En un rincón del mercado de Sant Antoni, las miradas insinuadoras de algunos hombres se cruzan con frecuencia. Son relativamente jóvenes, de entre 25 y 45 años, aunque también hay mayores que se pasean por la zona. Todo ocurre en un baño público del recinto, concretamente, el que está reservado para los hombres, ubicado en la entrada del cruce entre la calle de Manso y la ronda de Sant Antoni. Allí, a unos pasos de las paradas de fruta, carne y pescado, se practican relaciones sexuales, una situación que indigna y preocupa a empleados y clientes. 

La presidenta de Alimentación del mercado, Maria Masclans, es una de las voces más críticas con estos incidentes. Asegura que se han intensificado en los últimos meses. Al frente de su parada, se detiene unos minutos para atender a este medio. "Tenemos una o dos incidencias de este tipo al día. Son situaciones que no sabemos como gestionar, pero que deben terminar. Aquí vienen familias. No queremos que un niño se encuentre con escenas de este tipo", se queja.

REFUERZO DE LA VIGILANCIA

La alta frecuencia con la que tienen lugar estos episodios ha obligado al mercado municipal a incorporar un nuevo vigilante de 16.00 a 20.00 horas que vigila exclusivamente quien entra y sale de este baño público, usado por centenares de personas cada día. Así lo confirma el Ayuntamiento de Barcelona: "Somos conscientes de que hay usos inadecuados de los lavabos del mercado. Desde hace semanas se ha hecho un refuerzo de vigilancia en los lavabos con una persona de seguridad y una cámara de vigilancia en los accesos", explica una portavoz. 

Masclans recuerda que en el pasado los clientes tenían que pagar para usar el aseo. La puerta conserva la cajita para tragar monedas. La representante de los paradistas, no obstante, descarta eliminar la gratuidad del baño como la solución al conflicto.



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El bazar cuenta con vigilancia privada durante las 24 horas del día: uno se encuentra en el punto de control monitorizando las cámaras de seguridad y otro realiza las rondas por el extenso espacio comercial. Ahora, un tercer profesional se ha incorporado para evitar estas situaciones que perturban y molestan a gran parte a empleados y clientes. 

Antes de entrar en el servicio, varios carteles advierten de la presencia de una cámara de videovigilancia. El mensaje viene acompañado con otro aviso sobre las consecuencias de mantener prácticas sexuales en el interior. "Cualquier comportamiento y/o conducta en el interior que contravenga la normativa vigente será denunciada ante las autoridades pertinentes", se lee en la hoja colocada por el Ayuntamiento.

PETICIÓN AL OBSERVATORIO LGTBI

Desde ADN Sindical, sindicato de la seguridad privada, piden al Observatorio Contra la Homofobia gestionado por el Ayuntamiento que intervenga para encontrar soluciones. De momento, la entidad ha intentado, sin éxito, contactar con el organismo. Desde hace un tiempo, un vigilante vacía el lavabo de gente antes de que entren las trabajadores de la limpieza para evitar algún encuentro indeseable. Estas escenas sí se han dado en el pasado. En octubre, una de estas empleadas se topó en un espacio de tiempo muy corto con tres de ellas.

Las situaciones del mercado recuerdan a las prácticas de cruising, llevadas a cabo generalmente por el colectivo gay en otros espacios como zonas boscosas o apartadas de la ciudad y parques, buscando sexo con desconocidos a partir de un simple contacto visual. Fuentes del consistorio señalan que el gobierno municipal "trabaja y estudia la implantación de nuevas medidas para resolver la situación".

"ES UNA CUESTIÓN DE CONDUCTA SOCIAL"

Masclans también pide implicación del Observatorio Contra la Homofobia de Barcelona. "No es una cuestión de condición sexual, pero sí hay un problema con el colectivo que se debe solucionar. Tendríamos la misma indignación si esto se produjera en el aseo femenino. Nosotros defendemos los derechos de todo el mundo. Cualquiera tiene a alguna persona homosexual en su familia o entorno más cercano. Estamos hablando de un tema de ética y de conducta social. Hay mil lugares para mantener relaciones sexuales, explica la presidenta del sector de alimentación del mercado, que recuerda que a unos pasos se encuentra un cambiador de bebés.

Fachada del Mercat de Sant Antoni en una imagen de este miércoles / G.A



 

Los episodios sexuales denunciados se añaden a los episodios de drogadicción que tienen lugar con frecuencia en este lavabo. Son varios los consumidores de droga que usan este retrete para pincharse. Las trabajadoras de la limpieza se encuentran con regueros de sangre en las paredes del baño y aún esperan que el consistorio y la empresa de limpieza se pongan de acuerdo para incorporar un cubo especial de recogida de jeringuillas.

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