Segunda jornada de la regularización de inmigrantes en L' Hospitalet Hospitalet de Llobregat
L'Hospitalet, epicentro de la regularización del Gobierno en Catalunya: “Quiero estabilidad, tener derechos y cotizar en España”
El municipio ha atendido a más de 2.000 personas en su segunda jornada del proceso de regularización y prevé alcanzar hasta 27.000 solicitudes en las próximas semanas y meses, en un dispositivo municipal que se adapta a la alta demanda y que el Ayuntamiento asegura haber preparado con antelación
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Son las 9:00 horas de la mañana en La Farga, un recinto ferial de L’Hospitalet de Llobregat y la escena vuelve a desplegarse con una intensidad difícil de ignorar. Miles de personas se agolpan a las puertas del recinto habilitado, muchas de ellas con mochilas cargadas, bolsas de comida, termos de café y sillas plegables que evidencian una larga espera.
Segunda jornada del proceso de regularización de inmigrantes en L'Hospitalet
Algunos, recogen los cartones sobre los que han pasado la noche. Otros se incorporan lentamente, con el cuerpo rígido tras horas de frío y vigilia. Nadie quiere perder su sitio.
Segunda jornada de la regularización de inmigrantes en L' Hospitalet Hospitalet de Llobregat
La segunda mañana del proceso de regularización del Gobierno no ha reducido la afluencia, pero sí ha transformado el ambiente. Hay más orden, más previsión. La incertidumbre inicial ha dejado paso a una determinación colectiva: estar aquí es, para muchos, una oportunidad que no pueden dejar escapar.
Una noche en vela para empezar de nuevo
La cola no empezó esta mañana. Viene de mucho antes. Desde la madrugada, desde la noche anterior, desde años atrás.
“Llegué a las once de la noche”, explica Carlos Andrés, colombiano de 36 años, mientras se ajusta la sudadera. Trabaja en la construcción desde hace cuatro años, siempre sin contrato. “He hecho de todo: reformas, cargas, pintura… pero nunca he podido cotizar. Esto puede cambiarlo todo”. A su lado, una mochila desgastada y una carpeta con papeles perfectamente ordenados.
A pocos metros, Rosa María, de Honduras, cuenta que ha pasado la noche con otras dos mujeres. “Nos turnábamos para dormir un poco. No queríamos perder el turno”. Lleva seis años trabajando en servicio doméstico. “Siempre en negro. Siempre dependiendo de lo que te quieran pagar. Yo quiero estabilidad. Quiero tener derechos y cotizar en España ”, dice.
El cansancio es evidente, pero no paraliza. La fila avanza lentamente y cada paso se vive con atención, casi con tensión.
Datos que ponen dimensión a la espera
La magnitud del dispositivo empieza a tomar forma con cifras concretas. Según ha confirmado a Metrópoli Laura García Manota, segunda teniente de alcaldía y concejala de Derechos Sociales del Ayuntamiento de L’Hospitalet, durante la primera jornada se atendió a 1.942 personas.
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Para la jornada de hoy, el objetivo era alcanzar un máximo de 2.200 atenciones, una cifra que se ha logrado dentro de un operativo que, según detalla el Ayuntamiento, está preparado para adaptarse a la demanda diaria. “Es un dispositivo muy bien organizado, que se va ajustando día a día según las necesidades”, ha explicado. En cuanto al funcionamiento normal de otras gestiones administrativas, la teniente añade: "El objetivo también es que los demás servicios públicos no colapsen".
Desde el consistorio aseguran que la alta afluencia no ha sido una sorpresa. “Sabíamos que habría mucha gente y hemos podido prepararnos con tiempo”, ha señalado García Manota.
La previsión global es atender entre 25.000 y 27.000 personas a lo largo de las próximas semanas y meses que durará el proceso, lo que convierte a L'Hospitalet en el epicentro de la regularización en Catalunya.
Trabajar sin contrato, vivir sin garantías
Uno de los patrones que más se repite entre quienes esperan es el mismo: años trabajando en la economía sumergida. Sin contrato, sin cotización, sin red de seguridad.
