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Paco, agricultor: "Gano 7 euros a la hora; es el salario mínimo; antes se ganaba mucho más. El margen de ganancia es muy fino"

El jornalero desempeña su labor como tractorista manejando maquinaria que puede costar hasta 50.000 euros, mientras percibe apenas siete euros por hora

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Los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación reflejan que la Renta Agraria ha crecido nominalmente en el último trienio, pero a pesar de ello, la alta inflación y la fuerte subida de los costes de producción y laborales han mermado el poder adquisitivo del sector frente a una década atrás.

Según la revista ‘COAG informa’, si observamos la evolución desde 2003 “se puede concluir que en 20 años el sector ha perdido un 15% de la Renta Agraria en términos reales”.

La realidad del campo español tiene el rostro como el de Paco, un agricultor con más de 25 años de experiencia que hoy sobrevive con el salario mínimo.

La difícil situación económica

En la finca ecológica "La Salada", una explotación de 90 hectáreas equivalente a 45 campos de fútbol, Paco desempeña su labor como tractorista manejando maquinaria que puede costar hasta 50.000 euros, mientras percibe apenas siete euros por hora.

En el canal de YouTube de Archie Ted, el agricultor denuncia la situación económica del sector a la que se enfrentan en cuanto a los salarios y precios. "Cuando empecé ganaba más dinero que ahora", afirma.

Esta situación no es un caso aislado, sino el síntoma de un modelo donde el margen de ganancia es "muy fino".

Pascual Cabedo, dueño de la finca y fundador de la asociación EAP, explica que el agricultor europeo se enfrenta a una competencia desleal. Mientras que en España deben cumplir con normativas medioambientales estrictas, inspecciones constantes y un cuaderno de campo riguroso donde se anota cada acción, el mercado permite la entrada de productos de terceros países que no juegan con las mismas reglas ni soportan los mismos costes laborales y sociales.

Otra brecha: precariedad laboral

La precariedad se ve agravada por la volatilidad de los precios y las inclemencias climáticas. Pascual relata haber sufrido pérdidas de varios cientos de miles de euros tras el paso de una DANA que destrozó sus estructuras, un golpe financiero que pone en jaque la viabilidad de cualquier proyecto de vida en el campo.

A esto se suma que productos básicos son utilizados como "reclamo" por los supermercados; por ejemplo, la sandía ha llegado a pagarse a apenas cinco céntimos el kilo al agricultor, lo que representa una pérdida total frente a los costes de producción.

Ante esta asfixia económica, el sector busca alternativas como la plataforma EAP, que intenta conectar directamente al agricultor con el consumidor final para asegurar un precio justo y garantía de origen. Sin embargo, los grandes supermercados han rechazado históricamente estos proyectos de transparencia.