Fotomontaje de dos presos de Quatre Camins

Fotomontaje de dos presos de Quatre Camins METRÓPOLI

El pulso de la ciudad

TikTok desde prisión en Barcelona: móviles, drogas y sanciones mínimas destapan las grietas del sistema penitenciario

Sindicatos penitenciarios alertan de la entrada masiva de dispositivos electrónicos en las cárceles catalanas y de un régimen disciplinario obsoleto que no disuade

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Fútbol, amigos y marihuana. Podría ser la estampa ideal de un joven disfrutando de su etapa vital en cualquier parte del mundo. Pero es la imagen que cada vez más presos de toda Catalunya difunden a través de redes sociales como TikTok.

Lejos queda el concepto de la cárcel como un complejo blindado en el que introducir un teléfono móvil o drogas podía acarrear graves consecuencias a los internos. Hoy, la realidad que muestran las redes sociales apunta a un sistema desbordado, en el que quien no tiene un dispositivo electrónico parece haberse quedado atrás.

Cárcel de Quatre Camins, una de las cárceles catalanas donde se han producido más agresiones / GOOGLE MAPS

Cárcel de Quatre Camins, una de las cárceles catalanas donde se han producido más agresiones / GOOGLE MAPS

La cárcel desde TikTok

Uno de esos jóvenes presos no ha tenido ningún tipo de pudor en mostrar a través de TikTok su día a día en el centro penitenciario Quatre Camins, en la provincia de Barcelona. Condenado y de origen argelino, el preso acumula decenas de vídeos grabados desde el interior de la prisión, según ha podido constatar Metrópoli.

En sus vídeos enseña el interior de la celda, decorada con equipación deportiva --camisetas, pantalones, polos-- de la selección nacional de Argelia. En las paredes y sobre la cama se amontonan también prendas de ropa y bolsas de marcas como Prada, Lacoste o Adidas, una estampa alejada de la imagen tradicional del entorno penitenciario.

Fútbol y marihuana

Las grabaciones muestran también la euforia de los internos durante los partidos de fútbol, que siguen sin problemas desde sus celdas gracias a la televisión. Una práctica habitual en los centros penitenciarios catalanes.

Más preocupante resulta la presencia de drogas. En varios vídeos, grupos de amigos --que ya aparecían juntos en redes sociales antes y después de su paso por prisión-- aparecen fumando marihuana sin esconderse, posando ante la cámara en patios y pasillos.

Presos en Quatre Camins posando en el patio

Presos en Quatre Camins posando en el patio TIKTOK

Las imágenes suelen ir acompañadas de textos en árabe en los que reclaman la libertad, junto a emoticonos de cadenas rotas y palomas blancas.

Televisión en la celda: una práctica habitual

Más allá del perfil concreto al que Metrópoli ha tenido acceso, el caso ha reabierto el debate sobre la entrada masiva de móviles en los centros penitenciarios y la falta de herramientas legales para combatirlo.

Desde el sindicato FEPOL-SICAP aclaran que la presencia de una televisión en la celda no constituye ninguna irregularidad.

Según explican fuentes sindicales, prácticamente el 99% de los internos dispone de televisor, que puede adquirirse en el economato del centro o facilitarse por la propia administración en caso de no disponer de recursos. Solo en situaciones de aislamiento se retira este tipo de dispositivos.

El verdadero problema: móviles y redes sociales

Lo que sí resulta prohibido y preocupante, según los funcionarios, es la proliferación de teléfonos móviles dentro de las prisiones. “Al principio entraban móviles muy pequeños, comprados por 20 o 25 euros en internet. Ahora ya se están colando smartphones”, advierten desde FEPOL-SICAP.

Estos dispositivos permiten a los internos grabar vídeos, consumir drogas ante la cámara, comunicarse libremente con el exterior y difundir contenido en redes sociales. Una situación que, lejos de ser puntual, estaría ampliamente extendida en los centros penitenciarios.

Qué dice Justicia: controles y registros

Preguntado al respecto, desde el Departament de Justícia defienden que existen protocolos para prevenir la entrada y el uso de teléfonos móviles.

