La entrada del restaurante 4Gats, en el barrio Gòtic de Barcelona / 4GATS

La entrada del restaurante 4Gats, en el barrio Gòtic de Barcelona / 4GATS

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El refugio de Isabel de Molina para comer en Barcelona: restaurante modernista de cocina catalana con una ubicación privilegiada

El histórico establecimiento, ubicado en pleno corazón del Barri Gòtic, ha dado un giro radical a su estrategia tras décadas siendo un imán para el turismo masivo para reconquistar al público barcelonés con producto de proximidad y alta gastronomía

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Cuando una figura busca un rincón de paz, belleza arquitectónica y, sobre todo, una mesa donde la tradición culinaria se respete al milímetro, no elige al azar.

Ese refugio predilecto de Isabel de Molina para comer en Barcelona, con una ubicación privilegiada y un innegable encanto modernista, tiene nombre y apellidos: el mítico restaurante 4 Gats.

Sin embargo, el local que hoy enamora a paladares exigentes y a prescriptores de estilo no es el mismo que hace apenas un lustro colapsaba a base de flashes y visitantes fugaces.

Las bóvedas de la Casa Martí, diseñadas por el genial Puig i Cadafalch en 1897, han sido testigos de una auténtica revolución silenciosa que ha devuelto el alma al establecimiento.

El despertar tras la pandemia: adiós al modelo turístico

Hablar de este local es repasar la historia bohemia de la capital catalana, un punto de encuentro donde artistas e intelectuales forjaron el modernismo.

Mesas en el restaurante 4Gats de Barcelona / 4 GATS

Mesas en el restaurante 4Gats de Barcelona / 4 GATS

Pero la inercia de su propia fama lo empujó, durante décadas, a convertirse en una parada obligatoria para el turismo internacional. Este modelo, enfocado en el volumen y en el visitante extranjero, demostró su enorme fragilidad cuando estalló la pandemia.

Lluís y Sílvia Ferré, propietarios del negocio desde los años ochenta, se encontraron de frente con un comedor vacío y comprendieron que había llegado el momento de dar un golpe de timón definitivo para salvar la verdadera esencia del negocio.

La estrategia fue clara: dejar de mirar hacia afuera para volver a abrazar a la ciudad. La dirección tomó la valiente decisión de renunciar a las dinámicas impuestas por el turismo masivo. Se acabaron los menús de consumo rápido y los horarios ininterrumpidos adaptados a costumbres extranjeras.

El objetivo principal pasó a ser la reconquista del cliente local, aquel que había dejado de ver al 4 Gats como una opción real para disfrutar de una buena comida. Hoy en día, los datos respaldan esta audaz apuesta, ya que el 90 por ciento de los comensales que se sientan a sus mesas son ciudadanos de Barcelona y del resto de Catalunya.

El interior del restaurante 4Gats / CEDIDA - ALBERTO MEJÍAS

El interior del restaurante 4Gats / CEDIDA - ALBERTO MEJÍAS

La revolución en los fogones y el producto de proximidad

El pilar fundamental de esta transformación ha sido una renovación absoluta en los fogones. Para liderar esta nueva etapa, la familia Ferré fichó al chef David González, un profesional curtido en cocinas emblemáticas de la ciudad como Via Veneto o La Dama.

Su misión ha sido elevar la propuesta apostando por una carta 100% catalana, donde el producto de proximidad dicta las normas.

El compromiso es tal que el restaurante se abastece en gran medida de un huerto propio situado en la comarca del Penedès, de donde llegan los tomates en verano o las coles y calabazas en los meses de invierno.

De la mano de González, los platos tradicionales han regresado al Barri Gòtic con un nivel de ejecución superlativo. Las mesas del 4 Gats vuelven a llenarse de elaboraciones con arraigo, como el capipota con cocochas al pil-pil, las albóndigas con cigala o los exquisitos guisantes del Maresme acompañados de butifarra negra y del perol.

Además, la cocina ha desterrado los atajos: las salsas y reducciones se trabajan de forma individual para cada receta, utilizando colágeno natural y huyendo de espesantes artificiales, harinas o lácteos.

Entrada al Quatre Gats / QUATRE GATS

Entrada al Quatre Gats / QUATRE GATS

Alta gastronomía con un guiño al barrio

Es evidente que este salto cualitativo ha tenido un reflejo en la cuenta final. El ticket medio ha experimentado un ascenso, pasando de los 40 a los 60 euros por comensal, un precio que se justifica plenamente por la calidad del producto y el mimo en las elaboraciones.

No obstante, para mantener ese vínculo diario con el trabajador y el vecino barcelonés, el restaurante sigue ofreciendo un menú de mediodía entre semana con un precio mucho más ajustado.