Gabriel Rufián / EFE

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Gabriel Rufián, 44 años: “En mi infancia sufrí, tuve problema con la autoridad y no fue fácil crecer en una familia de izquierdas”

Rufián reconoce que siempre ha tenido problemas con las figuras de poder, una tendencia que se manifestó inicialmente en enfrentamientos con sus profesores y compañeros de colegio

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Gabriel Rufián se ha abierto en canal en varias ocasiones y ha hablado de sus orígenes e infancia.

El catalán ha definido su infancia como una etapa marcada por el sufrimiento emocional derivado de crecer en un hogar con una conciencia social hiperactiva.

En lugar de idealizar su niñez, el portavoz de ERC describe un ambiente familiar de "izquierdas a izquierdas" caracterizado por un sentimiento crítico y un enfado constante frente a la realidad.

Esta situación le obligó a una madurez política forzada, donde a edades tan tempranas como los 8 o 10 años ya conocía nombres de ministros y casos de corrupción antes que la actualidad deportiva de la liga.

"No molas"

Esta inmersión política temprana provocó una desconexión social con sus pares, ya que sus intereses y códigos no coincidían con los de otros niños de su edad. Según Rufián, lo peor de crecer en ese entorno es que "no molas para los otros" y terminas siendo percibido como alguien "excesivamente serio o rígido".

El político relata situaciones de contraste cultural, como acudir a entrenamientos de fútbol escuchando a Víctor Jara mientras sus amigos se burlaban de él, lo que reforzaba su sentimiento de ser un "rollo" para el resto.

Un rasgo distintivo de su infancia, que persiste en su carrera actual, es su conflicto sistemático con la autoridad. Rufián reconoce que siempre ha tenido problemas con las figuras de poder, una tendencia que se manifestó inicialmente en enfrentamientos con sus profesores y compañeros de colegio.

Él mismo teoriza que su inclinación a buscar siempre el conflicto con quien está por encima de él es un resultado directo de su formación y las vivencias de aquellos años.

Su estilo provocador y sus enfrentamientos dialécticos en el Congreso de los Diputados son, en esencia, una extensión de esa identidad forjada en la niñez. Esta forma de actuar le ha valido críticas por ser considerado una figura "teatral", e incluso provocó su expulsión del hemiciclo en 2018 tras una discusión con el entonces ministro Josep Borrell.

A pesar del dolor que le supuso, el político admite que esa crianza le dio una conciencia social profunda que define su carácter contestatario actual.