La Tani en su escuela de flamenco de Nou Barris

La Tani en su escuela de flamenco de Nou Barris Òscar Gil Coy Barcelona

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La Tani, la exitosa bailaora de 70 años que da clases en Nou Barris: "El flamenco es nuestro modo de vida, mi hija vive de bailar y de la escuela"

Con más de 60 años sobre unos tacones, la bailaora andaluza imparte clases ahora en su academia de Nou Barris de la mano de su hija Yolanda Cortés

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A punto de cumplir 70 años, Tani sigue enseñando flamenco en una humilde escuela del barrio de Porta en Barcelona. La sala está llena de sillas de esparto, cuadros colgados, trajes de flamenca en la puerta y un espejo que ocupa toda la pared, un reflejo de su vida dedicada al arte.

Su hija Yolanda se encarga ahora de la mayor parte de la enseñanza, pero el nombre de Tani sigue siendo sinónimo de tradición y excelencia.

"Soy una ama de casa"

Son las 9 de la mañana y la academia está en silencio. La escuela, que suele llenarse de guitarras, palmas y taconeos, está vacía. Ese contraste hace que la voz de Tani resalte aún más mientras. “Soy una ama de casa, una madre y nada más”, dice en conversación con Metrópoli relatando su vida familiar y cotidiana.

La Tani durante una clase de flamenco en su escuela

La Tani durante una clase de flamenco en su escuela Òscar Gil Coy

Entre sus hijos y nietos, Tani organiza su día a día: “Cocino mucho para mis hijos, para mis nietos”. La escuela es su segundo hogar, pero su vida sigue estando marcada por la familia.

Nacida en Linares, en Jaén, llegó a Catalunya con apenas cinco años. “Mi infancia ha sido feliz, aunque ha sido bastante pobre. Pero en mi casa hemos sido muy felices”, recuerda. Creció entre La Mina y el Campo de la Bota, entre barracas y cerca del mar, un entorno que contrastaba con su tierra natal. Sus padres eran herreros, trabajadores de la fragua familiar, y su llegada a Catalunya abrió la puerta a la vida artística que Tani desarrollaría.

Primeros pasos en el flamenco

Desde pequeña, Tani y su hermana Isabel destacaban en bodas y fiestas familiares. “Tendríamos seis o siete años. Las dos éramos muy graciosas bailando”, recuerda. La familia notó su talento y las inscribió en una escuela de flamenco en Barcelona.

La Tani durante una clase de flamenco

La Tani durante una clase de flamenco Òscar Gil Coy

Cuando Tani comenzó a mostrar su talento, su madre no podía permitirse pagar las clases para ambas hermanas. Sin embargo, su primer maestro reconoció su entusiasmo y decidió enseñarle gratuitamente cada tarde, sin cobrarle nada. “No te preocupes, yo a la pequeña la enseño gratuitamente”, recuerda Tani con gratitud.

Día tras día, de lunes a viernes, desde los ocho hasta los trece años, ese gesto permitió que su pasión por el flamenco creciera sin barreras económicas, marcando el inicio de una carrera que la llevaría a los mejores escenarios.

Durante cinco años asistió a clases hasta los 13 años, cuando consiguió su primer contrato profesional. “En mi casa económicamente también hacía falta… Nosotros lo aportábamos en nuestra casa”, explica.

Escenarios y grandes figuras

A los 20 años, Tani bailó junto a Manuela Carrasco y Camarón, describiendo esta etapa como la “época dorada del flamenco” en Barcelona. Conocer a Camarón fue un momento imborrable: “Era mi ídolo… me dio un beso, ay, ya no me lavo la cara”, recuerda emocionada.

Vestidos colgados dentro de la escuela de La Tani

Vestidos colgados dentro de la escuela de La Tani Òscar Gil Coy

También actuó en teatros de Suiza, donde fue reconocida y admirada. “Me admiraban mucho… me sentía importante allí”, afirma. Japón le ofreció oportunidades, pero el miedo al avión la hizo declinar esas propuestas. Cada escenario y cada viaje reforzaron su pasión por el arte y consolidaron su reputación como bailaora.

