Interior de un supermercado en uan foto de archivo
Un restaurador, sobre la nueva moda entre oficinistas de comer en los supermercados: “Un restaurante no puede competir con menús a 7 euros”
El trabajador expresa su descontento con la competencia "desleal" de las grandes empresas con precios inalcanzables, cuyos clientes no valoran "el servicio a mesa"
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El panorama de la restauración en las grandes ciudades está viviendo un cambio de paradigma. Este cambio, amenaza con transformar los hábitos de consumo tradicionales.
Lo que antes era como un ritual --como los menús de los bares--, está siendo desplazado por una tendencia creciente: las secciones de comida "lista para llevar" de las grandes superficies.
En este sentido, un restaurador ha alzado la voz en el programa de RTVE Directo al Grano, para mostrar su contraposición a este modelo que asfixia a los pequeños negocios.
En sus palabras, la competencia de los supermercados es "desleal" en términos de costes, dejando a los restaurantes tradicionales en una posición de vulnerabilidad extrema frente a los gigantes del retail.
"Córners" de comida preparada
No es una novedad que las grandes cadenas de supermercados --como Mercadona o Lidl-- han apostado fuerte por sus secciones de platos preparados. Sin embargo, el fenómeno ha escalado hasta convertirse en la opción preferida de miles de oficinistas.
Por un precio que ronda los 7 euros, cualquier trabajador puede obtener un plato principal, bebida y, en ocasiones, postre o café.
"Un restaurante no puede competir con menús a esos precios", lamenta el restaurador, señalando que la estructura de costes de un local a pie de calle no permite ajustar los márgenes de esa manera sin comprometer la calidad o viabilidad del negocio.
Terraza de un local de restauración en el Raval
Crisis del menú del día
El menú del día está en peligro de extinción en las zonas de oficinas. Mientras que un restaurante medio debe cobrar entre 13 y 16 euros como mínimo, los supermercados aprovechan su economía de escala para reventar el mercado.
El hostelero, por su parte, advierte de que en esta situación, el cliente no es capaz de tener en cuenta "el valor añadido del servicio en mesa".
La terraza del restaurante Maggiorata de Barcelona
Cambio de hábitos
La inflación y el aumento del coste de la vida han sido los catalizadores definitivos. Muchos trabajadores aseguran que no pueden permitirse gastar 300 euros al mes en comer fuera, y ven en el supermercado una "salvación" para su bolsillo.
El problema, según denuncian desde el sector, es que este modelo de consumo fomenta una hostelería de bajo coste y reduce las opciones gastronómicas de calidad en los centros urbanos.
Para este restaurador, la respuesta es clara: si el consumidor no valora el esfuerzo de la hostelería tradicional frente a la producción industrial de los supermercados, el "menú del día" terminará siendo un recuerdo del pasado.