Safaa, boxeadora amateur del Carmel, Barcelona

Safaa, boxeadora amateur del Carmel, Barcelona SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

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Safaa, la boxeadora del Carmel que encontró en el boxeo un giro de vida: "Estaba entre irme al vacío o recular"

La joven de 26 años combina la competición con un proyecto comunitario donde imparte clases de boxeo a mujeres y jóvenes en situación de vulnerabilidad transformando el deporte en un espacio de apoyo y disciplina

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A las diez y media de la mañana, la sala del centro cívico Casa Groga, en Sant Genís dels Agudells, ya está en marcha. Las mujeres llegan poco a poco, dejan las mochilas en una esquina y empiezan a colocarse las vendas mientras conversan entre ellas.

Algunas conocen la rutina de memoria y se mueven por la sala con la naturalidad de quien lleva tiempo formando parte del grupo. Otras observan primero, toman posiciones y necesitan unos minutos para ubicarse. No hay rastro de la dureza que muchas veces se asocia al boxeo.

Un ambiente familiar

El ambiente es cercano, casi familiar. Se cruzan saludos, risas y pequeñas explicaciones mientras empiezan a aparecer los guantes. El grupo es diverso en edades y trayectorias, pero todas parecen compartir algo: han encontrado aquí un lugar al que volver cada semana.

Safaa, boxeadora amateur impartiendo clases

Safaa, boxeadora amateur impartiendo clases SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Entre ellas se mueve Safaa. Organiza la sesión, corrige movimientos y se detiene a hablar con cada participante. Tiene 26 años, es del Carmel y hoy compagina su carrera como boxeadora amateur con el trabajo que ha construido alrededor de estas clases. Su presencia aquí, sin embargo, es el resultado de un camino mucho más largo.

“Siempre he tenido muchísimos problemas desde pequeña”, recuerda en conversación con Metrópoli.

Habla de una infancia marcada por los conflictos constantes, la impulsividad y la sensación de no encajar en ningún sitio. “Buscaba llamar mucho la atención”, resume ahora.

Una infancia marcada por la sensación de no pertenecer

Safaa creció en el Carmel, hija de padres marroquíes que llegaron a Barcelona en los años ochenta y construyeron su vida en el barrio.

Ella también ha estado siempre ligada a estas calles, aunque durante mucho tiempo eso no se tradujo en una sensación de pertenencia. En el colegio acumulaba conflictos, malas notas y problemas que parecían repetirse una y otra vez.

Una de las clases de Safaa, boxeadora amateur

Una de las clases de Safaa, boxeadora amateur SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Con los años ha intentado entender qué había detrás de aquella forma de relacionarse con el mundo y de ocupar los espacios.

Lo explica como una necesidad constante de ser vista y reconocida. “Nunca he encajado en ningún sitio”, admite. Una frase que atraviesa buena parte de su adolescencia. Ni en el colegio ni en otros entornos sociales encontraba un lugar que sintiera realmente suyo.

El deporte como punto de inflexión

Sus padres intentaron canalizar aquella energía a través del deporte. Pasó años practicando natación y probó otras actividades, pero ninguna terminaba de engancharla.

Mientras tanto, fuera de casa, el contexto tampoco ayudaba a estabilizar una etapa especialmente complicada. Safaa recuerda aquellos años como una línea muy fina entre dos caminos posibles.

Safaa, boxeadora amateur colocando las vendas a una de sus alumnas

Safaa, boxeadora amateur colocando las vendas a una de sus alumnas SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

“Tenía como dos opciones: irme al vacío o recular”, explica. Fue entonces cuando apareció el deporte de contacto.

Con apenas doce años entró por primera vez en una clase de muay thai. Todavía recuerda la sensación de vergüenza de aquellos primeros días, sin saber muy bien cómo moverse dentro de una sala llena de personas mayores que ella.

“Me ponía atrás de la clase y pensaba: ahora qué hago”, cuenta.

Pero algo cambió rápidamente en aquel entorno, algo que no había encontrado hasta entonces en ningún otro lugar.

El lugar donde empezó a encajar

Con el tiempo llegó el boxeo y, con él, una sensación completamente nueva. Ya no se trataba únicamente de aprender técnica o de mejorar físicamente, sino de descubrir un espacio donde todo lo que ocurría fuera del gimnasio parecía pesar un poco menos.

“El deporte es una manera de unirnos. Allí cada uno va con lo suyo, pero al final estamos todos juntos”, explica. Por primera vez dejó de sentirse fuera de lugar para empezar a formar parte de algo.

