Jamón cocido / iStock

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Ya es oficial: el jamón cocido y otros fiambres cambian para siempre su calidad alimentaria en 2026

El objetivo de este cambio es reforzar la protección del consumidor, garantizar una información más clara y asegurar que quien compra pueda hacerlo con mayor conocimiento de causa

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El sector de la alimentación en España se enfrenta a una nueva actualización dentro del Real Decreto 142/2026, de 25 de febrero, una normativa que transforma los lineales de los supermercados y exige a los fabricantes un etiquetado mucho más preciso, riguroso y transparente.

Dicha norma tiene como fin regular las condiciones generales técnicas y comerciales que deben reunir los embutidos. El motivo de esta nueva regulación es conseguir la transparencia y seguridad de los etiquetados en los productos para que el consumidor sepa realmente de qué se trata.

Es decir, términos como “natural” o “elaboración artesana” se utilizaban con cierta libertad como reclamos publicitarios, generando ambigüedad.

Qué dice la ley

El objetivo oficial es reforzar la protección del consumidor, garantizar una información más clara y asegurar que quien compra pueda hacerlo con mayor conocimiento de causa.

Porque el etiquetado, en realidad, es una de las herramientas más importantes de comunicación entre quien vende un alimento y quien lo compra.

Y el legislador considera que hasta ahora existían márgenes interpretativos demasiado amplios. Por ello, tiene suma importancia la denominación del producto.

El Real Decreto pretende “adecuar” mejor las denominaciones comerciales a la información que se ofrece en la venta al público y que, cuando el consumidor compre una lata, al mirar los nombres del producto, “no se lleve a engaño sobre su contenido”, según Gandarias.

Por ende, la nueva ley establece criterios objetivos y verificables para estos conceptos, eliminando las "zonas grises" del marketing. Para poder usar esos términos, el producto no puede contener aditivos, ni ingredientes que alteren o procesos de irradiación.

Otro pilar de esta reforma es la trazabilidad y la identificación del producto. Para el jamón y la paleta, se refuerza la obligación de marcar individualmente cada pieza con la semana y el año de entrada en salazón.

La novedad en 2026 es que, incluso cuando el producto se vende loncheado o fraccionado y el marcado físico desaparece, la información debe ser recuperable a través del lote del etiquetado, garantizando que el consumidor siempre pueda conocer el origen y los tiempos de curación.

Además, la normativa oficializa realidades del mercado que carecían de respaldo legal, como el “jamón de pavo”, que tras 25 años de uso comercial ahora es una denominación legal reconocida.

Por el contrario, se elimina el término “mortadela bolonia” para evitar confusiones con la Indicación Geográfica Protegida (IGP) europea, protegiendo así los derechos de los consumidores y la competencia leal entre operadores.