Vista panorámica de la Sagrada Família de Barcelona / ARCHIVO

Vista panorámica de la Sagrada Família de Barcelona / ARCHIVO

Eixample

Barcelona invertirá 10 millones en pacificar el entorno de la Sagrada Família: estudia reabrir calles blindadas tras el 17-A

El Ayuntamiento inicia la reurbanización de 30.000 m² alrededor del templo para gestionar el caos turístico y ampliar aceras, mientras negocia a contrarreloj la solución para la controvertida escalinata de la calle Mallorca

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Con la torre de Jesús a punto de coronar el cielo de Barcelona y el centenario de la muerte de Antoni Gaudí en el horizonte, la Sagrada Família encara su recta final. Pero el monumento no solo crece hacia arriba. También exige espacio a sus pies.

El Ayuntamiento de Barcelona ha puesto en marcha un ambicioso plan urbanístico para reformar el perímetro de la basílica, una operación valorada en 10 millones de euros que busca poner orden en una zona saturada por el turismo y, paradójicamente, podría devolver los coches a tramos que llevaban años cerrados.

El consistorio liderado por Jaume Collboni ha sacado a concurso el diseño para remodelar una superficie de 30.000 metros cuadrados que abarca tramos de la avenida Gaudí y las calles Marina, Provença, Lepant, Sardenya y Sicília.

El objetivo principal es ampliar aceras y reducir la velocidad del tráfico para intentar conciliar la vida vecinal con los 18 a 22 millones de visitantes que, según cálculos municipales, deambulan cada año por los alrededores del templo sin llegar a entrar.

La Sagrada Família en una imagen de archivo

La Sagrada Família en una imagen de archivo GALA ESPÍN Barcelona

¿Vuelven los coches a Provença y Marina?

Una de las novedades más llamativas del pliego de condiciones es la reorganización de la movilidad. Tras años de cierre total mediante maceteros y barreras de hormigón —colocados como blindaje antiterrorista tras los atentados del 17-A—, el Ayuntamiento contempla reabrir al tráfico rodado ciertos tramos, aunque de forma muy restringida.

El plan prevé que los vehículos puedan volver a circular por la calle Provença (entre Marina y Sardenya) y por Marina (de València a Mallorca). Eso sí, la autopista urbana de antaño no volverá: se limitará a un solo carril de circulación de 3,5 metros y un carril bici, eliminando semáforos en favor de pasos de cebra elevados o isletas para obligar a los conductores a reducir la velocidad.

Por el contrario, el tramo de la calle Marina frente a la Fachada del Nacimiento se cerrará definitivamente al tráfico. Las obras de esta primera fase, que ya están en marcha y deberían finalizar en mayo, convertirán la calzada en una extensión peatonal de la plaza de Gaudí, integrando elementos de seguridad mimetizados en el mobiliario urbano.

Imagen de archivo de la Sagrada Família de Barcelona

Imagen de archivo de la Sagrada Família de Barcelona ARCHIVO

La gran incógnita

Sin embargo, hay un agujero negro en el mapa del proyecto: la calle Mallorca. El contrato elude definir cómo quedará la vía frente a la futura Fachada de la Gloria, el acceso principal del templo diseñado por Gaudí. El motivo es la falta de acuerdo sobre la monumental escalinata que la Junta Constructora quiere levantar y que obligaría a demoler hasta dos manzanas de viviendas del Eixample, afectando a decenas de familias.

El concejal del Eixample, Jordi Valls, ha admitido que las negociaciones entre el gobierno municipal y el templo están abiertas, pero ha rebajado las expectativas de un pacto feliz para todos. "Si pensamos que habrá consenso, la respuesta es que no", advirtió Valls, reconociendo que será "imposible" satisfacer por igual a los responsables de la obra, a los vecinos afectados y a las necesidades de la ciudad.

Valls ha asegurado que el Ayuntamiento hará "todo lo posible para reducir las afectaciones" de los realojos, pero ha urgido a encontrar una solución: "En el último medio siglo la Sagrada Família ha crecido hacia arriba y no había prisa, pero a partir de ahora crece hacia un lado. Ya no es una planificación para 50 años, sino un impacto directo para los próximos 12".

Mientras se despeja la incógnita de los derribos, la ciudad intenta adecentar las costuras del templo para que, cuando la obra magna de Gaudí esté terminada, el barrio no colapse bajo su propia fama.