Pals

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Ni Tossa de Mar ni Besalú: este es el pueblo medieval donde sirven el mejor arroz y que todo el mundo debería visitar

Lo que verdaderamente distingue a Pals de otros pueblos medievales es su tradición arrocera

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En el corazón de la comarca del Baix Empordà, en la provincia de Girona, se alza Pals, un municipio que parece detenido en el tiempo y que representa una de las paradas más imprescindibles de la Costa Brava.

Su nombre, derivado del latín palus (terreno pantanoso), hace referencia al entorno que lo rodea, donde los antiguos humedales han dado paso a un paisaje único de dunas y, sobre todo, extensos campos de arroz que definen su identidad y su gastronomía.

Un casco antiguo con mucha historia

El principal reclamo de Pals es su núcleo histórico, conocido como El Pedró. Este recinto gótico, declarado Conjunto Histórico-Artístico, fue restaurado minuciosamente durante treinta años a partir de 1948, tras haber quedado muy deteriorado tras la Guerra Civil.

Pasear por sus callejuelas adoquinadas y pasajes cubiertos es sumergirse en la esencia medieval. Entre sus monumentos destacan la Torre de las Horas, una torre del homenaje románica del siglo XI que alcanza los 15 metros de altura, y la iglesia de Sant Pere, que combina elementos románicos, góticos y barrocos.

El recorrido culmina habitualmente en el Mirador de Josep Pla, un balcón natural que ofrece vistas espectaculares de la llanura ampurdanesa y las islas Medes.

El mejor arroz

Sin embargo, lo que verdaderamente distingue a Pals de otros pueblos medievales es su tradición arrocera. El cultivo de este cereal se remonta al siglo XV, existiendo registros de un molino de arroz ya en el año 1452.

Aunque la producción fue prohibida en 1838 por motivos sanitarios, resurgió con fuerza en 1908 gracias a nuevas técnicas de circulación de agua introducidas por Pere Coll Rigau. Hoy en día, el Arroz de Pals es un producto de prestigio internacional.

No obstante, el pueblo ofrece este manjar en los numerosos restaurantes de la villa o en eventos como la Plantada Tradicional en junio o la Siega en octubre, donde se muestra el proceso manual de los agricultores.

Pals ofrece mucho más que historia y comida. Su Platja Gran, con más de 3,5 kilómetros de extensión, es ideal para practicar windsurf o voley-playa en un entorno de dunas protegidas.

Además, el municipio cuenta con los campos de golf más antiguos de la zona y una oferta cultural que incluye el Museo de Arqueología Submarina en Ca la Pruna. Por su belleza arquitectónica y su excelencia culinaria, Pals es un destino que equilibra perfectamente el turismo activo, el relax costero y la riqueza patrimonial.