El calendario del básket es muy exigente y propicia las lesiones

El calendario del básket es muy exigente y propicia las lesiones EUROPA PRESS

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Fatiga, microlesiones y presión mental: así castiga la temporada el cuerpo de un jugador de baloncesto

Estudios recientes sobre la ACB y la NBA muestran que las lesiones son cada vez más frecuentes a medida que avanza la temporada, especialmente en jugadores que acumulan muchos minutos por partido y en el tramo final del calendario

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Esta misma semana comienzan a disputarse los Play off de la Liga Endesa, el tramo más exigente y decisivo de la temporada. En este contexto, el Grupo Quirónsalud, Proveedor Médico Oficial de la Asociación de Clubes Baloncesto (ACB) en todas sus competiciones, pone el foco en el enorme desgaste físico y mental que afrontan los jugadores en estas semanas clave del calendario.

El tramo final de la temporada en el baloncesto profesional pone al límite el rendimiento físico y mental de los jugadores. Más de 70 partidos, viajes constantes, entrenamientos y poco tiempo para recuperarse convierten cada mes en una exigencia enorme, incluso para los deportistas mejor preparados. A medida que avanza la temporada, el desgaste se acumula y mantener un nivel alto de rendimiento resulta cada vez más difícil.

Un calendario muy exigente

El calendario actual no da descanso: entre ligas, competiciones europeas, selecciones y desplazamientos, muchos jugadores encadenan partidos de máxima intensidad en pocos días. Esta carga aumenta la fatiga, el riesgo de lesiones y también la presión psicológica, ya que cada encuentro puede decidir el futuro de un equipo. Por ello, cada vez más clubs priorizan la gestión de minutos, la recuperación y el descanso para mantener a sus jugadores competitivos hasta el final de la temporada.

“El cuerpo llega a los playoffs con una carga acumulada muy importante”, explica el doctor Gonzalo Samitier, responsable asistencial de Traumatología y Cirugía Ortopédica y especialista en Medicina Deportiva del Hospital Quirónsalud Badalona, centro que además es el servicio médico oficial del Joventut Badalona. El especialista explica que, cuando llegan los playoffs, músculos, tendones y cartílagos soportan durante meses “miles de ciclos de esfuerzo y una recuperación incompleta”.

Doctor Gonzalo Samitier, especialista en Medicina Deportiva del Hospital Quirónsalud Badalona

Doctor Gonzalo Samitier, especialista en Medicina Deportiva del Hospital Quirónsalud Badalona CEDIDA

El desgaste que no se ve

Aunque desde fuera el jugador pueda parecer en plenitud física, la realidad suele ser otra. “Existe un punto en el que los mecanismos de reparación del organismo ya no consiguen completarse entre partido y partido”, apunta el traumatólogo. Esa situación genera una especie de fatiga silenciosa: el deportista sigue compitiendo a gran nivel, sí, pero con menos margen de seguridad y mucho más expuesto a sufrir una lesión.

En el lenguaje del deporte se habla mucho de las llamadas ‘microlesiones’, pequeñas roturas musculares que aparecen tras esfuerzos intensos y repetidos. En baloncesto ocurren constantemente: en un aterrizaje después de un salto, en una frenada brusca o en un cambio de ritmo explosivo.

“El problema no es que aparezcan, porque forman parte de la adaptación natural del músculo”, aclara el doctor Samitier. La dificultad llega cuando el calendario impide que ese tejido se recupere por completo. Entonces el músculo pierde elasticidad, se vuelve más rígido y tolera peor los esfuerzos explosivos.

Eso explica por qué las lesiones musculares aumentan precisamente en el tramo decisivo de la temporada. Isquiotibiales, gemelos y tendón de Aquiles son algunas de las zonas más castigadas. “El tejido muscular de un jugador en playoffs no es el mismo que al inicio de temporada”, resume el especialista.

La inflamación también juega un papel clave. En condiciones normales, es necesaria para reparar el daño físico. Pero cuando los partidos se encadenan cada 48 horas, el cuerpo entra en un estado de inflamación permanente de baja intensidad. No siempre duele lo suficiente como para detenerse, aunque sí deteriora poco a poco músculos, tendones y articulaciones.

