Ferran Adrià posa para Metrópoli en la Feria Alimentaria / LUIS MIGUEL AÑÓN

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Gastro

Ferrán Adrià, chef: “A los 16 me fui de casa a trabajar y a los 22 era jefe del restaurante El Bulli"

El giro en su vida llegó con apenas 16 años tras cansarse de los estudios de administración, decidió que quería irse de vacaciones a Ibiza

Los ingenieros coinciden: “Para que no suba la factura con el aire acondicionado no hay que bajar la temperatura, sino buscar estabilidad”

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Ferran Adrià llegó a los fogones por casualidad. “Yo fui cocinero por accidente, no era vocacional”. El número 1 de la cocina fue criado en el barrio de Santa Eulalia, en L'Hospitalet, dentro de una familia trabajadora y soñaba con ser como Johan Cruyff.

El giro decisivo ocurrió a los 16 años cuando, tras cansarse de los estudios de administración, decidió que quería irse de vacaciones a Ibiza. Sus padres, en un acto de pragmatismo, le indicaron que debía costearse el viaje él mismo, lo que le impulsó a dejar el hogar familiar para buscar su primer empleo.

Gracias a un amigo de su padre, consiguió trabajo en el Hotel Palas Fels en Castelldefels, marcando la primera vez que entraba en una cocina profesional. En este entorno comenzó desde los niveles más básicos, realizando tareas como fregar platos, sin sospechar que la necesidad de financiar un verano en las Baleares se convertiría en el punto de partida de una carrera vertiginosa.

En un periodo de apenas cuatro años, aquel joven que prefería el balón a los fogones pasó de sus primeras experiencias laborales a tomar las riendas del restaurante que redefiniría la gastronomía mundial.

De este modo, con solo 22 años, ya era el jefe de cocina de El Bulli, consolidando una transición rapidísima desde el anonimato de la periferia barcelonesa hasta el liderazgo del que sería uno de los mejores restaurantes de España y del mundo.

El bulli, más que un simple restaurante

En un mundo con millones de restaurantes, apenas una decena se dedica a la innovación radical. “El bulli no era uno de los diez, era el número uno”, asegura Adrià. A través de este proyecto, el catalán y su equipo llevaron la creatividad culinaria a límites insospechados. “No es que fueras a comer, ibas a vivir una experiencia que te hacía reflexionar sobre lo que era la cocina”.

El impacto trascendió la gastronomía. Su libro más vendido no fue sobre técnicas de vanguardia, sino La comida de la familia, que recogía los menús que alimentaban al equipo del restaurante: traducido a 14 idiomas, vendió más de dos millones de ejemplares.

Lejos del estereotipo de estrella, Adrià asegura que lleva una vida sencilla. “No tengo coche, la ropa que llevo es normal, y cada tres años mi mujer me obliga a comprar algo nuevo. Mi único capricho son los restaurantes”.

Reconoce que cocinar cada día nunca fue lo que más le apasionó: “Yo descubrí que lo que me daba ilusión era crear. Utilizaba la cocina como lenguaje para innovar”.

Para el chef, el éxito se resume en tres pilares: calidad, gestión y actitud innovadora. Pero también en esfuerzo: “El secreto es darle duro. Cualquier persona con pasión, ilusión, esfuerzo, constancia y empatía puede conseguir lo mismo que yo”.

Y aunque reconoce que la alta cocina es inaccesible para la mayoría, sueña con que un menú de vanguardia algún día pueda costar 30 euros en lugar de 300.