Los ascensores, ese invento que tanto ha facilitado la vida a las personas desde su invención. La máquina, que damos tan por sentada hoy en día, supuso una revolución arquitectónica, por lo menos en Barcelona. Y es que hasta principios del siglo XX, existía una cierta segregación de clase en los edificios. Las clases más pudientes vivían en las primeras plantas, pues era más sencillo subir hasta ellas. Las más populares, tenían que caminar hasta el ático.

Desde que estos dispositivos de carga se comenzaron a instalar en los edificios, el paradigma cambió, los áticos se revalorizaron por sus vistas, las grandes terrazas comenzaron a ganar valor y esta situación se ha prolongado hasta la actualidad, en la que los pisos más altos de cada edificios suelen ser, precisamente, los más caros. La capital catalana tiene bien localizados los primeros ascensores que se instalaron en la ciudad.

Casa Burés

El ascensor de la Casa Burés fue uno de los primeros que se colocaron en un edificio. Por detrás del que se colocó en la Monumento de Colón en 1888, con motivo de la Exposición Universal o el del paseo de Sant Joan 84, forma parte de la historia viva de la ciudad y de cómo esta tuvo que repensarse en clave vertical para dar alojamiento a todos los habitantes tanto locales como inmigrantes que se mudaban a la capital catalana.

Un ascensor de principios del siglo XX / CASA BURÉS

Este dispositivo data del 1905 y es una auténtica joya modernista, tal y como lo describe la asociación Casa Burés. Cuenta con una cabina de madera noble tallada, barandas de hierro forjado, puertas de hierro y otros elementos que denotaban su clase a principios del siglo pasado.

RESTAURADO

Curiosamente, el ascensor solo servía para subir, por lo que desde dentro del lugar de carga había un único botón que lo devolvía a la planta baja. Por su parte, todas las puertas de los rellanos están embellecidas con trabajados de hierro, siempre según la página web de la entidad. "La cabina está hecha de madera y tiene un asiento lateral que se ha conservado, asiento que servía para que los usuarios pudiesen descansar mientras el ascensor ascendía, ya que la velocidad no era su mayor virtud", detallan.

"Tanto la cabina como las puertas de los rellanos, embellecidas con trabajados frontales de hierro, estaban decoradas con vidrios biselados", concretan. Ahora, el ascensor ha sido restaurado y cuenta con toda la maquinaria interna para funcionar y al mismo tiempo está homologado por las autoriades. Todo ello respetando el interior, que preserva la esencia de la joya que en su día fue.

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