La fuente de Santa Anna de Barcelona en una imagen de archivo
Las dos fuentes más antiguas de Barcelona se esconden en el Gòtic: calles medievales con restos romanos del siglo I
Ambas no solo han sobrevivido al paso de los siglos, sino que siguen siendo puntos de encuentro y memoria en un entorno cargado de encanto
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En el corazón de Barcelona se esconde uno de sus rincones más fascinantes, donde el tiempo parece haberse detenido. El barrio Gòtic, de trazado medieval y alma profundamente antigua, conserva todavía huellas visibles de su pasado romano del siglo I, integradas de forma casi invisible en la vida cotidiana actual.
Pasear por sus callejuelas es recorrer un mapa vivo de la ciudad, donde cada piedra parece contar una historia distinta.
Entre sus muchos tesoros destacan dos de las fuentes más antiguas de la capital catalana: la fuente de Santa Anna y la fuente de la plaza de Sant Just. Ambas no solo han sobrevivido al paso de los siglos, sino que siguen siendo puntos de encuentro y memoria en un entorno cargado de encanto. Rodeadas de iglesias góticas, restos arqueológicos y pequeñas plazas llenas de vida, estas fuentes permiten entender mejor la evolución histórica del barrio.
Las tres caras de la fuente de la plaza de Sant Just de Barcelona
Abrevadero para los caballos
La fuente de Santa Anna data del año 1356 y en su origen era un abrevadero que utilizaban los viajeros que se hospedaban en un hostal cercano para sus caballos. Aunque se mantiene bastante bien su forma original, el paso del tiempo la ha modificado un poco respecto a la original.
El manantial actual tiene cinco costados en lugar de los ocho originales. Además, en 1918 se incorporaron unas placas de cerámica novecentista de Josep Aragay. La decoración representa portadoras de agua con jarrones en las manos. En el año 2002, los jarrones de la parte superior también fueron reformados.
Plaza de Sant Just
La fuente que se encuentra en esta plaza es un valioso testimonio del pasado de Barcelona. Su origen se remonta a mediados del siglo XIV, en torno a 1367, cuando se construyó para aprovechar un manantial descubierto –según la tradición– por el patricio medieval Joan Fiveller durante una cacería en la sierra de Collserola. Este hallazgo permitió canalizar agua hacia la ciudad en un momento en que el abastecimiento era un problema crucial para la población.
Con el paso de los siglos, la fuente ha sufrido diversas transformaciones, siendo la más significativa la reforma de 1831, que le otorgó su aspecto actual de estilo neoclásico. Aun así, conserva elementos originales de su pasado medieval, como las máscaras de piedra y los relieves simbólicos que recuerdan su función primitiva como fuente pública.
Situada junto a la iglesia de los Santos Justo y Pastor, este rincón discreto y cargado de historia sigue siendo hoy un punto de interés que conecta la Barcelona romana, medieval y moderna en un mismo espacio urbano.