Lamine Yamal junto a su familia / @hustle_hard_304

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Lamine Yamal (19 años), futbolista: “Durante mi infancia, mi padre tuvo que ir a coger cosas a la calle para poder traer comida a casa”

Su infancia estuvo marcada por una realidad muy alejada de los focos y el éxito mediático que le rodea actualmente

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Lamine Yamal continúa siendo el jugador estrella. Tras ser campeón del mundo con la Selección Española de Fútbol es el futbolista más aclamado. Su camiseta ha sido de las más vendidas durante el mundial.

El joven de 19 años que ya lleva varios años en la élite del fútbol, siempre ha tenido presentes sus orígenes y su infancia, siendo esta una etapa fundamental en su vida. Recordar de dónde vienes para llegar a donde alguna vez soñaste, en ocasiones, no es fácil.

Como el joven ha dado a conocer en varias ocasiones, su infancia estuvo marcada por una realidad muy alejada de los focos y el éxito mediático que le rodea actualmente.

Su infancia sorprende, ya que sus padres tuvieron varias dificultades por las que luchar diariamente. Para él, jugar al fútbol no es lo más difícil, pues como bien afirma: "Mi madre me tuvo con 16 años, eso sí que es presión de verdad".

“Buscarse la vida”

Su madre, Sheila Ebana, originaria de Guinea Ecuatorial, emigró a España siendo adolescente y enfrentó el reto de la maternidad a una edad muy temprana.

Tras separarse de Mounir Nasraoui, el padre de Lamine, cuando el niño tenía apenas tres años, decidió permanecer en Cataluña para asegurar un "mejor futuro para su hijo". Trabajó incansablemente como camarera y cocinera, llegando incluso a solicitar traslados laborales para poder acompañar la carrera futbolística de Lamine en equipos locales.

Por otro lado, la figura de su padre también representa el sacrificio extremo ante la precariedad económica. Yamal recuerda con claridad los esfuerzos que este realizaba para que no faltara lo básico en el hogar, relatando que: "mi padre tuvo que ir a buscarse la vida, ir a coger cosas a la calle para poder traer comida a casa".

Estas vivencias han forjado en el jugador una visión del mundo donde la presión deportiva es secundaria frente a la lucha por la supervivencia que presenció en su hogar.

A pesar de estas dificultades económicas, que incluso provocaron que "de pequeño no estaba apuntado al fútbol porque mis padres no podían pagarle al club", Lamine guarda una visión luminosa de aquellos años.

Él atribuye este sentimiento al escudo protector que supuso su madre, quien logró filtrar las durezas de su entorno. Con gratitud, el extremo explica: "mi madre hacía que yo no viera nada malo, solo lo bonito", lo que le permite afirmar hoy en día que tiene un buen recuerdo de su niñez.