Una figura femenina de rotundas formas y mirada serena vigila la plaza del Consell de la Vila, donde se concentra el “poder político” del barrio de Sarrià, desnuda y armada solo con la manzana que sujeta en la mano izquierda. Es Pomona, la diosa romana de la fruta y la floración… O mejor dicho, la versión que esculpió en bronce Josep Clarà en 1938.

INFLUENCIA CLASICISTA

La diosa formaba parte de los fondos del museo Clarà cuyo cierre, en 1995, llevó aparejada la dispersión de las obras del artista por varios museos y espacios públicos. Así fue como, por azar, Pomona llegó para quedarse a la entrada de la Casa de la Vila de Sarrià, en 1997. La escultura pertenece a la época en la que su autor ya había abandonado la influencia clasicista para lograr un estilo más próximo a la realidad. La obra ganó el premio de la la Bienal Hispanoamericana de Arte de 1954.

La antigua Casa de la Vila de Sarrià, actualmente sede del distrito de Sarrià-Sant Gervasi, es obra del arquitecto municipal de Sarrià, Francesc Mariné. Se construyó en 1895, en el contexto general de mejoras urbanísticas del municipio propuestas por el alcalde Francesc Miralles. El edificio, de estilo ecléctico, guarda en su interior una majestuosa sala de plenos con techo artesonado de madera y también una escalera que comunica la planta baja con la planta noble. En esta planta destacan dos elementos: la balaustrada y un largo balcón con salida a la plaza, soportado con cartelas prominentes.

çAntigua Casa de la Vila de Sarrià, actualmente sede del distrito de Sarrià-Sant Gervasi / INMA SANTOS

CUSTODIA LOS TESOROS DE SARRIÀ

Permitidme un pequeño paréntesis histórico para poder avanzar: en 1267, Jaume I le otorgó al territorio de Sarrià el derecho a tener alcalde, aunque no se constituyó un gobierno municipal como tal hasta finales del siglo XV. ¿Y qué, os preguntaréis? Pues a que, apostada en la puerta principal, Pomona, divinidad relacionada con la abundancia, custodia algunos tesoros guardados a buen recaudo en el interior, como la vara del alcalde –de madera noble y con una anilla en la parte superior de la que cuelga una boya roja y un escudo de Pedralbes grabado en el puño–, símbolo de ese otorgamiento del poder real, y que desde el siglo XIV se encargó de entregar la abadesa del Monasterio de Pedralbes, responsable de nombrar a los nuevos alcaldes.

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