“En medicina deportiva hablamos de sobrecarga acumulada e incluso de síndrome de sobreentrenamiento”, señala el doctor Samitier. El sistema nervioso permanece en alerta constante y el organismo nunca termina de recuperarse del todo. Y ahí aparece el verdadero riesgo.

Señales de alarma antes de la lesión

Hay síntomas evidentes. El jugador salta menos, pierde explosividad o llega tarde a acciones que antes resolvía con facilidad. También se nota en el tiro: las piernas pesan y el lanzamiento se queda corto. Pero, según el especialista, las señales más importantes suelen ser mucho más discretas.

“El aumento del tiempo de reacción, la irritabilidad, dormir peor o esa sensación de pesadez muscular que no desaparece son indicadores muy claros”, explica. Incluso hay detalles casi imperceptibles que preocupan especialmente a los médicos deportivos.

“Cuando un jugador empieza a protegerse de forma inconsciente antes de un salto o un cambio de dirección, el riesgo de lesión se dispara”, advierte. En esos momentos la fatiga afecta a la estabilidad de las articulaciones y hace más lentos los mecanismos de reacción muscular. Por eso los esguinces de tobillo son tan frecuentes al final de los partidos y de la temporada.

El tobillo y la rodilla son, precisamente, dos de las zonas más castigadas en el baloncesto profesional. Los cambios constantes de ritmo y los saltos repetidos someten al tren inferior a una exigencia enorme. “La rodilla del saltador, las lesiones meniscales o las roturas fibrilares suelen multiplicarse en esta fase”, señala el doctor Samitier.

Y rara vez aparecen de golpe. “Casi siempre hay semanas previas con molestias que el jugador minimiza”, añade. El problema es que en plena pelea por el título nadie quiere parar.

La cabeza también se agota

No todo es físico. La presión competitiva, los viajes y el desgaste emocional terminan afectando también al cerebro. Y eso influye directamente en el rendimiento.

“La fatiga cognitiva y la física están mucho más conectadas de lo que pensamos”, afirma el doctor Samitier. La toma de decisiones rápidas, la concentración o la lectura del juego dependen de un sistema nervioso descansado. Cuando eso falla, el jugador no solo rinde peor: también se lesiona más.

El especialista explica que la fatiga mental aumenta la sensación de esfuerzo y reduce la tolerancia al dolor. Dicho de otra manera: el jugador siente que todo cuesta más, aunque físicamente siga respondiendo. Además, aparecen otros factores difíciles de medir, como el miedo a recaer, la ansiedad por rendir o la presión externa.

Por eso los equipos profesionales trabajan cada vez más el aspecto psicológico. Algunos recurren a entrenamientos que simulan situaciones reales de máxima presión, con ruido ambiente o castigos tras errores. También se aplican técnicas para mejorar el diálogo interno del deportista y reducir pensamientos negativos.

“En una fase donde todos los equipos llegan al límite, la motivación y la actitud pueden marcar la diferencia entre ganar o perder”, resume el doctor Samitier.

Recuperarse se convierte en otra competición

En los playoffs, descansar bien casi vale tanto como entrenar bien. Cada detalle cuenta. Los cuerpos médicos trabajan contrarreloj para intentar que el jugador llegue fresco al siguiente partido.

Crioterapia, fisioterapia, compresión neumática, masajes profundos o punción seca forman parte de las rutinas habituales. A eso se suma un control exhaustivo de la alimentación y la hidratación. “La nutrición tiene un papel central en la recuperación”, insiste el doctor Samitier.

Los clubs más avanzados monitorizan incluso la calidad del sueño, la variabilidad cardíaca o la percepción subjetiva de fatiga mediante herramientas tecnológicas capaces de detectar cualquier señal de alarma antes de que aparezca una lesión grave.

El objetivo es sencillo de explicar, aunque muy difícil de conseguir: mantener al jugador competitivo cuando el cuerpo ya empieza a pedir descanso. Porque en el deporte de élite, especialmente en el baloncesto, llegar vivo al final de temporada muchas veces ya es una victoria.

“El objetivo final es siempre el mismo: conseguir que el jugador llegue al tramo decisivo en las mejores condiciones posibles”, concluye el doctor Samitier.