Victor, de Loterías y Apuestas del Estado las Arenas Barcelona
Víctor, lotero en Barcelona, sobre el margen de beneficio: "Hay que tener vocación, por cada décimo de Navidad solo ganamos 90 céntimos brutos"
El responsable de la administración de lotería de Las Arenas abrió su negocio con solo 22 años y defiende que la pasión por el oficio es clave para sobrevivir en un sector en el que los márgenes son muy reducidos
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La pasión de Víctor por la lotería viene de lejos. Antes de convertirse en lotero en Barcelona, ya conocía el oficio gracias a su abuela, que regentaba una administración en Mancha Real, en Jaén. Durante su infancia, los décimos que ella enviaba a la farmacia de su madre, en la capital catalana, se convirtieron en una manera de mantener el vínculo familiar pese a la distancia.
"Era como una forma de unirme a ella en la distancia", recuerda. Años después, aquella conexión terminó influyendo en su futuro profesional. Cuando el bachillerato empezó a complicarse y tuvo que plantearse a qué quería dedicarse, la lotería apareció como una posibilidad que ya conocía y que, además, le gustaba.
Loterías y Apuestas del Estado las Arenas Barcelona
Había vendido participaciones en asociaciones y recaudado dinero para actividades escolares. La experiencia le había permitido descubrir que disfrutaba con aquella actividad. Sin embargo, convertir esa afición en su profesión suponía dar un paso mucho mayor.
"Esto te tiene que gustar", defiende Víctor, que considera que no basta con buscar una salida laboral para dedicarse al negocio. Para él, es imprescindible tener vocación y estar dispuesto a asumir las dificultades de una actividad con márgenes de beneficio reducidos.
Abrir una administración con 22 años
La oportunidad llegó en el centro comercial Las Arenas, junto a plaza España. Con solo 22 años, Víctor decidió abrir allí su propia administración de lotería. Contó con ayuda puntual de su familia, aunque buena parte del camino tuvo que recorrerlo por su cuenta.
"Me lancé a la aventura", resume. Lo que había aprendido observando a su abuela no le preparó del todo para las exigencias de gestionar un negocio desde cero en Barcelona. Pronto descubrió que la realidad era más complicada de lo que había imaginado.
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"Yo pensaba que esto iba a ser llegar, abrir y empezar", admite. Los costes, los márgenes ajustados y las dificultades para atraer clientes hicieron que los primeros años se convirtieran en un aprendizaje acelerado.
Obras en Plaza España
A las complicaciones iniciales se sumaron las obras de plaza España, que afectaron durante dos años al acceso de peatones a la zona. El cierre de una puerta del metro y los problemas con una escalera mecánica dificultaron el paso de clientes por las inmediaciones del establecimiento.
Después llegó la pandemia, que agravó una situación que ya era complicada. Lejos de abandonar, Víctor decidió aprovechar aquel periodo para replantearse tanto su manera de trabajar como su vida personal.
"Tuve que reinventarme yo primero; al estar yo bien, todo ha estado mejor", explica. Para él, el crecimiento personal terminó siendo también una herramienta para afrontar los retos del negocio.
Una administración que guarda los sueños de sus clientes
Hoy, el establecimiento de Las Arenas reúne décimos de lotería, carteles de premios anteriores y una gran piedra dorada que ocupa un lugar destacado en el local. Algunos clientes la tocan con la esperanza de que les dé suerte, mientras otros mantienen sus propios rituales antes de comprar.
La clientela es diversa. Hay vecinos, trabajadores de oficinas próximas y personas que se desplazan desde otros barrios para comprar sus números. Algunos incluso acuden a diario, una fidelidad que Víctor considera fundamental para mantener la actividad.
Loterías y Apuestas del Estado las Arenas Barcelona
La responsabilidad aumenta especialmente cuando se acerca el Sorteo Extraordinario de Navidad. En esos días, reconoce que le cuesta dormir, consciente de la ilusión que depositan los compradores en cada décimo.
"Almacenas los sueños de miles de personas", afirma. Detrás de cada compra hay expectativas, deseos y, en ocasiones, números a los que los clientes llevan años siendo fieles.
El recuerdo del primer gran premio de Navidad
Uno de los momentos que más recuerda de su trayectoria llegó en 2019, cuando su administración repartió un cuarto premio de la Lotería de Navidad.
Víctor conserva especialmente la imagen de un hombre que había acudido el último día de venta preguntando insistentemente por un número que había soñado. El décimo ya se había agotado. Cuando escuchó el número premiado, el lotero se acordó inmediatamente de aquel cliente y de su insistencia.
Aquel episodio le dejó una huella que todavía recuerda años después. En un negocio marcado por el azar, las historias de los compradores forman parte de la experiencia cotidiana y dan sentido a la relación que se establece entre el lotero y sus clientes.
Él, sin embargo, asegura que no tiene supersticiones concretas. Aunque juega alrededor de 30 números y compra varios décimos de algunos de ellos, no basa su actividad en rituales. Su filosofía combina ilusión y acción: considera que creer en algo no basta si no se da ningún paso para intentarlo.
Conciliar el negocio con la vida familiar
Fuera de la administración, Víctor también afronta una etapa exigente. Tiene un hijo de once meses y espera una niña para febrero. Compaginar la crianza con las largas jornadas laborales se ha convertido en uno de sus principales retos.
La conciliación no siempre resulta sencilla, pero siente una responsabilidad hacia los clientes que llevan años confiando en su establecimiento. La administración exige dedicación constante, especialmente en las épocas de mayor actividad.
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En esos momentos en los que el cansancio pesa, intenta recordarse que no hace falta resolverlo todo de golpe. "Poco a poco", se dice a sí mismo, convencido de que la constancia es fundamental para mantener el negocio y seguir avanzando.
Vender lotería por internet antes de que se generalizara
La adaptación tecnológica también ha sido una parte importante de su trayectoria. En 2015, su administración comenzó a vender lotería para empresas a través de internet, una fórmula que entonces todavía resultaba poco habitual para muchos negocios.
Con el tiempo, y especialmente después de la pandemia, la venta digital ganó protagonismo. Víctor considera que la capacidad de adaptarse a los cambios es fundamental para seguir siendo competitivo y responder a las necesidades de los clientes.
Sin embargo, hay un aspecto del negocio que, a su juicio, limita las posibilidades de crecimiento: las comisiones que reciben las administraciones por la venta de décimos.
90 céntimos brutos por cada décimo de Navidad
Víctor explica que las comisiones de las administraciones se sitúan en el 4% durante la campaña de Navidad y en el 6% en el resto de las loterías. En el caso del sorteo navideño, esto supone que, por cada décimo vendido a 20 euros, el establecimiento obtiene 90 céntimos brutos de beneficio, según detalla.
El lotero considera que un aumento de la comisión navideña hasta el 6% permitiría disponer de más recursos para invertir en tecnología y mejorar los servicios que ofrecen las administraciones.
Pese a las dificultades, continúa al frente de su negocio, con la intención de seguir desarrollando nuevas ideas y mantener la relación con una clientela que ha crecido junto a él. Su experiencia le ha enseñado que detrás de cada décimo hay mucho más que una posibilidad de premio: también hay trabajo, responsabilidad y una vocación que, como él mismo defiende, resulta imprescindible para seguir adelante.