De bailaora a maestra

Dar clases no estaba en sus planes. “Yo lo que quería hacer era bailar… pero una persona a la que debía un favor me ofreció dar clases y acepté”, explica. Con 25 años y embarazada de su hijo Eduardo, comenzó a enseñar en diferentes escuelas, hasta que hace 34 o 35 años decidió abrir su propia academia.

La enseñanza le permitió mantener el flamenco vivo incluso después de dejar los escenarios cerca de los 40 años. “Mientras las rodillas estén fuertes y la cabeza funcione voy a seguir dando clases”, asegura. Para Tani, la interacción con los alumnos “me hace estar más activa” y mantiene su vínculo con el arte que ha definido su vida.

La evolución del flamenco

Tani observa la evolución del flamenco con orgullo. “El baile ha evolucionado mucho… los que empiezan están muy bien preparados”, comenta.

La Tani durante la entrevista con este medio

La Tani durante la entrevista con este medio Òscar Gil Coy

Recientemente, una de sus nietas ganó un premio en un certamen, un momento que la emocionó profundamente: “Lo he visto y me emocioné mucho, lo ha hecho muy bien”.

"Los tablaos funcionan con el turismo"

Tani también observa cómo el flamenco en Barcelona está muy vinculado al turismo. “Los tablaos funcionan mucho con el turismo… gracias a los turistas el flamenco sigue vivo aquí”, explica.

Aunque asegura que la ciudad no tiene la misma intensidad cultural que Andalucía, los visitantes de todo el mundo vienen a ver espectáculos, lo que mantiene los escenarios activos y permite que bailarines y músicos puedan ganarse la vida. “El flamenco ya es patrimonio de la humanidad y todo el mundo conoce lo que es”, añade, subrayando que, sin ese apoyo, muchas escuelas y tablaos tendrían dificultades para sobrevivir.

Una escuela con historia

La academia refleja la historia y humildad de Tani: sillas de esparto, cuadros colgados, trajes de flamenca, un espejo enorme y un pequeño mostrador blanco. Hoy ella da pocas clases, mientras su hija Yolanda se encarga de la mayor parte de la enseñanza.

Una de las clases de flamenco en la escuela de la Tani

Una de las clases de flamenco en la escuela de la Tani Òscar Gil Coy

Alumnos de todas las edades y niveles, desde amateurs hasta profesionales, llegan para aprender. “Antes la gente venía por boca a boca… ahora miran redes y ven una clase”, dice. La escuela se ha convertido en un referente donde se transmiten técnica, disciplina y pasión por el baile.

La mañana cobra vida

Faltan cinco minutos para las 10:00 horas, y el silencio de primera hora deja lugar al taconeo y al flamenco. Poco a poco, las alumnas comienzan a llegar, saludando a Tani como si fueran de la familia. Se colocan las faldas, ajustan los tacones y entran en la sala preparadas para la clase.

Escuela de Flamenco La Tani

Escuela de Flamenco La Tani Òscar Gil Coy

Tani nos cuenta que en la escuela intentan que siempre la música sea en directo, con guitarras y palmas, aunque para ensayar a veces recurren a un viejo radiocaset en una esquina, que reproduce canciones desde YouTube. Cada compás y cada taconeo mantiene viva la tradición que ella comenzó hace más de cinco décadas.

Legado y futuro

Para ella, el flamenco es una herencia familiar y un modo de vida. Sus nietas aprenden con disciplina y respeto, mientras Yolanda mantiene la escuela viva. “Mi hija ahora mismo vive de bailar y vive la escuela… pasará un poco de generación en generación”, explica.

Desde Linares hasta La Mina y ahora en Gran Vía de Barcelona, la vida de Tani ha estado marcada por el flamenco. “Moriré con las botas puestas”, asegura, con la pasión intacta y las generaciones futuras ya bailando a su lado.