Hoy, mirando atrás, no tiene dudas sobre lo que significó aquel cambio ni sobre lo que habría sido de su vida si el boxeo no se hubiera cruzado en su camino. “Estaría en la cárcel”, dice con franqueza.

Un proyecto que empezó sin expectativas

Las clases para mujeres llegaron casi por casualidad. Safaa trabajaba como educadora social en centros abiertos y recursos para jóvenes cuando se quedó sin empleo. Fue entonces cuando una vecina del barrio le propuso empezar a impartir entrenamientos.

Una de las clases de boxeo para mujeres de Safaa

Una de las clases de boxeo para mujeres de Safaa SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Aceptó sin demasiadas expectativas. Imaginaba un grupo pequeño, quizá tres o cuatro mujeres y una actividad casi experimental. La realidad fue otra.

“Entré a clase y vi 25 mujeres”, recuerda. Aquel día fue el inicio de un proyecto que con el tiempo se ha consolidado en el barrio.

Un espacio pensado para ellas

Las sesiones de los viernes por la mañana están dirigidas exclusivamente a mujeres. Muchas llegan buscando un lugar donde poder entrenar sin sentirse observadas ni condicionadas por miradas externas. Otras han llegado derivadas de servicios sociales o de programas comunitarios.

Safaa conoce bien la diversidad de situaciones que se esconden detrás de cada historia. También entiende la importancia de crear un espacio donde todas puedan convivir sin juicios ni presiones añadidas.

Aquí el boxeo no es únicamente ejercicio físico ni aprendizaje técnico.

Es también una manera de generar confianza, compartir tiempo y construir una rutina que, en muchos casos, acaba convirtiéndose en un punto de apoyo.

Golpear para liberar lo que pesa

En algunos momentos de la sesión, Safaa introduce ejercicios que van más allá del entrenamiento.

Pide a las participantes que piensen en algo que les preocupe, en una situación que les genere malestar o en una emoción que necesiten sacar fuera. Después empiezan a golpear el saco. “Aquí hacemos un poco de terapia”, explica.

Una de las alumnas de Safaa

Una de las alumnas de Safaa SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

No lo dice en un sentido clínico, sino como una forma de canalizar emociones que muchas veces no encuentran salida por otros caminos. “Mucha gente acaba pegando y llorando”, reconoce.

No porque el ejercicio sea una solución por sí mismo, sino porque a veces el cuerpo consigue expresar aquello que las palabras no alcanzan a explicar.

Los jóvenes del barrio y el reflejo de su propia historia

Además de estas clases, Safaa trabaja con jóvenes del barrio que no pueden permitirse pagar un gimnasio. Son chicos y chicas con realidades muy distintas, aunque muchos comparten una misma sensación: la de no encontrar su sitio.

Cuando los mira, reconoce partes de sí misma. La impulsividad, la falta de referentes o la necesidad de pertenecer a algo. “Son el mismo chaval que me recuerda cuando era pequeña”, dice.

Y es precisamente en esa identificación donde encuentra una parte importante del sentido de su trabajo.

Para ella, el deporte no es una solución mágica, pero sí una herramienta capaz de marcar diferencias reales en determinados momentos de la vida.

Entre la competición y el desgaste

Safaa continúa compitiendo como boxeadora amateur y sueña con dar el salto al profesionalismo. Pero tampoco esconde el desgaste que implica competir, tanto física como mentalmente.

Una de las clases de Safaa para mujeres

Una de las clases de Safaa para mujeres SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

La exigencia del peso, la disciplina constante y la presión forman parte de su día a día. Todo ello convive con su otra faceta, la de entrenadora y educadora.

Un gimnasio diferente

Hay una idea que aparece una y otra vez cuando habla del futuro. La posibilidad de abrir su propio gimnasio.

No se imagina un espacio convencional, sino un lugar donde el deporte y la educación social convivan de forma natural. Un entorno donde las mujeres tengan un espacio seguro y donde los jóvenes del barrio puedan encontrar oportunidades reales.

Algo parecido, en el fondo, a lo que ella misma necesitó en su momento.

Lo que el boxeo significa

La clase continúa entre indicaciones, golpes al saco y correcciones técnicas. En medio de ese movimiento constante, Safaa resume su relación con el deporte en una frase que condensa buena parte de su historia.

“El boxeo salva vidas”, afirma. No lo dice como un eslogan ni como una consigna vacía, sino desde la experiencia de quien encontró en un gimnasio un lugar donde dejar de sentirse perdida y que ahora intenta que otras personas puedan encontrar lo mismo.