Oro, plata, sombra y sol… Dice la letra de un famoso pasodoble que popularizó Rocío Jurado. Pues bien, ese esplendor iluminó en su día la plaza de toros de Las Arenas, porque, aunque cueste creerlo, su construcción, iniciativa del banquero Josep Marsans i Rof, fue una necesidad. Paradojas de la vida, Barcelona, hoy ciudad antitaurina, fue un referente en el mundo taurino con una afición arraigada y fiel. De hecho, es la única ciudad de España que ha tenido tres plazas de toros: El Torín (1834), Las Arenas (1900) y la Monumental (1914). Las Arenas nació para solucionar un problema de capacidad del coso de la Barceloneta, el Torín (1834), que se quedó pequeño y antiguo.

Las Arenas, obra del arquitecto August Font i Carreras, es una joya de diseño neomudéjar levantada en pleno auge modernista. Se utilizaron 2.827.600 ladrillos pichulines para levantar el foso, de 52 metros de diámetro y capacidad para 14.893 espectadores. La plaza contaba con dos tendidos, gradas cubiertas del sol y sombra y, en un piso superior, cinco palcos y asientos de andanada.

INAUGURACIÓN DE LA PLAZA

La inauguración de la plaza, el 29 de junio de 1900, se celebró con una corrida mixta de ocho toros del duque de Veragua, lidiados por Luis Mazzantini; Antonio de Dios Conejito y Antonio Montes, y los rejoneadores Mariano Ledesma e Isidro Grané. De aquella tarde solo queda el recuerdo y Querencioso, el primer toro lidiado, colgada en la pared de la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña.

El 19 de junio de 1977 se celebró la última corrida, con toros de María Antonia Laá, y con los diestros José Manuel Dominguín, Armillita Chico y Tomás Campuzano. Desde entonces, la plaza se reservó para festejos menores, conciertos e incluso mítines. En 1989 el ayuntamiento la expropió con la intención de ampliar la Feria de Barcelona, aunque se desestimó el emplazamiento.

RECONVERSIÓN EN CENTRO COMERCIAL

Y ahí quedó, abandonada hasta que se decidió su remodelación, en el 2003. El 24 de marzo de 2011, Las Arenas resurgió de las cenizas como el Ave Fénix, convertida en centro comercial, de ocio y cultural. El proyecto, del arquitecto Richard Rogers, mantuvo la fachada, aunque sostenida sobre pilares, y añadió una cúpula para cubrir una terraza con espectaculares vistas de Montjuïc.

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