Jugadoras del CF Tramontana del barrio de La Mina

Jugadoras del CF Tramontana del barrio de La Mina SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Gran Barcelona

CF Tramontana, el club de fútbol de niñas gitanas que busca romper los prejuicios sobre La Mina: "Hemos roto barreras"

El proyecto impulsado por Toni Porto ha convertido el deporte en una "herramienta de educación e inclusión", ofreciendo a decenas de niñas un espacio donde crear comunidad y "desafiar los estereotipos"

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Las jugadoras del equipo femenino del CF Tramontana de La Mina, llegan poco a poco al entrenamiento. Antes de que el balón empiece a rodar, aprovechan para saludarse, ponerse al día y compartir los últimos minutos de conversación.

Algunas vienen del barrio; otras, como María, se desplazan desde Santa Coloma únicamente para entrenar. En unos minutos comenzará la sesión, pero el ambiente ya deja entrever que este lugar es mucho más que un campo de fútbol.

Mientras las niñas se preparan, Toni Porto observa la escena. Hace veinticinco años decidió fundar el Club de Fútbol Tramontana con una idea muy concreta. "Yo fui el que fundé este club con una intención de sacar a los chavales de la calle", recuerda.

Corría el año 2000 y veía cómo muchos niños del barrio no tenían la oportunidad de jugar al fútbol. "Veía chavales, amigos de mis hijos, que se quedaban un poquillo como diciendo: 'Manuel y José se van a jugar y nosotros no tenemos esa oportunidad'. Entonces decidí montar este club", explica a Metrópoli.

CF Tramontana del barrio de La Mina

CF Tramontana del barrio de La Mina SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Un proyecto que nació para ofrecer oportunidades

El camino no fue fácil: "Tuve dos años de papeleo para montar el club, me vi solo. Empezamos con 14 niños y hoy tenemos todas las categorías", asegura. Dos décadas y media después, el proyecto reúne a más de doscientos niños y niñas y se ha convertido en una referencia dentro de La Mina.

CF Tramontana del barrio de La Mina

CF Tramontana del barrio de La Mina SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Sin embargo, Porto insiste en que el objetivo nunca fue únicamente deportivo: "Nuestra intención es enseñar una buena educación por medio del deporte, que tengan valores, que traten con otros chavales de fuera y que tengan comunicación con otros niños que no son de aquí".

Mucho más que un entrenamiento

El entrenamiento comienza y las jugadoras escuchan las indicaciones de Miguel, su entrenador. Lleva con ellas desde que nació el equipo femenino, hace dos años y medio, y asegura que trabajar con ellas supone mucho más que preparar partidos: "Para mí es un orgullo entrenar a estas niñas. Vienen aquí con muchas ganas, mucha ilusión. Esto no es solo fútbol, al final es una disciplina".

CF Tramontana del barrio de La Mina

CF Tramontana del barrio de La Mina SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Miguel cree que el deporte les aporta hábitos que van más allá del césped. Cuando piensa en el futuro, lo hace con ambición: "En diez años no veo a ninguna aquí. Las veo triunfando en un equipo de Primera División".

Un lugar donde hacer amigas

Entre ejercicio y ejercicio, las propias jugadoras explican qué encuentran cada semana cuando cruzan la puerta del campo. Para algunas, el fútbol siempre había sido una ilusión. "Desde pequeñas nos gustaba el fútbol", cuentan dos de ellas, que decidieron apuntarse porque uno de sus hermanos ya jugaba en el club.

María llegó desde Santa Coloma después de que una prima le hablara del equipo. "Me dijo que había un equipo de niñas de mi edad, vine a probar y me gustó mucho", cuenta. Cuando llegó apenas conocía a nadie y con el tiempo encontró algo más que un equipo: "Nos damos confianza entre nosotras cuando jugamos, nos decimos las cosas que no entendemos".

Crecer juntas

Otras reconocen que el fútbol también las ha ayudado a crecer. "Soy más responsable, más independiente", explica una de ellas. Otra asegura que ahora tiene "más confianza" y que ha aprendido "muchas cosas".

Jugadoras del CF Tramontana del barrio de La Mina

Jugadoras del CF Tramontana del barrio de La Mina SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Cuando se les pregunta qué es lo mejor de entrenar, ninguna habla de ganar partidos ni de marcar goles. "Los partidos, estar con nuestras amigas, hablar, contarnos cosas y entrenar también", responden.

Un club que acompaña

Judith, delegada del equipo, observa el entrenamiento desde la banda. Además de encargarse de cuestiones organizativas, acompaña a las jugadoras cuando necesitan algo más. "Si alguna niña se hace daño en el campo salgo, y si necesitan apoyo emocional también les intento ayudar, al final soy una referente para ellas", explica orgullosa.

Su vinculación con el fútbol viene de familia: "Mi padre siempre estuvo dedicado al fútbol y fue mi referente". Por eso no dudó en sumarse al proyecto cuando nació el equipo femenino. Para Judith, el mayor logro es claro: "Forman una gran familia entre ellas".

Romper los prejuicios

Hace unos cuatro años, Toni decidió dar un paso que muchos no entendían: crear un equipo femenino formado por chicas de etnia gitana. Ni siquiera dentro del club encontró apoyo al principio.

Él decidió intentarlo igualmente. Habló con las chicas y les ofreció la posibilidad de formar un equipo federado. "Creíamos que era el primer equipo en toda Catalunya y resulta que creo somos el primero de toda Europa". Para él, el mayor logro es otro: "Hemos roto barreras". Aunque según asegura "todavía queda mucho por hacer".

Otra mirada sobre La Mina

Ese paso también obligó al club a enfrentarse a muchos prejuicios. "Fuera del barrio nos decían: 'Tened cuidado con las niñas, con los bolsos, con los vestuarios'". Unas afirmaciones que, reconoce, "hacían mucho daño al equipo y al club".

Toni, fundador del CF Tramontana del barrio de La Mina

Toni, fundador del CF Tramontana del barrio de La Mina SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Judith también cree que esa imagen todavía pesa. "La gente escucha La Mina y dice: 'Uy, La Mina'. Pues están muy equivocados". Si alguien le pidiera conocer el barrio, lo tendría claro: "Me la llevaría aquí para que vea que no es como tanto lo pintan".

Mientras el entrenamiento llega a su fin, Toni recuerda una imagen que resume el espíritu del club: "Han venido niños a apuntarse con el dedo fuera del pie y les hemos comprado botas". Ver cómo uno de ellos "iba corriendo y se iba mirando los pies con las botas nuevas" sigue emocionándole.

Después de veinticinco años, sigue convencido de que el éxito no se mide en los resultados: "De 14 niños que éramos, somos más de 200. El éxito es que los niños cada vez estén más contentos".