Termas / Freepik

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Vivir en Barcelona

El pueblo romano que puedes recorrer a pie en España: con termas del siglo I d.C y vistas únicas desde su mirador

Las mejores termas naturales se encuentran en una ciudad romana de la provincia de la Tarraconense, en la Hispania Citerior, correspondiente a la actual Barcelona

El municipio catalán perfecto para una escapada y recorrer a pie junto al mar: casas blancas y calas de agua cristalina

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España es conocida por su riqueza cultural, paisajística y, sobre todo, por la belleza de sus pueblos. A lo largo y ancho de su geografía, hay pequeños rincones con encanto que atraen a viajeros en busca de autenticidad, tranquilidad y cultura.

Desde las montañas del norte hasta los pueblos blancos de Andalucía, cada rincón del país esconde sorpresas, pero en Cataluña se encuentra uno de los pueblos más bonitos y con mayor historia.

Se trata de Barcino, una ciudad romana de la provincia de la Tarraconense, en la Hispania Citerior, correspondiente a la actual Barcelona.

Un pueblo romano

Antes de la llegada de los romanos, el territorio situado entre los deltas del Besòs y del Llobregat ya contaba con presencia humana, destacando los asentamientos de pueblos autóctonos como los layetanos. La fundación oficial de la colonia, denominada Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino, ocurrió entre los años 15 y 13 a. C. sobre la cima del Mons Taber, un pequeño cerro que dominaba la llanura donde hoy se encuentra la plaza de Sant Jaume.

Este enclave fue elegido estratégicamente por los romanos para establecer una colonia situada entre las prósperas ciudades de Empúries y Tarraco.

La ciudad adoptó la estructura típica de un asentamiento romano, organizada alrededor de un foro central del que partían dos calles principales en forma de cruz: el cardus y el decumanus. El perímetro urbano estaba protegido por una muralla construida inicialmente entre los siglos I y II, la cual fue reforzada posteriormente entre los siglos III y IV para delimitar la ciudad hasta la Edad Media.

Este trazado contaba con cuatro puertas de acceso denominadas Praetoria, Decumana, Sinistra y Dextra, cuyos recorridos aún pueden identificarse en calles actuales como la de la Llibreteria o la del Bisbe.

A medida que Barcino crecía, se consolidó la presencia de grandes familias propietarias que habitaban en ricas domus decoradas con jardines y ornamentos. Gracias a este desarrollo social y económico, la pequeña colonia fue adquiriendo una relevancia política cada vez mayor.

A principios del siglo V, la ciudad ya acuñaba su propia moneda, lo que supuso un vínculo directo con las élites imperiales y posicionó a Barcino definitivamente entre las ciudades de poder de la época.

Las termas portuarias suburbanas

Fuera de la muralla, a los lados de la puerta de mar, se construyeron entre mediados del siglo I y principios del siglo II d. de C. dos conjuntos termales portuarios de carácter público, para varones y para mujeres.

El gran pórtico que daba paso a este complejo servía también para monumentalizar esta entrada en Barcino, que era la más importante de las cuatro que tenía la ciudad.

El funcionamiento de las termas romanas se basaba en un recorrido por una sucesión de espacios a diferentes temperaturas. Además, también podía haber salas de masajes y gimnasios. Del conjunto termal en el que nos encontramos solo se conservan la piscina de la sala fría y restos de alguna estancia, pero en su origen tenía más de 1500 m².

Al encontrarse cercanas al mar, es posible que alguna de las piscinas de estas termas fuera de agua salada.