos de los más concurridos, el público lector ha esperado pacientemente bajo el sol a que llegara su turno. Después, de forma ordenada, ha podido visitar los puestos de librerías cumpliendo con las medidas sanitarias. Algunas de las colas han durado más de una hora. 

Los libreros de La Central y La Casa del Libro, dos de las librerías con mayor presencia en la ciudad, se han mostrado orgullosos por el recibimiento que ha tenido el día del libro. "A pesar de que las ventas no sean como las de los años prepandemia, la previsión es muy buena", argumenta Pablo, encargado de uno de los puestos de La Central. 

Grupos de adolescentes, parejas de jubilados, trabajadores que escapan de sus puestos de trabajo para cumplir con la costumbre de comprar una flor o un libro... En definitiva, todo tipo de personas se han echado a las calles para retomar la tradición que el año pasado fue arrebatada por el coronavirus. El reclamo ha sido tan grande que el centro de la ciudad ha vivido auténticas aglomeraciones que pondrán la piel de gallina a las autoridades sanitarias. 

Detalle de una mujer con una rosa en uno de los bancos del paseo de Gràcia / PABLO MIRANZO



ELUSIÓN DE LA PANDEMIA

Ni las cifras de la pandemia ni las advertencias de las administraciones han reprimido las ganas de volver a disfrutar de uno de los días más representativos de Barcelona. Como si la pandemia jamás hubiese existido, la ciudad se ha vestido de gala, ha decorado sus edificios más emblemáticos y ha olvidado por unas horas la dramática realidad

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