Pollo asado

Pollo asado

Gastro

Los mejores cocineros coinciden: el pollo al horno perfecto no se hace con mantequilla, la clave es usar bien la sal

El resultado es un pollo tierno y jugoso, con una piel dorada y crujiente, acompañado de unas patatas fritas dignas de restaurante.

Los expertos coinciden: “Para que los calabacines queden más sabrosos y saludables no lo frías, usa caldo de pollo y 4 dientes de ajo”

Leer en Castellano
Publicada

Hay recetas que nunca fallan y que, de una forma u otra, siempre recuerdan a casa. Cuando llegan invitados, no sabemos qué cocinar o simplemente queremos disfrutar de un plato sabroso, el pollo asado con patatas fritas es una apuesta segura.

Una elaboración clásica, sencilla y familiar que, pese a su aparente facilidad, tiene algunos trucos para conseguir un resultado perfecto.

Uno de los aspectos fundamentales es lograr que el pollo quede jugoso por dentro y crujiente por fuera. Aunque existen diferentes técnicas, como sustituir el aceite por mantequilla para conseguir una piel más dorada, el chef Jordi Cruz señala otro ingrediente como protagonista: la sal.

El truco de Jordi Cruz

El cocinero catalán, jurado de MasterChef y reconocido con cinco estrellas Michelin, considera que la sal desempeña un papel esencial en el asado.

Para conseguir una carne sabrosa, recomienda dejar el pollo, de aproximadamente un kilo y medio, en adobo durante 12 horas o toda la noche, utilizando especias, hierbas aromáticas y aceite de oliva suave.

Antes de marinarlo, es importante sazonar bien el interior, ya que así los sabores penetran mejor en la carne. Después, se introduce medio limón junto con laurel y hierbas aromáticas y se ata el pollo para mantener su forma durante el horneado.

El método de cocción también resulta decisivo. El pollo debe colocarse con las pechugas hacia abajo durante los primeros 45 minutos a 185 ºC, protegiendo así la zona más delicada del ave y evitando que se reseque. A lo largo de la aproximadamente hora y media de cocción, conviene regarlo periódicamente con sus propios jugos y grasas.

Cuando quedan unos 30 minutos, se le da la vuelta y se incorpora un poco de vino rancio, que ayuda a potenciar el sabor y a conseguir una piel especialmente crujiente.

Para acompañar el pollo, Cruz apuesta por unas buenas patatas fritas, preferiblemente de variedades como agria o kennebec. Se cortan en bastones de aproximadamente un centímetro y se dejan en agua fría entre 30 minutos y una hora para eliminar el exceso de almidón. Después, hay que secarlas muy bien antes de freírlas.

La fritura se realiza en dos fases: primero a unos 160 ºC y posteriormente a 180 ºC, hasta que las patatas estén doradas y crujientes. En total, necesitarán alrededor de 20-25 minutos.

El resultado es un pollo tierno y jugoso, con una piel dorada y crujiente, acompañado de unas patatas fritas dignas de restaurante.