Ignacio del Olmo, carpinterio de Barcelona en el taller Rosell & Del Olmo

Ignacio del Olmo, carpinterio de Barcelona en el taller Rosell & Del Olmo Òscar Gil Coy Barcelona

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Ignacio del Olmo, carpintero con más de 30 años de experiencia: "Si esto sigue así, en 10 años no habrá oficios"

Después de más de tres décadas en el sector, insiste en que lo importante no es solo el material, sino cómo se realiza el trabajo

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Al bajar las escaleras del local, el sonido metálico de las máquinas y el olor a material recién cortado marcan la entrada al taller. El espacio es amplio, luminoso, con barras de aluminio apoyadas en las paredes, herramientas colgadas en paneles y mesas de trabajo llenas de perfiles y piezas en proceso. En el suelo se acumulan restos de corte y al fondo, varias máquinas para trabajar el aluminio esperan el siguiente encargo.

En la parte superior del local situado en la calle Carrer del Pintor Alsamora, 83 del barrio de Porta en Nou Barris, un pequeño escaparate bajo el nombre " Rosell & Del Olmo" muestra algunos de los servicios que se ofrecen. Abajo, entre herramientas y perfiles metálicos, Ignacio del Olmo, conocido por su gente más cercana como Nacho, recibe cada día a vecinos que se acercan a pedir presupuesto. A sus 55 años, este carpintero lleva prácticamente toda la vida trabajando en el oficio.

Un aprendizaje a base de trabajo

La historia de Nacho en la carpintería comenzó pronto. Con 15 años dejó los estudios y entró como aprendiz en una carpintería de madera. “Yo para estudiar no valía, era muy nervioso”, recuerda. Un año después dio el salto a un taller de aluminio en Badalona, donde empezó a aprender también el trabajo con vidrio.

Igancio del Olmo, carpintero trabajando en su taller en Barcelona

Igancio del Olmo, carpintero trabajando en su taller en Barcelona Òscar Gil Coy

En aquella época, explica, los oficios se aprendían directamente en el taller. “El oficial te enseñaba bien y cogías el hilo del trabajo”, dice. Con apenas 21 años ya era encargado en el taller donde trabajaba en Sant Adrià de Besòs, capaz de fabricar ventanas, pedir material y montar instalaciones completas.

Del empleo al emprendimiento

Tras más de una década trabajando en el mismo lugar, a los 32 años decidió hacerse autónomo. Lo hizo con una furgoneta vieja, una caja de herramientas y el apoyo de sus padres, que le ayudaron a comprar el vehículo. Su trabajo consistía en montar ventanas para otros talleres, un modelo que le daba libertad pero también cierta inestabilidad.

Carpintería de Rosell & Del Olmo

Carpintería de Rosell & Del Olmo Òscar Gil Coy

“Había días que ganaba mucho dinero y otros no ganaba nada”, explica. Durante ese periodo vivió momentos complicados para pagar la hipoteca, especialmente teniendo ya familia. Aun así, continuó trabajando hasta que conoció a quien acabaría siendo su socio.

El salto al taller propio

A mediados de los años 2000 comenzó una nueva etapa al entrar en un taller de aluminio en Barcelona. Allí consolidó su experiencia y, con el tiempo, ambos socios terminaron comprando el local en el que trabaja actualmente. “Era un taller muy grande y decidimos apostar por él”, recuerda.

Hace ocho años su socio se retiró y Nacho se quedó al frente del negocio. Desde entonces dirige el taller en solitario, con una filosofía clara: trabajar para clientes particulares y del barrio, manteniendo un trato cercano. “Siempre hemos querido dar el teléfono y atender a la gente directamente”, explica.

El valor del trabajo bien hecho

Después de más de tres décadas en el sector, Nacho insiste en que lo importante no es solo el material, sino cómo se realiza el trabajo. Recuerda cómo en sus primeros años aprendió técnicas muy cuidadas, como forrar las ventanas con chapa de aluminio adaptada manualmente para lograr acabados más precisos.

Ignacio del Olmo en el taller

Ignacio del Olmo en el taller Òscar Gil Coy

“Ahora muchas veces ves chapuzas”, afirma. Según explica, hay profesionales que resuelven instalaciones improvisando soluciones rápidas, algo que para él refleja la pérdida de ciertos estándares del oficio. Para Nacho, la diferencia sigue estando en la experiencia y el cuidado en los detalles.

Un sector sin relevo

Uno de los temas que más le preocupa es la falta de relevo generacional. Según explica, cada vez es más difícil encontrar jóvenes que quieran aprender oficios como la carpintería, la fontanería o la albañilería.

En su opinión, la causa está en parte en la falta de promoción de estos trabajos. “Si en la televisión o en el colegio no se fomenta que trabajar en un oficio puede tener futuro, la gente no lo va a querer”, señala. También critica que, según él, las instituciones no facilitan la vida al pequeño empresario.

El futuro del pequeño taller

Del Olmo cree que el sector puede cambiar mucho en los próximos años. En su visión, el modelo tenderá cada vez más hacia empresas grandes, mientras que los talleres pequeños irán desapareciendo progresivamente. "Si esto sigue así en 10 años no habrá oficios", asegura.

Ventanas del taller de Rosell & Del Olmo

Ventanas del taller de Rosell & Del Olmo Òscar Gil Coy

Además añade: “Esto es como una pirámide”. A su juicio, si los negocios familiares no encuentran continuidad y los hijos no quieren seguir con la empresa, muchos acabarán cerrando. “Hay talleres con 50 años abiertos que se jubila el padre y el hijo vende el negocio”, cuenta.

Entre la experiencia y la incertidumbre

A pesar de las dificultades, Nacho sigue disfrutando de su trabajo. Recuerda con orgullo algunos proyectos recientes, como una vivienda en Guadalajara para la que fabricó e instaló once ventanas, persianas motorizadas y mosquiteras en apenas unos días.

Pero más allá de los grandes encargos, lo que más valora son los momentos cotidianos del oficio: salir temprano hacia una obra, trabajar con compañeros y compartir la jornada. “Muchos de los mejores recuerdos que tengo son trabajando”, dice.

Ignacio del Olmo trabajando en el taller

Ignacio del Olmo trabajando en el taller Òscar Gil Coy

Entre perfiles de aluminio y máquinas en funcionamiento, Nacho continúa cada día en su taller. Mientras corta material y revisa encargos, observa cómo el oficio que aprendió siendo adolescente se enfrenta ahora a un desafío distinto: seguir existiendo cuando falten quienes lo aprendan.