Alberto, dueño de la churrería Moja

Alberto, dueño de la churrería Moja SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Gastro

Alberto, el emprendedor que dejó su trabajo tras 20 años para montar una churrería: "Elegí Gràcia porque tiene espíritu para el pequeño comercio"

Su carrera en agencias de publicidad lo llevó a dirigir equipos creativos, campañas y estrategias de branding, pero su amor por la cocina siempre estuvo presente

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En pleno corazón de Gràcia, entre calles adoquinadas y plazas llenas de cafeterías y boutiques, se encuentra Moja, una churrería que combina "tradición, innovación y conciencia".

Detrás del proyecto está Alberto, un creativo con más de veinte años de experiencia en publicidad, que decidió dejar atrás la seguridad de su carrera para seguir su verdadera pasión: la gastronomía.

Churrería Moja

Churrería Moja SIMÓN SÁNCHEZ

Me apasiona mi trabajo, me encanta la parte de creatividad, la parte estética, todo lo que es dirección creativa, pero también tenía la vena de la comida, siempre me ha gustado mucho cocinar,” cuenta Alberto.

Nacido en Alicante, estudió diseño gráfico y trabajó en pequeños estudios antes de trasladarse a Barcelona para estudiar publicidad y relaciones públicas en la Universidad de Vic.

Desde antes de terminar la carrera, ya trabajaba como director de arte en agencias de publicidad, y fue allí donde desarrolló su gusto por el branding y la estética, habilidades que más tarde aplicaría a su propio negocio.

Un toque familiar y dulce

La conexión de Alberto con la cocina viene de familia. “Mi familia es muy de postres, mi abuela era manchega. Lo freía todo: torrijas, churros, tortas. Todo, todo,” recuerda.

Crecer con esta tradición lo marcó: “La parte de la comida dulce y frita siempre la he tenido presente y he querido hacer algo con hostelería que mezclara mi parte creativa, mi parte de marketing y mi pasión por la comida”.

Fachada de la churrería Moja

Fachada de la churrería Moja SIMÓN SÁNCHEZ

Su primer acercamiento a emprender en hostelería fue hace tres años en Hong Kong, donde intentó montar un restaurante de hamburguesas con un toque español a través de los churros. “Teníamos todo: producto, packaging, marketing, cocina… pero por X razones no arrancó el proyecto. Me quedé con la espina de hacer algo relacionado con eso,” confiesa.

Fue entonces cuando decidió investigar cómo podía reinventar los churros y adaptarlos a las tendencias actuales de consumo.

Innovación y salud en cada churro

Yo toda la vida con mi familia los churros es como religión. En Alicante, los domingos, incluso en agosto a 40 grados, un día libre, te ibas a comer churros con chocolate caliente, sea la época que sea,” explica Alberto.

Con este recuerdo en mente, comenzó a preguntarse cómo podía ofrecer un producto más saludable y consciente: “La gente quiere cuidarse más, todo el mundo quiere mejor estética y salud, no solo por fuera sino también por dentro".

Interior de la churrería Moja

Interior de la churrería Moja SIMÓN SÁNCHEZ

El resultado es un churro con proceso prefrito en aceite de oliva de calidad, temperatura controlada para que no absorba exceso de aceite, y un paso de cocción y horneado especial que conserva el almidón resistente. “El churro se tiene que freír, tiene que explotar, con la alta temperatura y hacerse con esa textura crujiente, por dentro más suave,” aclara.

Además, la forma del churro se adaptó a la identidad de Moja: “Cambiamos la forma de estrella, nuestro logo tiene seis puntas en lugar de ocho. Hace que sea más crujiente y se cocine mejor.”

Del concepto a la realidad

Abrir Moja no fue un proceso rápido. “En este proyecto he hecho todo: producto, proveedores, plan financiero, plan de negocio. Todo, todo lo que es todo,” dice Alberto.

Además, continúa combinando su faceta de profesor universitario, dando clases de branding y creatividad mientras dirige la churrería. Reconoce que dejar la publicidad fue difícil: “La gente del trabajo me apoyaba a la par que me decía que es una locura", explica.

El primer año fue duro, con desafíos como local, licencias, personal y proveedores. “El verano pasado pusimos helados y granizados porque Barcelona no es muy churrera. Hay que adaptarse un poco a lo que viene,” explica.

Churrería Moja

Churrería Moja SIMÓN SÁNCHEZ

Pero la elección de Gràcia como ubicación fue clara: “Es el barrio que más me representa, tiene espíritu de pequeño comercio, es auténtico. Pese al turismo, aquí se valora el emprendimiento”.

Una propuesta consciente y sostenible

La filosofía de Moja va más allá de un producto delicioso. “Por eso nos llamamos churrería consciente, todo lo que hacemos es con conciencia de nuestro cuerpo, nuestra mente y la comunidad del planeta,” afirma. La propuesta incluye café de especialidad, salsas veganas, y un enfoque en sostenibilidad, con packaging reciclable y la intención de usar vasos reutilizables.

“Aquí se moja y aquí nos mojamos por lo que realmente importa en la vida. Nos mojamos por ofrecer producto de calidad, por los churros saludables, por la cultura, la música, por colaborar con artistas emergentes… Por todo lo que nos mueve en la vida", concluye Alberto.

Moja no es solo una churrería: es un espacio de innovación, comunidad y consciencia, donde la tradición se encuentra con la modernidad y cada detalle refleja la pasión de su creador.