“Yo llevo cinco años en la obra”, cuenta Luis Fernando, ecuatoriano. “He trabajado en edificios, en reformas, en todo. Pero siempre sin papeles”. Hace una pausa y añade: “Esto es lo que necesitamos. Poder cotizar, aportar, hacer las cosas bien”.
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Cerca de él, Daniela, peruana, relata una experiencia similar en el ámbito doméstico. “He cuidado personas mayores, he limpiado casas… pero nunca he tenido un contrato”. Cuando habla de la regularización, cambia el tono. “Esto me da ganas de seguir. De construir algo aquí de verdad”.
También José Manuel, salvadoreño, coincide en esa sensación. “He trabajado en negro desde que llegué. En almacenes, en mudanzas… lo que saliera”. Hoy, dice, siente algo distinto: “Esperanza. Porque por fin hay una opción real de mejorar”.
Reacciones a una ley esperada
La noticia de la regularización se ha propagado rápidamente entre comunidades enteras. Y con ella, una mezcla de incredulidad y emoción.
“Cuando me enteré, no me lo creía”, recuerda Mariana, boliviana. “Pensé que era otro rumor. Pero cuando lo confirmé, me puse a llorar”. Lleva cuatro años en España y asegura que este proceso puede cambiar su vida. “Es una oportunidad para empezar de cero, pero bien”.
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Andrés Felipe, colombiano, lo vivió de forma parecida. “Un amigo me mandó la noticia. Me dijo: ‘esto es para nosotros’”. Desde entonces, no ha dejado de moverse para reunir documentos. “Esto te da energía. Te hace pensar que vale la pena todo lo que has pasado”.
Las palabras que más se repiten son felicidad, esperanza, alivio. No como conceptos abstractos, sino como emociones concretas, visibles en los gestos, en las conversaciones, en la forma en que se aferran a esta oportunidad.
Años de vida y trabajo en el país
Entre los muchos acentos que se mezclan en la fila, hay uno que llama la atención por su fluidez inesperada.
Imran, de origen pakistaní, lleva más de tres años en L’Hospitalet. Cuando habla, lo hace en catalán. “He après aquí, amb la gent, treballant”, explica con naturalidad. Cuenta que ha trabajado en distintos empleos informales, siempre sin contrato.
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“Per mi això és molt important”, explica en catalán Imran, de origen pakistaní, mientras ajusta los papeles que lleva en la mano. Lleva más de tres años en L’Hospitalet y se expresa con fluidez en la lengua que ha aprendido en su día a día. “És un pas molt gran. Estic molt agraït a Espanya per això”, añade, mezclando después al castellano para subrayar la importancia del momento. Para él, como para muchos otros, la regularización no es solo un trámite administrativo, sino un reconocimiento a años de vida y trabajo en el país.
La fila como espacio de resistencia
A medida que avanza la mañana, la fila se convierte en algo más que una espera. Es un espacio donde se comparte información, comida, consejos. Donde se construye una comunidad temporal.
“¿Tienes este documento?”, pregunta alguien. “Aquí lo puedes sacar”, responde otro. Las conversaciones fluyen entre desconocidos que, por unas horas, comparten el mismo objetivo.
Una segunda mañana con otro tono
Si el primer día estuvo marcado por el desconcierto, esta segunda jornada ha tenido un ritmo distinto. Más organizado, más consciente. El dispositivo institucional funciona, pero también lo hace la red informal que se ha creado entre quienes esperan.
La fila sigue siendo larga. El cansancio sigue presente. Las dudas, también. Pero hay algo que ha cambiado: la percepción de que esta espera tiene sentido.
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Porque después de años "trabajando en la sombra", esta cola representa, para ellos, "algo más que un trámite". Representa la posibilidad de estabilizarse, de cotizar, de construir una vida con garantías.
Y eso, para quienes llevan tanto tiempo esperando, lo convierte en una mañana distinta. Aunque empiece, como siempre, antes de las 9:00 horas.