Según han explicado en declaraciones a Metrópoli, el Reglamento Penitenciario establece medidas de seguridad interior como la observación de los internos, recuentos, registros y requisas tanto de personas como de celdas y dependencias comunes.

En concreto, el artículo 68 del Reglamento Penitenciario prevé registros de ropa, pertenencias y espacios, así como cacheos personales.

Instrucciones internas

El Departament apunta que en casos concretos y justificados por razones de seguridad, y siempre con autorización del jefe de servicios, también se contempla el cacheo con desnudo integral cuando existan indicios de que el interno pueda ocultar objetos peligrosos o sustancias prohibidas.

Asimismo, la Generalitat recuerda que existen instrucciones internas que desarrollan esta normativa, como la Instrucción 2/2010, que regula los objetos autorizados, o la Circular 1/2008, sobre cacheos y aplicación de medios de control, incluidos los practicados a personas autorizadas a comunicar con los internos.

Sin embargo, la reiterada aparición de móviles y drogas en vídeos grabados desde el interior de las cárceles cuestiona la eficacia real de estos mecanismos de control.

Cómo entran los móviles en prisión

Los sindicatos penitenciarios insisten en que las cárceles no son espacios herméticos. Los teléfonos móviles acceden a los centros a través de permisos penitenciarios, salidas programadas, familiares durante las visitas o incluso mediante introducción corporal.

Es muy fácil que entre de todo”, resumen desde FEPOL-SICAP, que también alerta del uso de drones para introducir paquetes con móviles y droga, especialmente en centros como Brians.

Interior de la cárcel de Mas d'Enric / EUROPA PRESS

Interior de la cárcel de Mas d'Enric / EUROPA PRESS

Sanciones mínimas y normativa obsoleta

Justícia sostiene que la posesión de un teléfono móvil está tipificada como falta grave. El Reglamento Penitenciario considera infracción grave introducir, sacar o poseer en prisión objetos prohibidos por las normas de régimen interior.

Las sanciones previstas incluyen aislamiento en celda entre semana durante cinco días o más, la privación de permisos de salida por un máximo de dos meses, la limitación de las comunicaciones orales durante un mes o la retirada de paseos y actividades recreativas comunes.

No obstante, los funcionarios denuncian que estas sanciones resultan claramente insuficientes y poco disuasorias. “El riesgo de meter un móvil es mínimo: un parte y poco más. Les da igual”, lamentan desde FEPOL-SICAP.

Una normativa estatal sin actualización a la vista

El Departament de Justícia subraya que el régimen disciplinario vigente depende del Estado. La normativa está regulada por el Real Decreto 1201/1981, por lo que cualquier modificación no entra dentro de las competencias de la Generalitat.

Por este motivo, aseguran que no se prevé ninguna actualización normativa, a pesar de que el marco legal actual se diseñó en una época en la que los teléfonos móviles no existían.

La apuesta de futuro: inhibidores de telefonía

Como única medida de futuro, Justícia prevé desplegar entre 2026 y 2028, dentro del nuevo Pla Integral Penitenciari, sistemas de inhibición de telefonía móvil en las cárceles catalanas.

Estos sistemas bloquearán la señal de cobertura y neutralizarán las funcionalidades de los dispositivos no autorizados. La inhibición afectará a todos los terminales del centro, con la única excepción de los dispositivos de los cargos directivos.

Hasta entonces, los sindicatos advierten de que la imagen que se proyecta desde las prisiones --con internos grabando vídeos, consumiendo drogas y difundiendo su vida tras los muros-- seguirá evidenciando un problema estructural.

Un problema estructural

El caso de este interno de Quatre Camins no sería aislado, sino el escaparate público de una realidad conocida desde hace años por los trabajadores penitenciarios.

El acceso a móviles dentro de prisión supone, según alertan, un riesgo para la seguridad, facilita actividades ilícitas y deja en evidencia la falta de adaptación del sistema penitenciario a las nuevas tecnologías.

Desde los sindicatos reclaman una reforma urgente del régimen disciplinario, mayor control de accesos y medios suficientes para evitar que las cárceles se conviertan en espacios desde los que se opera con total impunidad hacia el exterior.