Alitas de pollo

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Gastro

Los expertos coinciden: “Para que las alitas de pollo queden crujientes no uses mantequilla, se hacen con levadura química”

El componente principal de este éxito culinario es la incorporación de levadura en el rebozado seco

Un panadero avisa: “Para mantener el pan fresco más tiempo, no uses plástico, envuélvelo en una tela de algodón”

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El reconocido chef malagueño Dani García ha compartido un método revolucionario para lograr que las alitas de pollo adquieran una textura excepcional sin necesidad de pasar por la freidora de aceite.

Siguiendo la premisa de que "la magia la hace la levadura química", el cocinero ha logrado viralizar una técnica que promete resultados de alta cocina en casa. De hecho, el propio García se muestra tan satisfecho con el resultado final que confiesa con entusiasmo: "Me comería un kilo de estas".

El verdadero truco: la levadura química

El componente principal de este éxito culinario es la incorporación de levadura en el rebozado seco. Según explica el chef en YouTube, este es el "verdadero truco: la levadura química que ayuda a secar e hinchar la piel del pollo en el horno".

Esta reacción química es la que permite que, incluso sin sumergirlas en aceite hirviendo, la piel alcance ese punto de crocancia tan deseado por los comensales.

Antes de aplicar el ingrediente estrella, García recalca que la preparación previa es fundamental para que el truco funcione correctamente. El proceso comienza con una limpieza exhaustiva de la humedad, pues como afirma el cocinero: "Secamos muy bien las alitas de pollo. Este paso es clave para que luego queden crujientes".

Una vez secas, se deben mezclar con aceite de oliva y una combinación de ajo y cebolla en polvo, junto con harina de maíz y harina de trigo, creando la base perfecta para el horneado.

La técnica de cocción también es vital para activar las propiedades de la levadura y lograr la textura final. El chef recomienda un proceso de dos etapas en el horno con función Air Fryer o en una freidora de aire convencional, empezando a 225 grados.

Con este procedimiento, se busca que la piel reaccione de forma específica: "Así crea una pequeña burbuja y una rugosidad en la superficie que hace que la alita quede súper crujiente".

Tras 25 minutos, se les da la vuelta y se sube la temperatura a 245 grados por otros 15 minutos para un acabado perfecto.

El toque del limón

Para culminar la experiencia gastronómica, el plato se acompaña de una salsa innovadora de limón asado que realza los sabores.

Dani García destaca la importancia de tratar el cítrico de esta manera, asegurando que "un limón asado con un limón natural no tiene nada que ver". Al mezclar este zumo con yogur, mostaza y especias, se obtiene una "textura ideal para dipear" que sirve como el cierre ideal para estas alitas extra crujientes gracias a su secreto de levadura química.