Este mes de mayo se cumplen cincuenta años del nacimiento de la revista musical barcelonesa Popular 1, que lo celebra con un número especial de esos de comprar y guardar. Me alegro por sus fundadores, Bertha M. Yebra y José Luís Martín Frías (que ahora firma Martín Frías y en sus inicios, Martin J. Louis) y por su hijo y heredero, César Martín, que ya lleva un tiempo controlando el día a día de la publicación. Pese a haber compartido hábitat periodístico de jóvenes, tardé décadas en conocer personalmente a Bertha y Martín. Fue hace unos pocos años, en el Margarita Blue de nuestra común amiga Teresa Reyes, y se produjo una simpatía mutua instantánea que me granjeó una suscripción gratuita al Popu y una inmediata amistad virtual en Facebook, gracias a la cual nos vamos dando likes entre nosotros como los supervivientes que somos de una ciudad que ya no es exactamente la misma de nuestra juventud. ¿Y por qué tardé tanto tiempo en interactuar amenamente con Bertha y Martín? La respuesta no puede ser más breve: por prejuicios.

Los hombres con largas melenas son un clásico en los conciertos de heavy metal / DF

Permítanme que me explique. En los benditos tiempos del underground, los que escribíamos en Star o Disco Exprés no acabábamos de considerar de los nuestros a los del Popular 1. Nosotros éramos los auténticamente alternativos, los vanguardistas, los listos. Y ellos eran unos pobres horteras populacheros con alma de groupie y un amor incomprensible y musicalmente incorrecto por el heavy metal. Vista desde la actualidad, mi postura y la de mis colegas del underground no puede parecerme más displicente y más imbécil, pero supongo que así funcionaban las cosas a finales de los años 70 en el universo barcelonés del rock & roll. Tuvieron que pasar cuarenta años para darme cuenta de que Bertha y Martín eran dos personas estupendas, afables y simpáticas que, simplemente, habían experimentado un acercamiento a la música pop ligeramente diferente al mío. Y, en resumidas cuentas, me percaté de que me había tirado cuatro décadas mirando por encima del hombro a una gente con la que daba gusto hablar y que, incluso, conservaba una cierta fe en el rock que a uno cada día le cuesta más mantener (entre otras cosas porque, hoy día, el rock es una música para carcamales y ha perdido la relevancia de antaño). Recordé también, la noche en que me los presentaron, que los había visto a lo lejos durante el festival de Woodstock de 1994 (triste remake del de 1969 al que acudí por cortesía del diario El País) y que a punto estuve de acercarme a saludarlos, pero no lo hice porque aún se mantenían vigentes los mismos prejuicios idiotas de cuando la Transición, según los cuales, por un lado estábamos los cerebros privilegiados del Star y el Disco Exprés y, por otro, los simplones enganchados al heavy metal del Popular 1.

BRINDIS CON VICHY CATALÁN

Ahora que lo pienso, los listos no debíamos serlo tanto, como demuestra el hecho de que Star y Disco Exprés chaparan en 1980 por falta de ventas mientras Popular 1 seguía en los quioscos cada mes, fresco, rozagante y metalero, durante más de cuarenta años, hasta llegar a ese aniversario número 50 que celebra este mes y del que me alegro enormemente, pues en una época en que la prensa de papel se está yendo rápidamente al hoyo, se me antoja muy meritorio seguir contando con una parroquia fiel que, si hemos de hacer caso a las cartas al director de la publicación, compone una especie de familia (puede que algo disfuncional, pero ahí está la gracia) o de fraternidad mucho más amplia que la que conseguimos generar los listillos como yo en las revistas que contribuimos a hundir.

Este texto es una felicitación y también una disculpa. Bertha, Martín, lamento haber perdido tantos años mirándoos por encima del hombro sin más motivo que mi petulancia. Fue un placer conoceros en el Margarita Blue y os deseo sinceramente un feliz aniversario y que cumpláis muchos más. Siento no haberme tomado unas copas con vosotros en Woodstock porque por aquella época todavía bebía. Ahora debo conformarme con brindar con Vichy Catalán por la permanencia del Popu y presentaros públicamente mis excusas, aunque sea con cuatro décadas de retraso. Espero que estéis de acuerdo con esa expresión que asegura que más vale tarde que nunca.

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